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La pobre política

por 30 julio 2010

Da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional.

Dos semanas han pasado desde que se dieron a conocer los primeros resultados de la CASEN; y dos semanas han pasado de un debate político descentrado, casi irónico frente a las cifras.

Importantes figuras de gobierno y oposición toman el micrófono para decir “quién fue”, pero prácticamente ninguno se plantea preocupado del “qué hacer”. Hoy pareciera que la norma es apuntar con el dedo sin importar la imprudencia, no levantar la mano y proponer. Y es que tal vez una de las cosas que más se odia de nuestra actual política es la detestable actitud de no defender ideas, temas, o soluciones, sino posiciones, no discutiendo finalmente el mensaje y su contenido, sino adquiriendo el hábito de discutir contra el mensajero y su forma.

Al igual que un índice de la CASEN que pretende reflejar la situación social del país, se nos muestra el brutal índice de la falta de propuesta en el debate político, que también nos habla de un tipo de pobreza, nos habla de la “pobre política”.

Da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional.

Junto con mostrarnos los desafíos en distribución del ingreso, lo desechable del discurso político a raíz de este punto nos muestra la fatal distribución del poder. La desigualdad social en Chile camina junto a la desigualdad de la toma de decisiones, de la influencia, del poder, donde la posibilidad de que nuestros políticos en Chile realmente “compadezcan” (en el sentido de “padecer con”) junto a quienes están marginados es prácticamente nula. La inserción en las comunidades y los procesos participativos es solo privilegio de algunos (que por lo demás portan un ascetismo admirable), pero lo cierto es que la gran mayoría no vive “para”, sino “de” la política, ante lo cual la posición y la imagen serán centrales. De ahí entonces la actitud de guardar el polvo bajo la alfombra, no buscar las soluciones sino procurar que no se vea mal. Nada más terrible para la pobreza, no buscar soluciones, sino ocultar los problemas.

Los datos en la CASEN son un reflejo del aumento en el precio de la canasta básica. Paradojalmente mientras las frutas, el agua y el maíz aumentan sus precios, los plasmas, autos, y “I Phones”, los bajan de manera inversamente proporcional. Hoy la vida de lujo es cada vez más barata, pero la sobrevivencia cada vez más cara; un relato perfecto de la sociedad que estamos construyendo, lo que percibimos como central y como accesorio, el lugar en que ponemos a las personas y donde situamos las cosas. En este caso, los precios nos hablan de nuestros valores, y viceversa. Pero tan paradojal como lo anterior es nuestra “pobre política”, donde si la persona está en el centro, es para nominarla como culpable, aunque sea con argumentos ficticios, da igual que omitamos información o queramos presentar los datos de la manera en que mejor convenga a mi gobierno o coalición, total no es un asunto de verdad ni de moral, sino de técnica comunicacional. Pero “las personas”, por ende, el país, estarán en tercera o cuarta prioridad, y si esas personas están en la periferia de nuestra sociedad, ahí al lado del basural, de la línea del tren, debajo de la autopista o en una quebrada, donde los valores y los precios decaen, pues será tema en las portadas una vez al año, más un medio que un fin.

Chile no solo padece de un 15% de pobreza, sino padece también de una “pobre política”. Pobre cuando ningunea a la pobreza, pobre cuando se baña de solo rentabilidad y no de humanidad, pobre cuando se mueve por presiones más que convicciones, pobre cuando ofrece cuñas más que testimonios, pobre cuando le duele en el ego las cifras, y no en el alma.

Esta “pobre política”, más que desmotivarnos nos debiera producir el efecto contrario, un desafío a cada ciudadano con estos dos tipos de “pobrezas” y el eventual compromiso con el futuro de ambas. Mientras menos nos ocupemos de la pobreza y la desigualdad, más fuerte será, mientras más alejados y desinteresados estén los ciudadanos y ciudadanas de la “política”, más pobre será.

Entonces hoy me pregunto (sin esperar respuesta alguna) ¿qué proponen los mismos que estas dos semanas han apuntado con el dedo y han copado páginas de diarios y pantallazos buscando responsables? No únicamente para superar la pobreza social y la desigualdad de nuestro país, sino también el estado de la “pobre política”. No tengo muchas expectativas,  no le exijamos al actual sistema un acto contra-intuitivo, probablemente las soluciones pasen por un cierto grado de autodestrucción de los que hoy están en el poder.

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