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Concertación y derecha: ¿quién conoce mejor a la prensa?

por 27 julio 2010

Concertación y derecha: ¿quién conoce mejor a la prensa?
Ha sido a través de los medios que se ha presionado realmente al Presidente, por ejemplo, en torno a sus conflictos de interés, ¿o alguien ha visto en las calles, las paredes, en las universidades o en algún otro lugar que no sea la prensa que se le pida a Piñera que venda CHV?

Ocurre en nuestro país una aparente paradoja: por un lado, observamos una altísima concentración en la estructura de propiedad de los medios de comunicación que, de acuerdo al sentido común, favorece a la derecha chilena y conviene a este gobierno y, por otro, vemos que para a este mismo gobierno los medios han significado más de un dolor de cabeza.

En cuanto a la concentración de la industria medial y su afinidad ideológica con la derecha, es ya lugar común hablar en Chile del “duopolio de la prensa escrita” (Copesa y Grupo Edwards), duopolio que comienza a conformarse el mismo 11 de septiembre de 1973 cuando se prohíbe toda la prensa no afín a la dictadura. A ello sumemos que Sebastián Piñera es dueño de Chilevisión y que en su calidad de Presidente tiene injerencia directa sobre nombramientos directivos en TVN y también en la designación de los consejeros del ente fiscalizador de la televisión chilena, el CNTV.

No obstante, vemos que, a pesar de esa concentración, los medios y, en general, lo comunicacional, se han convertido en un permanente problema para el Gobierno. Recordemos recientes portadas del diario más leído de Chile, Las Ultimas Noticias, propiedad del grupo Edwards, cuando titulaba con el distante saludo entre Bielsa y Piñera (“¡Oooooso!”), o cuando - también en portada – aludía al bochorno que protagonizó el Ministro de Minería en el Congreso con su extraña risotada durante una conferencia de prensa de senadores de oposición. O la actitud de un periodista –rostro de CHV (Iván Núñez) quien fue el único profesional que se negó a ser pauteado por los asesores del Presidente Piñera y prefirió retirarse, antes que realizar una entrevista con restricciones. O las imitaciones de Kramer a Piñera en pleno horario prime de TVN, gozadas sin disimulo por Camiroaga. O el cuerpo dominical de La Tercera, abriendo fuego a través de la voz del senador Allamand, contra la gestión comunicacional de Ena von Baer.

Es posible que en nuestro país ocurra la (aparente) paradoja de que sean los equipos concertacionistas los que mejor conocen a la prensa chilena que es mayoritariamente de derechas.

Ha sido a través de los medios que se ha presionado realmente al Presidente, por ejemplo, en torno a sus conflictos de interés, ¿o alguien ha visto en las calles, las paredes, en las universidades o en algún otro lugar que no sea la prensa que se le pida a Piñera que venda CHV?

El asunto comunicacional se ha vuelto tan complicado que sectores de la propia derecha han cuestionado el papel de Ena von Baer, ministra - vocera del Gobierno y encargada de esta cuestión.

¿Qué nos indica, al menos en parte, lo anterior? que el control sobre la propiedad de los medios no asegura el control sobre el discurso de los medios, de manera lineal y automática.

Lo primero (el control sobre la propiedad) ya está, en general, resuelto en el mundo occidental: las elites son propietarias de los medios y en los últimos 30 años se ha configurado intercontinentalmente una estructura mediática muy concentrada (a pesar de las legislaciones antimonopólicas). Pero que la propiedad no lo resuelve todo lo demuestra el caso del premier Silvio Berlusconi. Siendo propietario de los tres principales canales de televisión (que concentran el 40% de la audiencia), insiste en acusar a la prensa de “roja” y promueve actualmente una ley mordaza, fuertemente resistida por algunos periodistas.

Lo segundo (el control sobre su discurso) requiere de otras estrategias. Se trata de un juego más delicado, y que en el marco de las democracias suele ser menos directo, pues se debe mantener las apariencias de libertad de información y de autonomía periodística.

Es la llamada “comunicación estratégica” la que se encarga de esta cuestión: asesores de prensa, relacionadores públicos, consultores, agencias, etc., todo un ejército de profesionales que saben de comunicación y que muchas veces han trabajado en los medios, desarrollan para la elite chilena estrategias comunicacionales con el fin de que los medios reproduzcan sus puntos de vistas y de que el potencial perturbador de la prensa - que aún persiste a pesar de sus propietarios - se pueda controlar lo más posible.

Tal vez sea en ese contexto que se deba interpretar que en sus cuatro meses de gobierno el Presidente Piñera haya ya sostenido (al menos) tres reuniones con los directores de los principales canales de la televisión chilena, o la multimillonaria licitación (5 millones de UF) para la realización de las campañas publicitarias del gobierno que se anunció este mes.

Por su parte, la Concertación tiene 20 años de intensa experiencia respecto del triángulo comunicación estratégica – medios- acción política. Las principales agencias de comunicación se consolidaron a mediados de los 90 y pertenecen a miembros de la elite concertacionista: Extend; Tironi Asociados, Imaginaccion, etc. Todos los ministerios contaron en estos años con equipos de prensa que tuvieron que lidiar con el desafío del duopolio, lo mismo las bancadas parlamentarias y lo partidos concertacionistas.

Es ese sentido, es posible que en nuestro país ocurra la (aparente) paradoja de que sean los equipos concertacionistas los que mejor conocen a la prensa chilena que es mayoritariamente de derechas.

Habrá que ver cómo lidia con este asunto el gobierno y cabe esperar que no siga el ejemplo de Berlusconi.

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