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¿Se debe cerrar La Nación?

por 23 julio 2010

Con el nuevo gobierno, manteniendo nuestra independencia y rigor para analizar las situaciones dentro del ámbito sectorial en donde nos desenvolvemos, se nos ha permitido en La Nación expresar con absoluta libertad nuestro derecho a comentar los hechos según nuestra mirada, lo que hemos valorado.

Aparte de los diarios gratuitos y de los que se especializan en la farándula, los únicos medios de prensa en papel de circulación nacional (de lunes a domingo) existentes en nuestro país son El Mercurio, La Tercera y La Nación, lo que nos demuestra la pobreza de oferta informativa, teniéndose en cuenta que los canales de televisión son los que tienen mayor impacto mediático en el tratamiento de las noticias como también, en medida creciente, los medios electrónicos. La radio, con una configuración más cercana e interactiva, está en la competencia de caracterizar los hechos que deben ser conocidos por la opinión pública.

El Mercurio y La Tercera pertenecen a influyentes privados que forman parte del establishment conservador del país. La Nación se rige por las normas de la Ley General de Sociedades Anónimas, manteniendo el Fisco de Chile la mayoría en su propiedad, con minoritarias acciones privadas preferentes. En el Directorio éstos tienen un gravitante poder, entre otros, ellos eligen al gerente general y pueden vetar asuntos presupuestarios.

Con Piñera en el poder, muchos políticos de derecha, actores privados interesados, sesudos editoriales, líderes gremiales empresariales y una pléyade de otros tantos opinantes están tratando de influir para que La Moneda tome la decisión de cerrar La Nación porque tuvo el pecado capital de apoyar con demasiada convicción y, a veces con excesos mediáticos, a los políticos de la Concertación en los 20 años en que estos ejercieron el mando del país.

Con el nuevo gobierno, manteniendo nuestra independencia y rigor para analizar las situaciones dentro del ámbito sectorial en donde nos desenvolvemos, se nos ha permitido en La Nación expresar con absoluta libertad nuestro derecho a comentar los hechos según nuestra mirada, lo que hemos valorado.

Quienes abogan por la desaparición de ese medio no le perdonan a sus periodistas y directivos el trato áspero que le dio a la oposición de aquella época, como tampoco aceptan que las tres personas naturales dueñas de la sociedad controladora de la Empresa Periodística La Nación S.A. ganen tanto dinero después de haber invertido tan solo 20 millones de pesos en los primeros años del gobierno de Aylwin.

Como los balances son atractivos sólo por las jugosas ganancias del Diario Oficial, ahora esos conspicuos personajes están empeñados en que éste se publique en Internet y que el acceso al sitio sea gratis, con lo cual La Nación moriría por expiración natural causada por la falta de ingresos. Recordemos que su tiraje es reducido y tiene una total ausencia de avisadores privados.

Quien suscribe esta columna está publicando artículos desde hace muchos años en ese  diario y debemos decir que, en más de una ocasión, por las objeciones formuladas primordialmente a la institucionalidad ambiental y de vivienda y urbanismo, durante los gobiernos pasados le solicitaron al medio, no sabemos si desde La Moneda o desde alguna asociación empresarial, que nuestros comentarios fueran censurados, lo que siempre fue rechazado con buenas palabras por el interlocutor de turno. Quienes se sentían perjudicados por nuestras opiniones querían la mordaza en lugar de responder en el mismo diario, lo que era demostrativo de la veracidad a toda prueba de nuestros cuestionamientos.

En estos meses, con el nuevo gobierno, manteniendo nuestra independencia y rigor para analizar las situaciones dentro del ámbito sectorial en donde nos desenvolvemos, se nos ha permitido en La Nación expresar con absoluta libertad nuestro derecho a comentar los hechos según nuestra mirada, lo que hemos valorado. La libertad de expresión es un derecho humano y en ese diario, por lo demostrado, sí se cultiva con creces, con lo cual se evidencia que los nuevos directores y su presidente, todos de derecha, tienen un  estándar ético digno de encomio lo que garantiza un buen tratamiento de las noticias.

Como todo en la vida es perfectible, compartimos la posición expresada por el sindicato de periodistas de ese diario, en orden a que a partir de un futuro próximo el mismo sea un diario de Estado con una diáfana función pública y con participación de gente competente en los diversos temas del acontecer nacional. Lo importante es preservarlo para que en nuestro país haya mayores espacios de pluralismo y objetividad informativa. Es imperioso disponer del derecho a la información fidedigna, lo cual no se garantiza con los 2 medios privados dominantes porque éstos ejercen legítimamente roles de carácter comercial, los cuales, no siendo indeseables, son insuficientes en todo país civilizado.

Los que impulsamos la transparencia en las actuaciones públicas, los que criticamos con potencia la falta de probidad administrativa, los que denunciamos el perverso doble estándar, los que evidenciamos la creciente corrupción en ciertos sectores de la economía, los que fustigamos a aquellos situados en las altas esferas del sector privado, en definitiva los que deseamos que Chile sea un país modelo en Sudamérica y digno de pertenecer a la OCDE, somos fervientes partidarios de que La Nación renovada siga existiendo para que se mantenga un cierto equilibrio en el tratamiento de los hechos que la ciudadanía debe conocer día a día.

Es pertinente dar un ejemplo clarísimo referido a cómo los tres diarios mencionados abordan situaciones contingentes. En efecto, El Mercurio, La Tercera y La Nación, en sendos editoriales, criticaron acerbamente el reciente rechazo en el CORE de una nueva expansión urbana en la región metropolitana y a los 3 les solicitamos un derecho a respuesta para precisar ciertos contenidos erróneos. Solo La Nación accedió a publicar la aclaración.

En todo caso, comprendemos que en tal episodio El Mercurio y La Tercera promuevan lo que ellos consideran bueno para sus intereses, cuales son, las mayores oportunidades en la oferta de uso de suelo urbano barato para posibilitar el crecimiento de la actividad inmobiliaria, pero hay variables y normativas vigentes que esos diarios no dieron a conocer a sus lectores, quienes, por lo tanto, se quedaron con una información parcial de los hechos reales.

Ellos querían describir la situación en forma sesgada, lo que en sí no es tan malo, porque los seres humanos somos imperfectos, pero era necesario relatar la situación con un prisma más amplio y con La Nación ello se consiguió. Entenderíamos que este ejemplo concreto motivará al actual gobierno para, después de analizar el marco legal de diario, negociar con la empresa controladora con la idea de crear un estatuto que garantice a toda prueba su autonomía, pluralismo y objetividad para beneficio de la sociedad en su conjunto. Así, su línea editorial sería independiente de verdad y sin tutelas de nadie.

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