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Editorial

La forma y el fondo del harakiri concertacionista

por 15 junio 2010

La forma y el fondo del harakiri concertacionista
La crudeza de las opiniones de Francisco Vidal al sindicar al ex-ministro de Hacienda de Bachelet como el gran responsable de la derrota, omite que durante su ejercicio, como nunca antes en la historia de los gobiernos concertacionistas, la hacienda pública se abrió al gasto público. Si de algo no se puede acusar a Andrés Velasco es que no haya sido generoso cuando se lo requirió.

Las duras acusaciones cruzadas entre los ex ministros de Michelle Bachelet, Francisco Vidal y Andrés Velasco, sobre la culpa de la derrota de la Concertación en las últimas elecciones presidenciales es un indicador potente de la crisis y desconcierto interno de la otrora exitosa coalición política.

Su forma virulenta hace que los más perjudicados sean la ex presidenta Bachelet y los dirigentes partidarios que tratan de mantener al menos la apariencia de cohesión, en una coalición que hace rato está en proceso de desintegración.

Lo que si persisten son las malas prácticas cívicas o la baja transparencia de los procedimientos electorales internos. Cultura emblemática en este sentido es la del Partido Socialista.

La crudeza de las opiniones de Francisco Vidal al sindicar al ex-ministro de Hacienda de Bachelet como el gran responsable de la derrota, omite que durante su ejercicio, como nunca antes en la historia de los gobiernos concertacionistas, la hacienda pública se abrió al gasto público. Si de algo no se puede acusar a Andrés Velasco es que no haya sido generoso cuando se lo requirió.

Probablemente el tema esté más bien en la calidad del gasto, es decir en qué se gastó, lo cual incide en la responsabilidad de todos, desde la Presidenta hasta el último ministro. Y por lo tanto, en la incidencia real del gobierno y su calidad en la derrota de Eduardo Frei.

Un instinto de conservación básico ha llevado a un grupo significativo de dirigentes concertacionistas a tomar distancia de las opiniones de Francisco Vidal. Ellos entienden que en el escenario planteado por el ex ministro de Defensa, todos deberán salir al pizarrón a explicar dónde estaban y qué hicieron en los gobiernos pasados. Incluso la propia Michelle Bachelet en relación a la pérdida temprana de la mayoría parlamentaria oficialista, y al fenómeno de los díscolos, anclado en críticas a su gobierno por políticas consideradas erradas en educación, salud, transporte o pequeñas empresas.

La presión levantada por Francisco Vidal llega, además, en medio de  la renovación de las directivas internas en los partidos de la oposición. Allí la situación es compleja pues esta vez el poder ordenador del Estado hacia los grupos en pugna no existe.

Lo que si persisten son las malas prácticas cívicas o la baja transparencia de los procedimientos electorales internos. Cultura emblemática en este sentido es la del Partido Socialista, donde la semana pasada su Tribunal Supremo suspendió al encargado de organización del partido por la supuesta adulteración del padrón electoral con unas dos mil o tres mil fichas que estarían viciadas.

Es evidente que la Concertación necesita recomponerse orgánica y políticamente como oposición, teniendo presente que no tiene perspectivas inmediatas de premios o compensaciones de poder al interior de la Administración, lo que todavía no se advierte de manera abierta.

“El Partido tiene hambre de identidad”, dijo uno de los candidatos a la presidencia de la DC. Tal frase puede ser aplicada a todo el arco político concertacionista pues no es por las cosas que hicieron o dejaron de hacer por lo que dentro de cuatro años pueden recuperar el poder, sino por lo que serán capaces de hacer y proponer de ahora en adelante.

La Concertación pasó el 11 de marzo a ser una oposición exclusivamente política. Ya no tiene el resorte de la administración pública para hacer política social. El gobierno y La Moneda están en la vereda del frente. Y la Concertación al parecer camina sin diagnóstico, sin reconocer que el actual es otro escenario político y el pasado dejó de existir. Se muestra desconcertada, y sin muchas ideas que distribuir. Ese es el fondo del problema.

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