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Gastos en administración: critica liviana y peligrosa

por 31 julio 2010

El análisis que hace Mideplan, además de liviano, es peligroso: pone en duda la continuidad de programas sociales no sólo bien evaluados por sistemas externos implementados por la Dirección de Presupuestos, sino también altamente pertinentes.

El incremento de la pobreza registrado por la encuesta CASEN 2009 es doloroso y preocupante, pero no sorprendente. Ha quedado bastante claro que se explica principalmente por la crisis económica internacional, el alza del desempleo y el precio de productos de consumo básico, que generaron un alza muy pronunciada en el valor de la canasta básica. Es más: si la canasta no hubiese tenido un alza desmesurada y anormal, quizás la Casen habría mostrado una disminución de la pobreza. ¿Se habría concluido a partir de ello que toda la política social estaba bien gestionada? Ello habría sido tan falto de rigor intelectual como decir hoy que todo está mal.

En Chile hemos tenido notables avances en la reducción de la pobreza en las últimas dos décadas, fruto de la capacidad de la economía para generar riqueza y de buenas políticas sociales que han contribuido a que esta riqueza se reparta algo mejor. Sin embargo, la tarea aún es demasiado ardua y, con crisis o sin crisis, todavía tenemos a muchas familias que viven en una situación excesiva de vulnerabilidad y una situación de muy mala distribución del ingreso.

El análisis que hace Mideplan, además de liviano, es peligroso: pone en duda la continuidad de programas sociales no sólo bien evaluados por sistemas externos implementados por la Dirección de Presupuestos, sino también altamente pertinentes.

Por eso resultan preocupantes algunas reacciones generadas por los resultados de la Casen 2009 que han criticado con poca responsabilidad las políticas sociales implementadas para combatir la pobreza. Las críticas no van al fondo del problema y distraen de la tarea: lo importante es seguir avanzando e innovando en el exitoso camino recorrido en materia de políticas sociales y no dejarse llevar por el afán sospechoso de criticar lo avanzado, para señalar al adversario sin mostrar evidencia suficiente que respalde la crítica.

Un ejemplo es la insistente crítica de Mideplan sobre una supuesta poca eficiencia de programas sociales. Cita como ejemplo al FOSIS señalando que el 35% del presupuesto se quedaría en “gastos administrativos”. Lamentablemente otros líderes de opinión se han basado en dicha información mañosa  para poner en duda la eficacia de algunas políticas sociales.

Es preciso señalar en primer lugar, que el cálculo que informa Mideplan es incorrecto. No podemos en este espacio entrar en mayores detalles, pero con información de respaldo puedo afirmar que utilizando el criterio más extenso posible para definir gastos administrativos, el FOSIS gastó el año pasado $14.338 millones por este concepto, incluyendo profesionales que realizan labores de acompañamiento a usuarios en terreno, evaluaciones de resultados que se realizan terminada la intervención de un programa y muchos otros gastos que están lejos de constituir “burocracia”, como se ha dicho. Pues bien, esta cifra de gastos administrativos alcanza a un 24% del presupuesto del año 2009,  casi un tercio menos de lo calculado por  Mideplan.

En segundo lugar, llama la atención que para criticar políticas sociales impulsadas en los últimos años, Mideplan se base en una cifra que pierde sentido si no se pone a la luz del contexto en el cual se desarrolla la acción del FOSIS: un servicio que atendió el año 2009 a alrededor de 180 mil personas y familias, repartidas por todo el territorio nacional. Si distribuimos el citado gasto administrativo en cada uno de estos usuarios, llegaremos a una cifra per-cápita en torno a los $80.000 anuales. ¿Es esa cifra muy elevada considerando toda la labor que el servicio debe realizar en terreno en favor de estas personas? Por el contrario, difícilmente podemos hablar que estamos en presencia de un despilfarro de recursos.

El análisis que hace Mideplan, además de liviano, es peligroso: pone en duda la continuidad de programas sociales no sólo bien evaluados por sistemas externos implementados por la Dirección de Presupuestos, sino también altamente pertinentes, pues su impacto está en la superación de la  pobreza a través del fortalecimiento de la actividad emprendedora entre las familias más pobres (tema que da para otra columna). Cuando se habla de la importancia del empleo para superar la pobreza, no se entiende que se desprestigien esfuerzos que muestran evidencia de ser  buenos instrumentos para combatir la pobreza.

El gobierno, y en particular Mideplan, han comprometido sus esfuerzos en evaluar los programas sociales. Eso hay que celebrarlo pues contribuye a  lograr la mayor eficiencia en el uso de recursos públicos destinados a generar más oportunidades entre los pobres. Pero hay que hacerlo con extremo rigor. Lo que se ha hecho con la información entregada por la CASEN 2009, no es un buen comienzo.

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