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Contraprogramándole al “mundial” de Piñera

por 4 junio 2010

No obstante, queda tiempo y quizás el voto político de la DC anunciando un rechazo al alza transitoria de tributos, sea una interesante oferta de contraprogramación (del tipo que satisface línea editorial y misión de quién la emite).

Hace un par de semanas TVN lanzó su parrilla mundialera en llamativa ceremonia. Sobre el proscenio, cual pavo real, desplegaban su plumaje los camiroagas, rafitaranedas, krameres (sí, porque el notable imitador también es parte del menjunje) y un cuanto hay de sorpresas.

Púseme a pensar, pues, lo complejo que puede resultar para el resto de los canales competirle al "de todos" durante la época mundialera, considerando que sólo TVN posee los exclusivos derechos de transmisión de lo que en esencia es el leitmotiv de ese loco y agitado mes televisivo: los partidos de fútbol.

¿Chicas desnudas?, ¿mucho morbo?, ¿humoristas de los ochenta? Su mejor material deberá poner sobre la mesa cualquiera que pretenda, por ventura, robar sintonía desde esa pantalla ardiendo en que seguramente se convertirá el autoproclamado (a punta del pago de elevados derechos, me imagino) "canal del mundial".

No obstante, queda tiempo y quizás el voto político de la DC anunciando un rechazo al alza transitoria de tributos, sea una interesante oferta de contraprogramación (del tipo que satisface línea editorial y misión de quién la emite).

El mismo problema que hoy enfrenta la Concertación. Porque no negará usted que le ocurrió algo brutalmente parecido a lo vivido -en el caso mundialero- por Canal 13: transmitió todas las eliminatorias (algo así como haber gobernado los últimos 20 años), pero, ¿quién se sirve el plato de fondo? (algo así como “¿quién se queda con La Moneda y continúa el camino que otros pavimentaron?”)... el canal de la competencia.

Ahí es donde, sin el fútbol en sus manos (certificado de sintonía asegurada), el resto de la oferta televisiva tiene que ejecutar algo que en este medio puede llegar a ser un arte, si es que se lleva a cabo con fineza: la contraprogramación. Lo mismo que debiera hacer, sin el gobierno en sus manos, una coalición opositora que, si no contraprograma de manera eficiente, corre el riesgo del desaparecimiento (por lo menos en lo mediático... quizás el más cruel).

La tarea, si lo pensamos bien, no debiera serle demasiado difícil a la Concertación. ¿Chicas desnudas?, ¿mucho morbo?, ¿humoristas de los ochenta?… Estimulante sería, pero no.

La tarea, más bien, no debería volverse compleja porque el tipo de "programación" ofrecida desde el gobierno se asemeja, por mucho, a la que la misma Concertación manejó (y supo posicionar con importantes réditos) durante años. Y es que cuando las claves de la "programación" oficialista redundan hoy en protección social, derechos de los trabajadores o reformas políticas democratizadoras, nadie podría negar que (siguiendo con nuestra catódica metáfora), es el tipo de "televisión" que la Concertación supo conducir por tanto tiempo.

La cuestión está en el “cómo” se contraprograma. La Red lo suele hacer bien con películas gringas. Chilevisión, en su momento, con farándula. Y Canal 13 -persistentemente- con los siempre rendidores Simpson (vía desquiciamiento de Vasco Moulián). ¿La Concertación?, debiera ir por el lado de la novedad, porque resulta inconducente quedarse pegado en lo del “robo de banderas” que evidenció el manido mensaje del 21 de mayo, por parte de la derecha gobernante (sería como si Canal 13 nos insistiera en que lo sintonizáramos durante el mundial que no transmitirán, por el sólo hecho de que ellos dieron antes las eliminatorias).

Y en tele los caminos suelen ser simples. O tirar algo que derechamente perderá en rating -pero satisfará la línea editorial y la misión del canal que lo emite- o bien, poner en pantalla uno de esos programas criticones y burlescos (como ocurre mucho en las coberturas del Festival de Viña, realizadas por los que no transmiten el certamen), con el que se “molesta”, como esos fastidiosos moscos veraniegos, al canal que tiene los derechos. Disyuntiva no menor, cuando vemos que hasta ahora, las primeras luces de “contraprogramación” opositora han coqueteado más con la estrategia del “mosco”, que con algo más propositivo y distintivo.

No obstante, queda tiempo y quizás el voto político de la DC anunciando un rechazo al alza transitoria de tributos, sea una interesante oferta de contraprogramación (del tipo que satisface línea editorial y misión de quién la emite).

La Concertación, como es lógico, sabe de transmisiones importantes y debe contar (se supone) con la expertisse necesaria. Lo irónico es que, para sacar ideas,  la mirada debiera estar puesta (televisivamente hablando) en el -todavía- canal de Piñera, pues resulta ser Chilevisión uno de los más icónicos casos de un “contraprogramador” que, con paciencia, llegó a ser uno de los competidores más importantes del mercado.

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