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La distribución silenciosa

por 2 agosto 2010

Tiene algo de curioso e impreciso que cuando se habla de estadísticas de pobreza se haga generalmente sobre datos de ingreso. Uno de los problemas de hacerlo es que, incluso si se reportan los ingresos totales (autogenerados más transferencias monetarias del gobierno), se quedan fuera los usos de servicios subsidiados. Un segundo problema, se manifiesta cuando queremos tener una idea de distribución de riqueza en distintos momentos del ciclo económico. A esto último apunta esta nota.

Es conocido que la dotación de capital humano - (vis a vis el capital físico y financiero)- condiciona ciertos tipos de distribución del ingreso. Mientras los segmentos pobres poseen el precario capital de sus poco entrenadadas capacidades, aquellos más afortunados tienen no solo mayor educación sino frecuentemente alguna porción de riqueza en la forma de bienes inmuebles o instrumentos financieros. Cierto es que los más pobres podrían tener también algún saldo invertido en acciones por ejemplo, si es que alguna vez han cotizado en una AFP, pero no pasarían de ser episodios puntuales por montos insignificantes como para generar alguna renta autónoma..

Pues bien, si la capacidad de generar ingreso depende de un capital humano ínfimo, no debiera sorprender entonces que los ciclos económicos recesivos estanquen el ingreso de los más pobres cuando los puestos de trabajo se hacen inestables o más difíciles de obtener. Es lo que mostró la encuesta Casen para los ingresos autónomos del decil más pobre de la población.

A su turno, los segmentos de mayor ingreso pueden no solo defender sus empleos por con capital humano en la forma de habilidades específicas, precisamente aquellas que son más caras de re-entrenar por los empleadores y por lo tanto de despedir.

Sin embargo y si de capacidad de generar renta se trata, debe observarse como factor adicional el que los segmentos más ricos se pueden beneficiar además de ganancias de capital por la posesión de activos físicos o financieros. Ninguna de estas es captada por encuestas de ingreso como la Casen.

Dichas ganancias, por la valorización de bienes depreciados en las crisis, no son raras de observar durante la salida de las fases de caída en la actividad económica. Es lo que parece haber ocurrido en Chile durante 2009 cuando comienza a anticiparse el fin de la crisis de crédito del año anterior. Los precios de los activos se recuperaron con fuerza después de haber caído durante la crisis de crédito de 2008.

Así y para tomar una variable ‘proxy´ del precio de los activos distintos del capital humano, podemos observar el índice IGPA de las acciones transadas en la mayor bolsa chilena. Los precios se recuperan en 2009 quedando en términos reales, 17.1% por encima de 2006 en un contexto de tasas de interés bajas que hace atractiva la compra de inmuebles y acciones.

Resultado: las ganancias de capital muestran un aumento entre 2006-2009 que casi duplica el incremento de 9.2% de los ingresos reportados por el decil más rico en la encuesta Casen sobre ingresos autónomos.

Conclusión: Los reportes de ingreso subestiman los cambios de riqueza que ocurren durante los ciclos económicos cuando los precios de los activos pueden generar rentas vía ganancias de capital. Estas pueden resultar importantes para los sectores de ingresos más altos desde el punto de vista de la riqueza y la capacidad de generar ingresos futuros, montos de importancia que no son capturados por cifras que descansen solo en cuestionarios de ingreso.

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