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Fútbol y política

por 29 junio 2010

Fútbol y política
Hacen de la manipulación la esencia de su comportamiento público, son generalmente hinchas de última hora, se cambian de equipo por cálculos políticos o económicos, y hacen una ostentación evidente de su pasión tardía. Usted podrá identificarlos. El fútbol es inocente, pero debe evitar ser manipulado. Bielsa lo sabe, y de ahí su sobriedad frente a los diversos intentos que ha habido por algunos, de hacer un uso abusivo de su imagen.

La tremenda pasión que despierta a escala global la Copa Mundial de fútbol de Sudáfrica 2010, constituye un hecho sociológico que trasciende con mucho sus efectos meramente deportivos en el mundo de hoy.

La verdad es que el “juego hermoso” (como lo llaman los africanos) es casi una “forma de vida” para cientos de millones de aficionados que hoy pueden (el escritor Eduardo Galeano escribió en su oficina “cerrado por fútbol”, durante el mes que dure el mundial), con la masificación de los medios televisivos, seguir no sólo el mundial (el mayor evento deportivo que existe) sino que las diversas competencias locales alrededor del planeta, lo que ha generado entre cosas, una suerte de “identidad dual o múltiple” donde hoy se puede ser hincha de un club local, pero también de otros alrededor del planeta (¿Cuántos hinchas de equipos en Chile, siguen también al Real, al Barcelona, o a River y Boca ?).

Como señaló la prestigiosa revista “Foreign Policy”, el fútbol fue el preludio al proceso de globalización que hemos visto en estas dos últimas décadas, y mientras Robert Schuman y otros comenzaban a mediados del siglo pasado a diseñar lo que sería el proceso de integración europea, los clubes europeos ya se estaban integrando a escala regional, proceso que hoy se replica a nivel planetario. ¿Cómo explicar esta pasión por el “deporte rey” entre culturas, regiones, sociedades y personas, sin embargo, tan diversas entre sí, y que ha llevado incluso a que países se disputen el origen de su invención? (el fútbol moderno fue inventado en Inglaterra, pero los chinos practicaban algo muy parecido hace ya tres mil años).

El presidente Sarkozy ha intervenido para poner fin al conflicto entre el entrenador y sus jugadores; Lula ha criticado en el pasado a Dunga por la forma de juego que hoy exhibe Brasil; y la Presidenta Fernández en Argentina determinó que la TV pública emitiera todos los partidos en forma gratuita.

Bueno, se trata de una combinación de factores: la belleza del juego, la simplicidad en los elementos para practicarlo, es un deporte “democrático” pues en principio no requiere atributos especiales (Messi mide 1.60 m., Garrincha tenía un pie chueco, Coutiño siempre tuvo sobrepeso, pero su sociedad con Pelé en el Santos es inolvidable) y al menos ocasionalmente “los chicos” también ganan, pero sobretodo, el fútbol provee a muchos (especialmente en sectores marginales) de un sentido de pertenencia e identidad, que se ha reforzado frente a una globalización y en sociedades que en otros planos, hace de la mayoría de la gente seres “anónimos”, excepto en aquel momento donde “sacamos la camiseta” y seguimos a nuestro equipo (algo casi tribal, pero que como necesidad simbólica, está en el ADN del ser humano desde nuestros orígenes como especie).

Ahora, esta “pasión de multitudes” , por cierto, no le es ajena a la política y los políticos, y a veces cobra importancia de Estado: en estos días vimos por ejemplo, al Ex Presidente Clinton en Sudáfrica, haciendo “lobby” para conseguir el mundial del 2022; el Presidente Sarkozy ha intervenido para poner fin al conflicto entre el entrenador y sus jugadores; Lula ha criticado en el pasado a Dunga por la forma de juego que hoy exhibe Brasil; y la Presidenta Fernández en Argentina determinó que la TV pública emitiera todos los partidos en forma gratuita (algo que también debería haberse hecho aquí). Manipulación de masas, demagogia, “opio del pueblo”, según algunos.

Bueno, la tentación por instrumentalizar los éxitos del fútbol siempre existe (la dictadura militar argentina intentó distraer la atención de sus crímenes con el mundial de 1978), y efectivamente éste ha sido usado en ocasiones como “trampolín” en ciertas carreras políticas, o en el “blanqueo de imagen” de empresarios con dudosa reputación (de aquí en parte, el interés por comprar clubes). Pero la culpa no es del fútbol, es de aquellos que buscan apropiarse de una actividad (un arte dirían los más fanáticos) que provee entretención y alegría, y que puede cumplir otras funciones benéficas en una sociedad, en la medida que no sea utilizado para otros fines que no sean el deporte, la recreación, y la integración social.

Pero no es tan difícil saber quiénes son: hacen de la manipulación la esencia de su comportamiento público, son generalmente hinchas de última hora, se cambian de equipo por cálculos políticos o económicos, y hacen una ostentación evidente de su pasión tardía. Usted podrá identificarlos. El fútbol es inocente, pero debe evitar ser manipulado. Bielsa lo sabe, y de ahí su sobriedad frente a los diversos intentos que ha habido por algunos, de hacer un uso abusivo de su imagen. La vida hoy es difícil para la mayor parte de la gente. Un poco de alegría, un espacio para compartir y reencontrarse con otros, sentir pasión por algo, no es en este contexto algo menor (como dice el escritor mexicano Juan Villoro, en la sociedad actual, un poco de alegría ha pasado a ser un bien de primera necesidad). Por eso, y aunque sea sólo por eso, ¡viva el Mundial Sudáfrica 2010!

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