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Piñera contra la escuela

por 27 mayo 2010

Piñera contra la escuela
La violencia contra la escuela es aquella que termina por transformarla definitivamente en una máquina de producción de capital humano, y más encima barata, al menor costo buscando el mayor beneficio, pues la subvención que se doblará de aquí a años luz no es más que otro verso retorcido de Arjona.

Casi desde sus inicios en los 90, los psicólogos y sociólogos de la raigambre más dura criminológica –y hasta el día de hoy- han insistido que la violencia escolar en verdad se reduce a un problema entre individuos al interior de un contexto pedagógico educativo. La violencia que ahí se produce no es otra que una violencia EN la escuela, nos afirman.

Sin embargo, Foucault, Bourdieu y Dubet –tres de los nombres más conocidos en este punto- han insistido y demostrado que la violencia en contextos pedagógicos también puede ser concebida como violencia DE la escuela. Cuando la escuela hace una promesa que no cumple a sus actores, una promesa de progreso, desarrollo, integración y un largo etc., se produce la llamada violencia simbólica, que no es otra que cosa que el entramado de malestar y frustración aprendida (una especie de crónica anunciada) que los estudiantes sufren apenas toman conciencia que viven en una mentira que los adultos asumen llenos esperanza, todo ello en la escuela.

Lo nuevo es esta verdadera violencia CONTRA la escuela que se expresa en los recientes anuncios del presidente Piñera. Y es preocupante.

Lo que escuchamos el 21 de Mayo fue otro espolonazo más a esta pobre corbeta llamada educación chilena.

No es tan insufrible escuchar a nuestro Arjona del discurso político (pues finalmente es problema de Piñera y sus asesores ese estilo discursivo) o al ballet de declaraciones que le siguen. La Concertación hacía lo mismo y podía ser igual de entretenido y jocoso.

Lo verdaderamente insufrible es toda esa mitología voluntarista y constructivista que implica el liberalismo radical y ortodoxo de la derecha chilena. Ese olvido que tienen de que una sociedad integrada se construye mediante el contrato (pacto) que no escamotea los conflictos, sino que los asume racional y argumentativamente.

Lo que escuchamos el 21 de Mayo fue otro espolonazo más a esta pobre corbeta llamada educación chilena.

No. Para ellos la competencia en educación significa una respuesta sagrada. Hoy le vamos a entregar una cartilla a los padres para que comprueben que el “voucher” que tienen en su poder (en verdad no lo tienen) está bien o mal usado para que las escuelas entre ellas compitan hasta eliminar “naturalmente” a la peor (como si el sistema de “voucher” fuera el mismo que en USA donde este método de “parent behavior and yardstick competition” funciona y del cual somos una triste copia ya desde los 80). Hoy crearemos “liceos de excelencia” para aumentar más esa competición. Hoy le vamos a doblar el bono a esos profesores que, precisamente en esos “liceos de excelencia”, logren altos puntajes en las pruebas estandarizadas. Hoy los pondremos a competir con misioneros del Servicio País que creen que enseñar se reduce a una cosa de saber más o menos de una disciplina.

¿Mañana? Que los padres reciban una cartilla con la información de los resultados en pruebas estandarizadas de todo el curso de su hijo, para que sepa si tendrá o no éxito, para que lo estimule a competir contra sus iguales. Y eso es lo preocupante.

La violencia CONTRA la escuela es aquella que termina por transformarla definitivamente en una máquina de producción de capital humano, y más encima barata, al menor costo buscando el mayor beneficio, pues la subvención que se doblará de aquí a años luz no es más que otro verso retorcido de Arjona.

Lo que preocupa de esta violencia CONTRA la escuela es precisamente el estudiante (y su familia) que pierde y siempre pierde. El que se asume ya desde el fracaso y que por esta competición no tendrá más excusa que la de asumir que no tiene méritos. Porque la mitología del mérito es tan violenta como la de la desigualdad de ingresos que determina la desigualdad de estándar de calidad en educación. “Tu escuela no supo competir; tu profesores tampoco; y tú, menos”.

Seguramente, bajo la óptica criminológica que hoy impera en política educacional, ese estudiante que pierde y siempre pierde ya fue pensado como aquel que jugará futbol hasta las ocho de la noche en esos liceos de y en contextos vulnerables, que dicho sea de paso, ya sabemos dónde están: son 120 y reales (no 50 irreales) llamados “liceos prioritarios” para los cuales, no es necesario ser adivino, ahora no hay recursos pues ya fueron “reorientados”.

Violencia CONTRA la escuela es asumirla a priori violenta, culpando a los estudiantes de no cumplir con sus deberes y amedrentándolos a cumplirlos so pena de sanciones duras. Por algo el liberalismo es al fin y al cabo heredero de una concepción calnivista de la moral que nada tiene que envidiarle a los que colocan, incluyendo a nuestro Ministro, a la PDI, Carabineros y a la Fiscalía Nacional como sabuesos de caza contra los acosadores escolares. Lo cierto es que si comparamos nuestra violencia escolar con la violencia de los países del resto del orbe OCDE, tenemos básicamente los mismos promedios de victimización.

Y, finalmente, el escándalo de toda esta violencia “en”, “de” y “contra” la escuela -más que un presidente Arjona o un Ministro policial- es que ocurre en un contexto democrático que torpedea las bases mismas de todas nuestras creencias, también, democráticas.

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