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Liceos de Excelencia: quiénes ganan y quiénes pierden

por 31 mayo 2010

El pasado 21 de Mayo, el Presidente Piñera reinstaló en la agenda las propuesta de crear 50 “liceos de excelencia” en el país. De acuerdo al Programa de Gobierno, esta medida busca favorecer “la movilidad social y la verdadera igualdad de oportunidades en la educación”. La (escasa) información disponible sólo permite inferir que se buscará replicar el modelo del Instituto Nacional. Esto es un liceo municipal, “emblemático”, con un alto nivel de selectividad y altísima exigencia académica. Si bien esta medida favorecerá a algunos, perjudicará a muchos otros y no contribuirá a fortalecer la Educación Pública. Quisiera presentar sólo algunos de sus nudos críticos

En primer lugar, ¿cuáles serán los criterios para definir y “medir” la excelencia?, ¿sólo SIMCE o PSU?, ¿se incluirán también indicadores de integración social o de equidad? Asociar calidad sólo al resultado de pruebas estandarizadas envuelve un riesgo de reduccionismo importante. No significa desechar estos indicadores, sino entender que ellos muestran sólo una parte de la calidad educativa y que ésta se define también por su capacidad de promover ciudadanía, integración social y equidad. En este sentido, un sistema que discrimina y reúne sólo a quienes son semejantes entre sí, no va precisamente por esta vía.

En segundo lugar, ¿cuáles serán los criterios para seleccionar estos liceos?, ¿con qué criterios se definirá su ubicación?, ¿sólo en las capitales regionales o provinciales?, ¿en qué barrios de las ciudades más grandes?, ¿qué pasará con los sectores más aislados geográfica o socialmente? En un sistema tan segmentado como el nuestro, la formalización de una “nómina de los 50”, vendrá a legitimar y reforzar la ya existente clasificación de hecho de liceos más o menos prestigiados dentro de cada comuna o ciudad y la cultura de la clasificación y la segregación por rendimientos.

La idea que el talento es una cualidad innata, que poseen algunos que fueron dotados por la naturaleza, desconoce todos los elementos culturales, sociales y emocionales que están implicados en el aprendizaje.

En tercer lugar, ¿quienes asistirán a estos liceos?, ¿con qué criterios seleccionarán a sus estudiantes? Si bien la aspiración de dar oportunidades a aquellos jóvenes pobres destacados es poco discutible, sí lo son las ideas que sustentan la lógica de la selectividad implícita en esta medida, tales como las nociones de “mérito” o “talento”. Si observamos con detención, veremos que aquellos jóvenes meritorios, son aquellos que provienen de familias con mejores capitales socio-culturales, aunque sin recursos económicos. Entonces se les premia por un azar y se castiga a quienes no tuvieron la misma suerte. Así mismo la idea que el talento es una cualidad innata, que poseen algunos que fueron dotados por la naturaleza, desconoce todos los elementos culturales, sociales y emocionales que están implicados en el aprendizaje y el desarrollo de ciertas competencias.

Entonces, ¿quiénes ganan y quiénes pierden con esta medida? Ganarán, por cierto, aquellos jóvenes con escasos recursos económicos, pero con otros capitales, que son quienes hoy ya destacan en sus liceos. Pero perderá esa mayoría que no posee ni los recursos financieros ni los socio- culturales que les son requeridos para acceder a una educación de calidad y que son los que se ven más beneficiados en contextos integrados. Así entonces, tendremos un sistema que mejora la calidad de la educación de algunos, pero que irá en desmedro de la inclusión y equidad necesarias en un sistema educativo que aspira a otorgar oportunidades reales a todos los niños, niñas y jóvenes.

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