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Educación hoy ¿para qué?

por 11 junio 2010

¿Bastaría con mejorar y/o generalizar el medio litro de leche por ejemplo para garantizar mejores resultados en esta u otra prueba de habilidades?

Nuevamente se discute por los medios los resultados del Simce en matemáticas. Esos resultados –que continúan siendo negativos- conducen a  un repetido círculo de afirmaciones: que como país no estamos bien en matemáticas (ni en relación al nuevo oráculo de la OECD, ni siquiera –uff esto si  que es el colmo-,   en relación a algunos países de África); que el nivel de lo aprendido –en los octavos-, equivale a lo que “debe” saberse en  sexto básico; que hay una importante disparidad de resultados entre establecimientos privado-particulares y aquellos público-municipales –gran novedad por cierto-;  que hay que evaluar a los maestros por sus resultados; que debemos crear algunos liceos de “excelencia”, etc. ¿Acaso usted y yo no hemos escuchado estos juicios en otro momento?

Fíjese que la educación dicha pública representa aproximadamente el 90 % del universo de alumnos del país, y la privado-particular, el resto.  Sin embargo, pocos se cuestionan estos números; tanto los del Simce, como este último.  Para algunos, el asunto tiene que ver con la herencia genética y la buena o mala, poca o mucha leche ingerida en la primera infancia.  Que novedoso pues. El factor alimentario juega un rol importante. Somos seres naturales vivientes y los desarrollos ontogenéticos requieren de soportes nutricionales adecuados. ¡Que duda cabe¡ Pero, ¿qué tipo de vivientes naturales somos los humanos?

¿Bastaría con mejorar y/o generalizar el medio litro de leche por ejemplo para garantizar mejores resultados en esta u otra prueba de habilidades?  

¿Bastaría con mejorar y/o generalizar el medio litro de leche por ejemplo para garantizar mejores resultados en esta u otra prueba de habilidades?  Es decir, ¿será la mera biología y la mejor leche  lo que pondrá fin  a las escandalosas desigualdades que atraviesan nuestra sociedad en distintos ámbitos, incluyendo la educación? Sabemos, sin embargo, que la cuestión de las desigualdades y la igualdad es algo construido; no está en la naturaleza  de las cosas. Por ello la educación, como lo dijo alguien, es la expresión de la anti-fatalidad. Sirve para romper con la fatalidad del destino social, económico o cultural, que le espera a alguien  por el  hecho de ser  indigente, pobre, ignorante, discapacitado, de color o miembro de alguna etnia minoritaria.

Por eso, puede decirse que la educación forma parte de los bienes sociales fundamentales para la continuidad de cualquier sociedad.   La justicia en educación no puede tratarse primariamente según cánones economicistas  o del management y la ideología gestionaria.  Lo que pueda ser justo en la asignación/distribución de un bien social como la educación, dependerá del significado social que le atribuyamos.

Pero, ¿cuál es actualmente ese significado y valoración social compartido? ¿No será que uno de nuestros principales problemas es que no sabemos para qué estamos educando? ¿No será que creen saberlo y nos lo imponen una elite  casualmente bien articulada con determinados intereses económicos y políticos?  ¿Acaso no  fueron algunos  de estos puntos los detonantes de la famosa  “revolución pinguina”? ¿Y qué sucedió después? Otra nueva ley en la que no se dirimen –en honor al pragmatismo y los aparentes consensos-,  varias de estas cuestiones. ¿La sociedad en ello? Pues, marginada  o ausente.

¿Acaso sabemos qué tipo de ciudadano/ciudadana, qué tipo de persona está produciendo  el actual sistema educativo?  Y sin embargo, cada cierto tiempo nos enteramos de episodios de violencia entre escolares, o contra los profesores, o del así llamado bulling,  lo cual nos habla que no puede aislarse así como así al sistema educativo de la sociedad en que se encuentra.  Resulta útil reflexionar sobre la  dirección  que puede y/o debe tener un sistema educativo si, al mismo tiempo, no hay proyecto de sociedad que lo oriente.  Entonces, ¿en función de qué se está educando?  ¿De los resultados,  del éxito individual,  del ser competitivo  y rico el día de mañana?

En función del reinado omnímodo de la “cuantofrenia” y el buen desempeño en los mercados ¿No cree usted lector que –al igual que para la  política-, estamos necesitando una refundación en el sistema educativo; una que parta por debatir y deliberar ampliamente sobre su eventual sentido y significado colectivo-público  en un primer y fundamental lugar?

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