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Los pecados del Servel y la consecuencia de nuestros políticos

por 10 junio 2010

La base de datos del Servel ha sido comprada con anterioridad por una larga lista de empresas, incluyendo a la Asociación de AFPs y Dicom, entre otras.

Si uno se ubicara en una posición fatalista, podría decir que en los siguientes 30 días los datos privados de ocho millones de chilenos (Rut, nombre completo, dirección particular, teléfono, fecha de nacimiento, profesión, indicación de discapacidad) quedarán al descubierto porque el Consejo de la Transparencia ha dispuesto la entrega de la base de datos completa del Servel,  a un particular de manera gratuita. ¿El supuesto responsable? El periodista Sebastián Rivas de El Mercurio, que reclamó porque el Servel pretendía cobrarle $ 21.698.799 por dicha información.

Hay que notar que el Consejo de Transparencia, en fallo dividido, estima necesario que todos los datos del Registro Electoral sean públicos ya que el Rut es la única forma de asegurar el “control social” del padrón; es decir, que no existan inscripciones duplicadas o fraudulentas. El Consejo reconoce los peligros de dicha acción, pero establece que su limitación debe ser realizada por los legisladores y, por lo demás, la ley electoral es clarísima al establecer que el registro electoral “es público”. El voto de minoría de Juan Pablo Olmedo establece que si bien el nombre de los inscritos debiera ser público, no lo es el resto de los datos sensibles.

El peligro de este “vacío” ha hecho que el diputado Ricardo Rincón (DC) vaya a presentar este martes un proyecto de ley para que la información del Servel no pueda ser vendida o entregada.

Pero esta óptica puede resultar incompleta del panorama completo.

La base de datos del Servel ha sido comprada con anterioridad por una larga lista de empresas, incluyendo a la Asociación de AFPs y Dicom, entre otras.

La base de datos del Servel ha sido comprada con anterioridad por una larga lista de empresas, incluyendo a la Asociación de AFPs y Dicom, entre otras. Es decir, nuestra información personal ya había sido entregada a terceros.

El Servel se ha comportado de manera vergonzosa e inaceptable durante años, vendiendo toda la base de datos de los inscritos a quien estuviera dispuesto a comprarla. Es cierto que este organismo público es subvalorado y subfinanciado y que la estrategia de financiamiento resulta “novedosa”, pero el daño producido a todos los ciudadanos es inconmensurable. ¿Cuántas cartas han sido enviadas a ciudadanos a partir de esta información, sin su consentimiento? ¿Cuántos negocios se han posibilitados con esta información? ¿Se habrá sub vendido esta base de datos a otros? ¿Cuál sería la indemnización potencial que los ciudadanos podrían reclamar?

El problema no se limita al uso comercial de los datos.

El año pasado acaba de realizarse la elección presidencial y parlamentaria en Chile. Siguiendo la tendencia electoral de los países modernos, los candidatos de todas las tendencias utilizaron todas las formas y medios disponibles para llegar a los electores, incluyendo internet, publicidad callejera, volantes, cartas, etc.

La pregunta del millón es: ¿Cómo puede saber un candidato quiénes son, efectivamente, los electores a los que se tiene que dirigir?

Bueno, una de esas maneras más eficientes es por medio de la Base de Datos del Servel que tiene la ventaja de que se pueden adquirir a nivel nacional, por distrito senatorial o de diputados. Además, a diferencia de otras bases de datos disponibles en el mercado, incluye solamente a las personas con derecho a voto; es decir, permite a los candidatos focalizar sus esfuerzos y ahorrar recursos.

Existen indicios de que candidatos, por sí o por un intermediario, utilizaron dicha información para enviar publicidad impresa a los electores.   Resulta curioso –por decir lo menos-  que hoy quienes intentan regular dicha información le hayan sacado previamente provecho electoral.

En pos de la transparencia, urge entonces transparentar también qué candidatos a alcaldes, diputados, senadores y presidente utilizaron datos obtenidos del Servel en sus recientes campañas. Así podríamos comparar sus prácticas electorales con sus discursos públicos.

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