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La hora de Carolina

por 5 junio 2010

Perdimos las elecciones presidenciales, porque no tuvimos un proyecto progresista convincente que fuera un salto más allá de todo lo que hicimos en estos veinte años.

La generación de un consenso para que Carolina Tohá asuma la Presidencia del PPD demuestra que ha primado el sentido común, que para Gramsci es una categoría de la política, ya que hay un reconocimiento implícito de su mayor liderazgo en la sociedad y de que ella encarna valores de renovación de la política que están en sintonía con las aspiraciones de la ciudadanía.

El desafío de Carolina es mayor. Hay una doble crisis. La crisis de los partidos políticos que se han debilitado como medios de transmisión de las inquietudes e intereses de la ciudadanía, como sintetizadores de voluntades colectivas y de proyectos de sociedad, como articuladores de la sociedad civil y creadores de cultura que permita a las personas identificarse y diferenciarse en el plano de la ideas. Una parte de estas “misiones” se han perdido con el derrumbe de las ideologías, otras con la presencia de la comunicación planetaria que interpreta directamente el sentido de las cosas, otras con la reducción del espacio de la política en la vida de las personas y el reemplazo que de ella hace la tecnología, otra con la pérdida de peso específico de los actores asociados históricamente a los grandes cambios y el surgimiento de personas con identidades más difusas, más individualistas, que apuestan al cambio de manera distinta.

Perdimos las elecciones presidenciales, porque no tuvimos un proyecto progresista convincente que fuera un salto más allá de todo lo que hicimos en estos veinte años.

El tema principal es que la crisis de los partidos es la muestra que estos aún no han aprendido a operar en una nueva realidad muy distinta de aquella en que surgieron. Que la política y la estructura de los partidos es vieja, que no ha habido capacidad de renovación, que están  retrasados respecto de los grandes cambios epocales que se han producido en la ciencia, en la tecnología y en la psicología social, por ende, en los modos de vida de las personas.

Por tanto, producir un vuelco es una tarea compleja porque se trata de terminar con el encierro y en el ensimismamiento de los partidos, se trata de leer más profundamente los datos de la nueva realidad cotidiana, se trata de dar confianza y credibilidad a los ciudadanos, demostrando que los partidos valen la pena, abriéndose a ellos, escuchándolos, relegando la arrogancia, democratizando las prácticas internas, transparentando las discusiones donde se toman las resoluciones que tienen que ver con la vida de todos, renunciando a cuotas de poder y al ejercicio vertical de este y creando cultura política que permitan competir por la interpretación de los hechos y darle más peso específico al debate intelectual en el país. Esto es lo que se ha propuesto Carolina y aún cuando se trata de un desafío mayor a sus fuerzas y a las de todos nosotros, no hay duda que vale la pena intentarlo.

Pero, decíamos, que hay una segunda crisis. La crisis de nueva identidad de la izquierda y del progresismo. Después de la sociedad del welfare instalada por el socialismo nórdico, después de la Tercera Vía de Blair y Giddens, después incluso de la experiencia de la centroizquierda chilena que por veinte años cambió profundamente a Chile desde una dictadura, hay una parálisis de ideas grandes, de pensamientos orientadores respecto de la sociedad que ofrecemos hacia el futuro.

Hay un relato pendiente donde quepan nuestras intuiciones medioambientalistas, los nuevos derechos de la mujer, la tolerancia y el respeto a la diversidad, la sociedad multicultural, el cambio mas profundo del modelo de economía de mercado, el nuevo rol del estado, nuevos estándares de justicia e igualdad.

Por ello, esencialmente perdimos las elecciones presidenciales, porque no tuvimos un proyecto progresista convincente que fuera un salto más allá de todo lo que hicimos en estos veinte años donde junto a los aciertos republicanos y sociales innegables hay un cúmulo grande de errores y de promesas incumplidas. Por ello también perdió el progresismo en Italia y en Francia. Porque hay un vacío que es político, es cultural, es de interpretación, es de respuestas nuevas a una realidad que cambia con la velocidad de las revoluciones tecnológicas y de la imagen. Si el progresismo no es capaz de ofrecer este cambio la gente lo busca en la derecha de Berlusconi o de Piñera, o en alguien más sofisticado como Sarkosy. No nos espera, ni tampoco vive una crisis de conciencia por ello. Las fronteras las diluimos nosotros mismos.

Este es también el enorme desafío que debe emprender desde el PPD Carolina Tohá. Un nuevo PPD, para contribuir a refundar desde sus raíces a una Concertación que como es hoy ya no sirve al nuevo objetivo, para construir una nueva mayoría política en el país que esté en condiciones de disputar realmente el poder a la derecha en los próximos años y de ganar en beneficio del país. Apoyar a Carolina en esta nueva tarea implica una invitación a pensar un poco todo de nuevo, a mirarnos aurocríticamente como experiencia de gobierno y como bloque social y político, a volver a la sociedad civil para organizar desde allí, en el ámbito de la alianza de centro izquierda que es nuestro patrimonio político mayor, la nueva Concertación que incluya a todos los ciudadanos progresistas sin exclusión.

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