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El escurridizo apoyo de la nueva clase media emergente

por 25 mayo 2010

El escurridizo apoyo de la nueva clase media emergente
Piñera hoy, respecto de la misma encuesta de Octubre de 2009, representa en un 20,5% más a los grandes empresarios y en un 12,1% más a la Iglesia Católica. A su vez, aparece representando un 4,6% menos a las mujeres que trabajan remuneradamente; en un 8,4% menos a las dueñas de casa; y en un 10,2% menos a las nanas (empleadas de servicio doméstico).

Hay quienes sostienen que el deseo de renovación de la política incidió decisivamente en el resultado de la última elección presidencial.

Por una parte, se habla del desgaste político de la Concertación, sus líderes y prácticas. Y, por otra, del papel que cumplieron los votantes de un nuevo grupo socio-económico de clase media que emergió producto de políticas efectivas de la Concertación, compuesto principalmente por personas de entre 30 y 50 años, con educación media completa, relativamente de mayor poder adquisitivo y menor filiación religiosa que otros grupos, con mujeres laboralmente activas y muchos de ellos con hijos en edad escolar o universitaria. Se trataría de un grupo cercano al ideal del emprendimiento, que aspira a la protección social para conservar niveles de bienestar alcanzados más que para subsistir,  que descree del paternalismo y que no profesa lealtad hacia la Concertación ni  al sistema político.

De allí que Giro País haya sido crítico de la campaña de Frei y, a pesar de su identificación con la Concertación, haya visto con buenos ojos la lectura que la campaña presidencial de la Alianza hizo de la realidad política.

Si ello es así, como los datos parecen indicar, estamos frente a un escenario político que, al menos en ciernes, costará cada vez más administrar y representar desde las estructuras, partidos, prácticas políticas y por medio de los líderes tradicionales. De allí que Giro País haya sido crítico de la campaña de Frei y, a pesar de su identificación con la Concertación, haya visto con buenos ojos la lectura que la campaña presidencial de la Alianza hizo de la realidad política nacional. Piñera leyó correctamente y apostó con éxito a cautivar al sector del electorado a que nos referimos.  Triunfó o incrementó la votación tradicional de derecha en comunas emergentes como La Florida, Maipú, Chiguayante, y otras. Está por verse, sin embargo, si logrará mantenerlos. Con la misma facilidad que este sector pudo volcarse hacia su campaña ante el ofrecimiento de renovación –espacios de emprendimiento, recambio y nuevos líderes, nuevas y mejores instituciones- puede abandonarlo, si dichas promesas resultan incumplidas.

La encuesta de Giro País – Subjetiva dada a conocer la semana pasada, sugiere que este sector del electorado puede estar percibiendo “la nueva forma de gobernar” como más de lo mismo. Más allá del terremoto, o quizás precisamente a propósito del terremoto,  la percepción de los encuestados (805 encuestas presenciales en la Región Metropolitana) es que Piñera hoy, respecto de la misma encuesta de Octubre de 2009, representa en un 20,5% más a los grandes empresarios y en un 12,1% más a la Iglesia Católica. A su vez, aparece representando un 4,6% menos a las mujeres que trabajan remuneradamente; en un 8,4% menos a las dueñas de casa; y en un 10,2% menos a las nanas (empleadas de servicio doméstico).

Estos no deben ser datos tranquilizadores para el gobierno. Si quiere mantener el apoyo de buena parte de la clase media, la nueva clase media, que demanda renovación, laicisismo y pluralidad, nuevas y mejores instituciones, debe ser fiel a los énfasis de su campaña. La encuesta de Giro País demuestra que la renovación, así entendida, es todavía una pregunta abierta. Será interesante ver lo que dice sobre ella la cuenta pública del 21 de mayo pasado.

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