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Vidal, Velasco y el descuido de la clase media

por 22 junio 2010

Vidal, Velasco y el descuido de la clase media
Las banderas de la defensa de la salud y educación públicas fueron lo suficientemente anchas para esconder también intereses corporativos más específicos.

Los esfuerzos por modernizar el Estado y adecuarse a las nuevas exigencias de la clase media fueron insuficientes. Es una agenda centrada en los sectores medios la que nos permitirá recuperar la confianza ciudadana, y vencer a la derecha en las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales.

Vidal ha entablado una diputa con Velasco por los votos perdidos en las pasadas elecciones. Sano que el debate vaya más allá de los factores personales, no porque ellos no tengan influencia en la política, sino que por sí solos son insuficientes para llegar a conclusiones que nos permitan definir estrategias eficientes.

Contamos ya con algunos antecedentes que aportan investigadores y analistas políticos sobre la pérdida de votación concertacionista. Cristóbal Aninat y Gregory Elaccqua, investigadores de Expansiva-UDP, señalan que la baja electoral concertacionista tuvo lugar en comunas donde triunfó Michelle Bachelet el 2005 y que han tenido un incremento en sus niveles educacionales. Por el contrario, Eduardo Frei logró su mejor rendimiento electoral en las comunas de menor nivel educacional. Más recientemente Mauricio Morales, investigador del Instituto de Ciencias Sociales también de la UDP, aporta otro estudio que pone una perspectiva mayor de tiempo. A partir de diversos análisis estadísticos, sostiene que la primera pérdida electoral de la Concertación tuvo lugar en 1999 en los sectores populares por la irrupción de Lavín, situación que se replicó en los comicios municipales del año siguiente.

La clave está en los sectores populares que diez años después pasan a integrarse a las capas de clase media, que hoy suma casi un 60% de la población. Bachelet logra revertir parcialmente esta pérdida de electorado concertacionista, pero Frei no.

Las banderas de la defensa de la salud y educación públicas fueron lo suficientemente anchas para esconder también intereses corporativos más específicos.

Todos los análisis coinciden en que los tiempos de los electorados cautivos se fueron y que es perfectamente posible recuperar esa votación en 4 años más. La pregunta es qué debemos hacer y a la vez hacerlo mejor que el Gobierno.

Lo primero es la importancia de que la reflexión y decisiones políticas determinen las opciones técnicas. No se trata de promover el populismo, el clientelismo ni ningún otro ismo. Por el contrario: la claridad de objetivos y metas políticas ordena  los partidos y coaliciones y hace más efectivas las políticas públicas. Un Gobierno es elegido en virtud de su propuesta, de lo que aspira para el país, las cuales son las concreciones de sueños, y sobre esa promesa se hacen las evaluaciones y decisiones técnicas. Partir al revés solo acrecienta la confusión en las coaliciones.

Hicimos buenas políticas públicas, pero nos faltó reflexión y decisión política para avanzar en cómo responder a las nuevas demandas del electorado que dejó la pobreza en los 90 y que hoy forma parte de la clase media del Bicentenario. No fuimos con los tiempos.

Solo un ejemplo: la educación municipal sufre una merma sostenida. En parte ello obedece a los problemas que la afectan (y que en el plano más concreto y cotidiano significa para muchos padres sufrir la recurrencia de paros). Pero también responde a la aspiración de la clase media de una educación de calidad, independiente del tipo de sostenedor, y aunque a veces equivocado, está instalado que esa aspiración, con contadas excepciones, la representa mejor la educación particular-subvencionada.

Tenemos que mejorar la educación municipal y mucho, pero no con ello demonizar la educación subvencionada, que también debe mejorar. No son esfuerzos excluyentes, sino más bien complementarios. Sin embargo, durante mucho tiempo (demasiado quizás) nuestro discurso estuvo centrado en la defensa de la educación pública a costa de la particular-subvencionada. ¿Responde eso a la demanda de la clase media?  ¿Tiene sentido cuestionar la aspiración de la clase media? Nuestras familias requieren educación de calidad, el rol nuestro es que sea así en unos y en otros colegios.

La disputa Vidal–Velasco no es sino la expresión de las dos almas de la Concertación, las que emergieron desde 1997: flagelantes v/s complacientes. Denominaciones para reconocer a quienes ya manifestaban un cierto malestar v/s satisfacción con el rumbo que tomaban los Gobiernos concertacionistas.

La convivencia de ambas almas fue posible mientras tuvimos el Gobierno, pero –a la vez- fue un freno a los esfuerzos por llevar adelante ciertas iniciativas modernizadoras, especialmente en aquellas áreas que presentan resistencias sectoriales importantes. Las banderas de la defensa de la salud y educación públicas fueron lo suficientemente anchas para esconder también intereses corporativos más específicos. La defensa del empleo impidió muchas veces siquiera avanzar en la discusión de temas que son importantes para estos nuevos segmentos medios, para apoyar a profesionales y trabajadores más jóvenes. Los esfuerzos por modernizar el Estado y adecuarse a las nuevas exigencias de la clase media fueron insuficientes. Es una agenda centrada en los sectores medios la que nos permitirá recuperar la confianza ciudadana, y vencer a la derecha en las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales.

Este debate no es solo un ejercicio de análisis político. Las coaliciones existen en cuanto tienen vocación de poder. Hoy sumamos al hecho de no tenerlo, un Presidente que tiene claro que su futuro está anclado a los sectores medios. Ese que surgió en las dos décadas concertacionistas, y que si acogemos sus aspiraciones, puede volver a confiar en nosotros.

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