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Estados Unidos: como si fuera China

por 14 junio 2010

Vi el partido entre Estados Unidos e Inglaterra en la casa de los padres de mi pareja en Santa Cruz (Bolivia). Solo frente a una pantalla de televisión, pensé que no me perdía de nada: incluso en un bar en Boston me hubiera sentido igual. Para evitar desilusionarse, hay que asumir la soledad del que sigue el fútbol en los Estados Unidos.

En los papeles, Inglaterra partía como el favorito: un equipo que tiene como estrella a Rooney debería ser mucho más que uno cuya carta principal se llama Landon Donovan (elegido mejor jugador joven del mundial 2002, Donovan se ha convertido en un armador decente, pero su juego nunca ha terminado de explotar). Los primeros cinco minutos, así fue: llegada clara, toque de Heskey para la definición de Gerrard. Estados Unidos, sin embargo, no se achicó, y mostró la mejor cara que tiene, quizás la única que entiende: salir al frente con valentía, olvidarse de quién es el rival. Así, poco a poco, la pelota pasó a poder de los norteamericanos, que no son maestros del pase corto pero sí son capaces de complicarle a cualquiera y entienden que el fútbol debe ser vertical. Y llegó el gol, de forma inesperada: un remate de Dempsey que no llevaba peligro, y las manos de Green que empujaron el balón adentro. Para los tabloides ingleses, seguro habrá una culpable: la Jabulani. Pero está claro que un equipo en el que el portero titular es conocido como "Calamity" James (que hoy no jugó por estar lesionado) no tiene mucho de qué enorgullecerse en este tema.

En el segundo tiempo, hubo un remate de Altidore, y eso fue todo para los Estados Unidos, que pareció contentarse con el empate. O quizás no daba para más. Se trata de un equipo correcto, que juega al fútbol de la manera más clásica y tradicional posible. Ningún jugador se sale del libreto estratégico, todos tienen una gran disciplina táctica y su despliegue físico es envidiable. Curiosamente, un país en el que el individualismo es la clave del éxito, tiene un equipo de abejas obreras, en el que lo colectivo es lo único que cuenta: si vamos a los lugares comunes de las idiosincracias nacionales, digamos que Estados Unidos juega al fútbol como si fuera China.

Me estoy olvidando del portero, Tim Howard. Elegido por la FIFA como el mejor jugador del partido, él sí demostró seguridad en cada una de sus intervenciones. Nueva ruptura del lugar común: una nación imperialista, acostumbrada a la guerra y al ataque, tiene a su figura principal allá atrás, de custodio. Me temo que eso no hará que los norteamericanos se conviertan en fanáticos de este deporte.

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