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Maradona, Michelle, la ex polola y el pájaro en la mano

por 3 agosto 2010

Maradona, Michelle, la ex polola y el pájaro en la mano
Hay que reconocer que la tesis del “gordismo” se destaca por lo febril. Atribuirle al fanatismo la raigambre de Bachelet subraya la desesperación de los adversarios de la ex Presidenta y la exasperación de los analistas que no hayan por dónde explicarla.

El oficialismo no puede evitar dejarse llevar por su inquina contra Michelle Bachelet, y algunos analistas apenas disfrazan su hostilidad contra la ex presidenta. Cristóbal Bellolio, normalmente sensato, ha llegado al extremo de comparar su popularidad con la de Diego Maradona. El paralelo es pintoresco, pero no resiste análisis: aún con el terror palpable de contrariarlo, a Maradona lo echaron con viento fresco. Ni Perón resucitado lo pondría otra vez al mando de la albiceleste. En contraste, si Bachelet realmente tuviera ganas de hacerlo, montaría una campaña imparable, incluso con el lastre de la coalición descerebrada que hoy insiste en llamarse "Concertación".

La maniobrilla retórica Maradona=Michelle recurre a nociones de folleto turístico, como que la nación argentina tiene “un alma escapista” y una “idiosincrasia exuberante”, mientras que los chilenos seríamos opacos, serios, y con los pies en la tierra.  El politólogo de la Adolfo Ibáñez concluye que lo que Bachelet inspira no puede ser otra cosa que un sobrio fanatismo ciego. Una vez que se le agota la pólvora maradoniana, Bellolio insiste al final de su análisis con eso de la “Mamá Michelle”. Maradona y la Madonna, etcétera, etcétera, y más etcétera.

Completando el cuadro predecible, al diputado Nicolás Monckeberg no se le ocurre nada más ingenioso que referirse a Michelle como “la típica ex polola que caló en tu corazón”.

Ya que estamos en el juego de los paralelos febriles, uno podría proponer  que la operación anti-Bachelet (memorándum filtrado incluido) se asemeja en varios aspectos al Kiotazo, de amarga memoria para Piñera.

Hay que reconocer que la tesis del “gordismo” se destaca por lo febril. Atribuirle al fanatismo la raigambre de Bachelet subraya la desesperación de los adversarios de la ex Presidenta y la exasperación de los analistas que no hallan por dónde explicarla. El gobierno ha invertido grandes cantidades de energía y recursos en el intento de destruir la imagen política de Bachelet, haciendo de esto prácticamente una política de Estado. El mismo Piñera se puso al frente de las operaciones contra su antecesora con un instructivo tan histérico como el memorándum comunicacional que se filtró la semana pasada. Es asombroso que cuando todavía no cumple ni medio año en La Moneda,  el gobierno ya esté peleando con espectros del 2013. Debe ser un récord mundial.

Ya que estamos en el juego de los paralelos febriles, uno podría proponer  que la operación anti-Bachelet (memorándum filtrado incluido) se asemeja en varios aspectos al Kiotazo, de amarga memoria para Piñera. Pero a pesar de que serviría como formulación heurística para caracterizar el estilo de gobierno como una serie de prácticas derivadas del manual de guerra entre empresarios, desviaría la atención de lo más esencial (el “dato duro”, como dice Von Baer, con rostro ídem): la resistencia del capital político de Michelle Bachelet ante cualquier embate.

Este asunto, entre paréntesis, no debe preocupar sólo a la Alianza, sino también a la desvencijada Concertación, que tan mal parada salió en el oráculo sibilino del CEP. Si Bachelet decide dar la pelea por volver a la presidencia, su primera misión será sacudir los escombros de su entorno y reformar radicalmente el modo en que sus partidos se relacionan con la sociedad civil. Hay una brecha demasiado grande entre el penoso 29% de la Concertación y ese 77% insólito de la ex Presidenta. Lo que estas cifras dicen es su mandato, más que oponerse a Piñera, es el de reinventar la Concertación.

Los lugares comunes están a la orden del día en los análisis piñeristas sobre Bachelet. Patricio Navia titula enigmáticamente su comentario sobre la encuesta de la CEP “Más vale Michelle en mano...”. La maniobrilla en su caso consiste en exagerar la incompatibilidad entre adherir a Bachelet y querer reformular la Concertación. Uno se pregunta cuál sería la segunda parte del refrán, pero entre su retahíla de non-sequiturs y de obviedades uno se da cuenta de que no vale la pena desentrañar ese misterio, como tampoco vale la pena fantasear, aunque sea para entretenernos, lo que Michelle y Maradona tienen en común con esa ex polola de cuyo nombre no nos olvidamos, aparte de lo que dice la báscula.

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