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Banqueros y Neoliberales: De vuelta a las andadas

por 3 junio 2010

Estamos en problemas. Como escribe Paul Krugman en su columna del New York Times del 30 de mayo del 2010, "la principal amenaza es quizás la difusión de una idea destructiva: que a menos de un año de iniciada una débil recuperación de la peor recesión de post guerra, ha llegado el momento de suspender la ayuda a los que no tienen trabajo de empezar a aplicar dolor."

Después que la acertada reacción expansiva monetaria y fiscal ante la crisis salvó al mundo de caer en una segunda Gran Depresión, los conocidos de siempre ha levantado la voz nuevamente para promover drásticos recortes fiscales y elevación de las tasas de interés. La última en hacerlo ha sido la OECD, club en el cual Chile se ha vanagloriado tanto de haber sido ser aceptado. En su último informe, aplaude las draconianas medidas de austeridad forzadas a algunos gobiernos europeos y a pesar de pronosticar una elevado desempleo y baja inflación por años, igual sugiere terminar con los programas de estímulo e iniciar la consolidación fiscal el año venidero. Según ellos, es para prevenir "reacciones adversas en los mercados financieros." Krugman cita en su columna a Martin Wolf del Financial Times, que ha calificado esta política como "darle a los mercados lo que pudieran querer a futuro, aún cuando muestren poca inclinación a demandarlo hoy." Suena enloquecido - escribe Krugman - pero es lo que está ocurriendo. Agrega que algunos están empezando a hacerles caso incluso en los EE.UU., como muestra una reciente resolución del parlamento de ese país de no extender subsidios a cesantes que, al recortar su gasto, pondrán en peligro los empleos de otros.

Los intereses detrás de esta ofensiva son bien claros: los banqueros amenazados de default y los acreedores que están detrás de ellos. Pretenden que los gobiernos asuman el pago de deudas incobrables contraídas por agentes privados. No les importa si con estas exigencias van de hecho a agravar el problema, puesto que van a estancar la recuperación en curso o, peor aún, forzar una recaída en la actividad, lo que a su vez aumentará los incobrables.

Lo lograron en América Latina en los años 1980, con la consecuencia de una "década perdida" en la región, que sufrieron sus pueblos. Su reacción fue en ese caso progresista en la mayoría de los casos, puesto que se tradujo en protestas masivas que culminaron con el fin de las dictaduras en varios países, incluido Chile.

En Europa la cosa se ve en cambio muy fea. Gobiernos socialistas están aplicando las medidas de austeridad, que culminarán en un recrudecimiento de la recesión. El resultado se conoce, basta con ver lo que pasó en Hungría.

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