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El gran desafío eurolatinoamericano

por 30 mayo 2010

Visto en clave estratégica, más allá de importantes compromisos concretos, acuerdos comerciales suscritos, relanzamiento de negociaciones y programas de cooperación reforzados, lo más destacable de la reciente VI Cumbre Unión Europea-América latina y el Caribe celebrada en Madrid, es el consenso alcanzado en el terreno político, pues en definitiva las crisis financieras, ambientales o de seguridad globales derivan de debilidades políticas.

En cuanto a la línea de continuidad de la llamada “asociación estratégica” iniciada hace diez años, la reciente Cumbre cumplió sus objetivos, y se ha logrado dar una mayor concreción a los propósitos acordados hace dos años en la Cumbre de Lima.

Pero lo que deseo destacar es que en esta Cumbre hubo un acuerdo total sobre la necesidad de entrar conjuntamente en el diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial, una nueva arquitectura financiera, regulaciones globales para frenar la especulación, y aumentar la cooperación para enfrentar el cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, las migraciones, la seguridad, el comercio, etc.

El propósito no es nuevo, pero la determinación y la voluntad política esta vez, a mi juicio, lo son, ya que las orejas del lobo del caos global están hoy muy visibles en Europa y no desaparecen, y en América latina, si bien la última crisis financiera fue sorteada mejor, la región no está libre de nuevos contagios. Y porque (¡Oh descubrimiento!) juntos tenemos la capacidad de condicionar las decisiones globales pues unidos somos prácticamente la mitad, y el grupo más cohesionado del G-20, un cuarto del PIB y un tercio del comercio mundial, 1.000 millones de personas, y, en clave de futuro, tenemos las mayores reservas de recursos naturales y a la vez la capacidad tecnológica para utilizarlos debidamente.

Está por verse si la voluntad política es capaz de vencer el cortoplacismo y la inmediatez, como exige para Europa el filósofo alemán Habermas en un reciente artículo.

En el plenario, durante el debate general de los presidentes, Zarkosi y Lula insistieron con firmeza en que las decisiones hay que ponerlas en práctica de una vez por todas, sincerando y poniendo al día las agendas y los instrumentos, expresando al más alto nivel esta voluntad política en los organismos multilaterales, en Naciones Unidas, en el G-20 y las instancias de integración.

Considerando lo expresado por los presidentes en el debate a puertas cerradas en el plenario de la Cumbre, a partir de ahora, y dada la actual coyuntura internacional que nos deja ver una amenazadora crisis sistémica, América latina y la UE no tienen excusas para dejar de abordar en conjunto los desafíos globales presentes y futuros.

Creo que de verdad entramos en una nueva etapa. Si la vamos concretando, no será sólo en beneficio mutuo, sino, en una mirada más amplia, será también un aporte a los equilibrios globales con los Estados Unidos y el Asia.

Está por verse si la voluntad política es capaz de vencer el cortoplacismo y la inmediatez, como exige para Europa el filósofo alemán Habermas en un reciente artículo, y que se puede extrapolar para todo el mundo. La Unión Europea suma dificultades, pues a la aún no suficientemente afiatada ampliación y en los inicios de  una nueva estructura institucional derivada del Tratado de Lisboa, que está por probarse, añade crisis financieras, de competitividad, de inserción global y de profundidad democrática en las decisiones. Por su parte, América latina sufre ciertas fracturas y disensos de sentido, de modelo y de agenda, junto a una errática y disfuncional arquitectura institucional de la integración. Esta realidad que aqueja a cada región en lo suyo, puede ser, o una barrera infranqueable para cumplir el compromiso de Madrid, o bien el acicate definitivo que faltaba para ir adelante. El dilema requiere de una decisión política, que al menos en el discurso, existe. Ante tamaño desafío eurolatinoamericano, los ciudadanos iremos viendo, aportando y exigiendo. También lo harán los parlamentarios de ambas regiones unidos en la Asamblea Eurolat.

Esperemos que no se cumpla la sentencia que dice que el hombre nunca está a la altura de su retórica.

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