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El fuego amigo

por 21 junio 2010

Es legítimo y necesario el debate acerca del rol preciso que debe poseer el Ministerio de Hacienda en el marco del proceso de toma de decisiones del gobierno.

La reciente polémica pública entre los ex ministros de la Presidenta Bachelet, Francisco Vidal y Andrés Velasco, hace recordar una lección esencial en política: no hay peor fuego que el fuego amigo, el fuego que viene del costado, el fuego del que te apoya o debe apoyarte. La política requiere un mínimo de juego colectivo. Una mínima ética de equipo. Y en ese sentido, las declaraciones del ex ministro Vidal son desafortunadas.

Es legítimo y necesario el debate acerca del rol preciso que debe poseer el Ministerio de Hacienda en el marco del proceso de toma de decisiones del gobierno. Según muchos, el rol de Hacienda en Chile es desproporcionado en relación a los ministerios políticos, y claramente desigual en relación a los ministerios sectoriales. Yo comparto esa crítica: son criterios políticos y éticos los que deben guiar principalmente la toma de decisiones. El rol de Hacienda es o debe ser un rol asesor, trascendente, pero asesor dentro del Ejecutivo. En ningún caso puede transformarse en censor de temas ni evaluador de criterios políticos. Para eso está el comité de ministerios políticos y en última instancia, el Presidente.... o  la Presidenta.

Es legítimo y necesario el debate acerca del rol preciso que debe poseer el Ministerio de Hacienda en el marco del proceso de toma de decisiones del gobierno.

¿Por qué se ha generado esta situación de aparente desbalance? En parte por la considerable experticia de gobierno que han adquirido Hacienda y la Dirección de Presupuestos. Y aquí cabe hacer una consideración de relevancia: durante la última década, la DIPRES estuvo dirigida por dos destacados militantes socialistas, como son Mario Marcel y Alberto Arenas. No se ve allí un fantasma neoliberal sino más bien un desbalance factual que se ha ido dando con los años.

Que no se malentienda: soy de los que creen que debe existir una contraparte técnica de altísimo nivel en otros ámbitos del Ejecutivo y especialmente en La Moneda. Contrapartes que cuenten con los niveles de remuneración y de permanencia que han tenido los buenos equipos asesores de Hacienda. Y crear ciertamente, una instancia de evaluación de políticas públicas fuera de este ministerio, que haga evaluaciones que vayan más allá del cumplimiento presupuestario. De lo que se trata es de nivelar hacia arriba y no hacia abajo.

Pero todo este debate, que insisto, es legítimo y saludable, ha quedado olvidado en la polémica antes citada. Y han pasado a la palestra las declaraciones de los ex ministros. A mi juicio, la responsabilidad de un ministro de Estado no se agota cuando deja el cargo. Debe responder siempre y en todo momento, de manera solidaria con el gobierno del que fue parte. Si uno no compartió determinada decisión, o asume el sentido colectivo o renuncia al cargo. Pero no se puede pretender acaparar sólo los aplausos y desentenderse de las pifias. Es este el principal error  de la polémica que se ha generado.

En definitiva, se trata de un episodio desafortunado para la Concertación. El debate pasa por el lado del análisis, no de atribuir culpas o dedicarse a rencillas personales.

Los chilenos esperan mayor responsabilidad y seriedad en los argumentos. Espero que vuelva la cordura y que podamos, entre todos, realizar el diagnóstico adecuado de la derrota, para construir, también entre todos, una propuesta de futuro que sea atractiva para la ciudadanía.

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