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El incidente del embajador Otero y la actualidad del pasado

por 11 junio 2010

El incidente del embajador Otero y la actualidad del pasado
Es probablemente efectivo que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura de Pinochet”, como declaró Otero a Clarín, como tampoco la mayoría de los alemanes “sintió” la dictadura de Hitler (1933-1945) o la de Franco en España (1939-1975). No es una cuestión de mayorías o minorías; se trata de personas que perdieron la vida, políticos, o campesinos de Paine.

Es difícil guardar silencio ante el debate abierto por las declaraciones del ex embajador en Argentina, Miguel Otero, al diario Clarín de Buenos Aires acerca del Golpe Militar de 1973 y el régimen del general Pinochet. Más allá de sus increíbles afirmaciones y su posterior mea culpa resuenan con más fuerza las palabras de apoyo o de simpatía formuladas por senadores y diputados de las bancadas del oficialismo, incluyendo el presidente de su partido, RN, Carlos Larraín, que fue más allá de la solidaridad con un compañero que metió la pata.

Sabemos, sin necesidad de conocer las explicaciones entregadas por la Cancillería, que las opiniones del ex embajador y ex senador Otero no eran las del presidente Piñera, “Sebastián”, como lo llama en su entrevista solicitada a uno de los principales periódicos trasandinos. El Presidente nunca respaldó al régimen militar y no justificó las violaciones a los derechos humanos. Tampoco representa la opinión de la mayoría de los votantes y dirigentes de la UDI y RN, especialmente de las generaciones que no participaron en cargos de gobierno, ni en sus organizaciones de apoyo que tuvo en los años 70, cuando el “gremialismo” era el principal grupo de poder juvenil en el gobierno, algunos de los cuales están ahora en la Cámara o en el Senado.  Las encuestas de opinión muestran un cambio en las opiniones de los votantes de la UDI y RN hacia un mayor rechazo al régimen militar y a las violaciones de los derechos humanos.

Uno de cada cuatro o cada cinco chilenos considera que los años del régimen del general Pinochet  fueron “buenos”, menos de la mitad opina que fueron “malos” y un bajísimo porcentaje de encuestados no responde.

El actual gobierno ha sido poco cuidadoso en el tratamiento del pasado, a la luz de la biografía de numerosos parlamentarios de su sector y de algunos personeros del Poder Ejecutivo. Ministros de Estado criticaron a la oposición, señalando que sería negar la “negar la sal y el agua” al gobierno si los parlamentarios de la Concertación rechazaban el proyecto del ejecutivo de financiamiento de la reconstrucción. Son palabras violentas que nunca debieron utilizar, porque descalifican la función propia de la oposición. Fueron empleadas  hace casi medio siglo, en el contexto de una relación del legislativo con el ejecutivo que nadie quiere repetir. Seguramente ningún ministro del presidente Aguirre Cerda amenazó a los parlamentarios de oposición –conservador y liberal- cuando defendía el proyecto de reconstrucción del terremoto de 1939 con frases de los debates parlamentarios del congreso de 1891.

Como el ministro aludió a “negar la sal y el agua” recordemos que esa política fue compartida por la oposición de derecha al gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), que apoyó dos propuestas de los senadores socialistas y comunistas: elegir a Salvador Allende como presidente del Senado y negar el permiso constitucional al presidente Frei para aceptar la invitación del presidente Lyndon B. Johnson para visitar EE.UU. En la Constitución de 1980 no se exige, como en la de 1925, que el Presidente pida permiso al Senado para viajar al exterior.  Es una de las lecciones sacadas de la experiencia de la democracia en esos años.

Es probablemente efectivo que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura de Pinochet”, como declaró Otero a Clarín, como tampoco la mayoría de los alemanes “sintió” la dictadura de Hitler (1933-1945) o la de Franco en España (1939-1975). No es una cuestión de mayorías o minorías; se trata de personas que perdieron la vida, políticos, o campesinos de Paine.

Chile tiene una accidentada y traumática historia, que nos sitúa junto a otros países que llegaron a la democracia teniendo que pasar por dictaduras, como Alemania, Francia (el régimen de Vichy), España o Uruguay.  Y los chilenos tienen opiniones relativamente definidas sobre ese pasado, sin que haya indiferencia o desconocimiento ante ello, a pesar del paso del tiempo. La socialización familiar es más fuerte que el control social que ejercen ciertas instituciones del sistema político para tratar de mantener ese pasado alejado del conocimiento de los jóvenes. La  continuidad del perfil de opiniones de los chilenos es impresionante. El incidente del embajador Otero ayudará a mantener esas opiniones.

Las encuestas del CERC proporcionan una información contundente sobre la actualidad de ese pasado. Una pregunta retrospectiva para conocer la opinión sobre el régimen militar, que hemos aplicado en 37 encuestas entre 1987 y el 2009, señala que uno de cada cuatro o cada cinco chilenos considera que los años del régimen del general Pinochet  fueron “buenos”, menos de la mitad opina que fueron “malos” y un bajísimo porcentaje de encuestados no responde, un dígito, salvo en el 2008 y 2009, que fue de dos dígitos, 14% en Julio del 2009, pero volvió a un dígito en la encuesta de diciembre de 2009, antes de las elecciones presidenciales.  Las opiniones negativas son compartidas por chilenos de todas las edades, incluyendo los jóvenes.

Una inmensa mayoría de los chilenos opina que el general Pinochet fue un dictador, que aumentó después del caso Riggs, dado a conocer en Junio de 2004, llegando al 82% en octubre del 2006, para disminuir en las mediciones siguientes y llegar al 66% el 2009, similar al que había en 1996. Una minoría relativamente significativa, que llegó al 31% en el 2002, estaba de acuerdo con la afirmación que “uno de los mejores gobernantes del siglo XX”, que cayó a raíz del caso Riggs, siendo un 18% en la encuesta del año pasado.

La inmensa mayoría de los chilenos opina que se mantienen las huellas dejadas por el régimen militar, 70% en 2009, una leve disminución de nueve puntos respecto del resultado de la encuesta del 2004. Hay un 16% que no opina, que sube al 29% en los jóvenes de 18 a 25 años.

La otra cara de las huellas del régimen militar es el tema de la reconciliación, una aspiración planteada por líderes políticos y religiosos. En la encuesta del 2009, una minoría, 28%, opinó que estamos reconciliados, un aumento de 11 puntos respecto de la encuesta del 2007. Los votantes socialistas creen menos en que estamos reconciliados, que los votantes de la UDI.

El perfil de opiniones sobre el régimen de Pinochet y sobre las condiciones de su instauración muestra un país dividido por el pasado. De ahí que los líderes de opinión deben ser muy cuidadosos en sus referencias a éste. Ello vale para los que están en el gobierno y representan a la mayoría, como también a la oposición. El sentido de la Concertación fue respetar las diferencias que había entre el PDC, los Radicales y la izquierda sobre ese pasado, que hizo posible un acuerdo de gobierno y una agenda para reconstruir la democracia que fue exitosa. La crisis de la Concertación algo tiene que ver con la implementación de ese acuerdo y con haber alcanzado los principales objetivos, con otros que no fueron logrados. Ese vacío no fue llenado por los partidos históricos de la coalición opositora, que tienen experiencia directa de ese pasado traumático, como tampoco por sus detractores que abandonaron el PS para plantear una nueva alternativa política. Las declaraciones del ex embajador Otero y sus compañeros de ideas reafirman la actualidad del pasado y la necesidad de asumirlo en su complejidad y en su importancia.

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