Martes, 6 de diciembre de 2016Actualizado a las 09:07

Autor Imagen

Negociaciones Estilo Chileno

por 2 agosto 2010

En "La Tercera" de hoy, Patricio Navia, columnista de izquierda que, a diferencia de sus conmilitantes de la misma tendencia, suele ser sorprendido con inusitada frecuencia diciendo la verdad (hábito poco chileno, probablemente adquirido en sus años en los Estados Unidos), hace un balance del cumplimiento dado por Sebastián Piñera al compromiso contraído con él durante la campaña presidencial, a cambio de su apoyo, en el sentido de que el primero se lo daría si el segundo cumplía tres condiciones: no designar a pinochetistas en altos cargos, dejar de lado el elitismo en sus nombramientos y deshacerse, antes de asumir, de los activos patrimoniales que le significaran conflictos de intereses.

Ahora Navia da por cumplido el primer compromiso. Lo hace de manera generosa, a mi juicio, pues considera suficiente que los pinochetistas que sí han sido designados hayan abjurado de esa condición después de 1990. Si por "pinochetistas" se entendiera a los que lo fueron antes, sólo un muy escaso número de las principales designaciones cumpliría el requisito. Desde luego, no lo satisfaría ni siquiera el Ministro del Interior, quien ha confesado que votó "sí" en el plebiscito de 1988, lo que hoy califica, por supuesto, como "un pecado de juventud".

La segunda exigencia de Navia no se ha satisfecho en absoluto, pese a que él la da, también con excesiva generosidad, por parcialmente cumplida. Pues las designaciones han sido netamente "elitistas", es decir, han favorecido a elementos que indudablemente pertenecen a la crema y nata del país por diversos conceptos, no excluido el social. Y eso es bueno, porque ésos son los elementos más capacitados y confiables en sus respectivas áreas. Tanto que habría sido grave para Chile que Piñera hubiera cumplido esta promesa hecha a Navia. Afortunadamente para el juicio sobre el grado de cumplimiento de aquél, éste la da por parcialmente satisfecha.
Y la tercera, y esto sí que el mismo Navia lo certifica, tampoco fue cumplida en absoluto, pues Piñera no se deshizo de sus activos representativos de conflictos de interés antes de asumir, y todavía no termina de hacerlo. Incluso ha manifestado su propósito de mantener indefinidamente uno de ellos bajo su dominio (las acciones de Blanco y Negro S. A.), pues el venderlas abriría una herida en "su corazón" o "su alma" (no recuerdo bien), cosa notable, desde que él toda su vida fue hincha de la UC.
El hecho es que Navia bien podría haber hecho un juicio más severo del que formula hoy, ante la evidencia de que todo cuanto entregó a cambio de lo que no recibió ya no lo puede recuperar. Hay que saber con quién se negocia.

Y un comentario final ilustrativo: cuando se cerró el trato Navia-Piñera, el primero confiaba en que ello no se difundiría, pues a nadie le gusta aparecer desertando de las filas en que ha militado siempre; pero el segundo, obviamente, sí quería que se supiera, pues con ello aparecía ampliando la base de sus partidarios con un elemento destacado de la intelectualidad concertacionista, en detrimento de su principal adversario. Y, en consecuencia, lo dio a conocer, pero, a su vez, prefirió no revelar las condiciones comprometidas, pues éstas implicaban anunciar la marginación de su futuro gobierno de partidarios suyos representativos de, posiblemente, una mayoría de su electorado potencial, constituida justamente por el pinochetismo. (Que éste era la mayoría lo demostró el hecho de que el partido más cercano al pinochetismo, la UDI, obtuvo el doble de diputados que el más alejado, RN). Por eso he sostenido que Piñera fue Presidente gracias al voto pinochetista, a cuyos representantes más conspicuos se comprometió con Navia a marginar de su gobierno.

El candidato prefería, por eso, que esas condiciones no se supieran.

Pero Navia, al ver publicada su adhesión a Piñera, necesitó, en defensa de su buen nombre, dar publicidad a la integridad de la negociación que había tenido con Piñera y que le permitía "salvar la cara", no quedando como un simple desertor por motivos no explicados. Y entonces publicó todos los correos intercambiados entre ambos, a página entera en "La Tercera". Pero ellos aparecieron nada más que en "La Tercera", pues otros órganos partidarios de Piñera consideraron preferible no revelar los detalles de la "desconocida" del candidato a la mayor parte de su electorado (el pinochetismo). Y también los medios adeptos a la Concertación preferían, a su turno, no dar eco a una deserción tan significativa.

Todo esto ya es historia. Probablemente sólo "petite histoire". Pero ya que uno de sus protagonistas ha publicado hoy un balance de la negociación que protagonizó, un breve trabajo de "auditoría", que haga presentes todos los hechos de dicha negociación, puede ser de utilidad para su debida constancia en la ya demasiado trajinada memoria colectiva.

Ver el posteo original

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes