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Bielsa, un Maturana en el fútbol chileno

por 4 agosto 2010

Un interesante aspecto del trabajo de Bielsa es el tiempo y dedicación que realiza en pos de influenciar la conducta de cada uno de sus dirigidos, asumiendo implícitamente que cada jugador es el resultado de un proceso histórico único.

La selección chilena clasificó al mundial de Sudáfrica 2010 en un histórico segundo puesto. Además, en la clasificación derrotó a selecciones donde nunca antes lo había logrado; a saber, el empate en Montevideo frente a la selección uruguaya; el triunfo sobre Argentina donde Chile, en Santiago, se vio notoriamente superior y luego del cual su entrenador -Alfio Basile- terminó renunciando diciendo que los chilenos parecían 15 jugadores contra 10; el triunfo en Lima por 3-1 luego de 24 años; el triunfo en el Defensores del Chaco por 2-0 frente al líder de la clasificatoria en ese momento (Chile no ganaba desde 1982 en Paraguay, es decir, hace 28 años). A su vez, Chile tuvo al exclusivo goleador de las clasificatorias, Humberto Suazo. Y finalmente, hay que mencionar los históricos triunfos conseguidos en Sudáfrica, algo que no sucedía desde el mundial del 62.

¿Cómo es posible que los futbolistas chilenos hayan vencido finalmente el “histórico karma chileno“?, ese que ni el gran Chino Ríos pudo contrarrestar cabalmente.

La respuesta a dicho enigma es mucho más sencilla de lo que se podría  pensar. No es necesario recurrir a la sapiencia de nuestros perspicaces teóricos de la prensa y la TV como Guarello, Matamala, Solabarrieta o Bonvallet, sino que basta remontarse a otro sabio un poco más antiguo: Aristóteles sostuvo, en el siglo III a.c., que las virtudes se adquieren a través de la costumbre, el ejercicio y el hábito. A esto añadió que los rasgos conductuales forman el carácter y juegan un rol fundamental en el establecimiento de una historia en particular.

Un interesante aspecto del trabajo de Bielsa es el tiempo y dedicación que realiza en pos de influenciar la conducta de cada uno de sus dirigidos, asumiendo implícitamente que cada jugador es el resultado de un proceso histórico único.

Si bien esta problemática fue materia de discusión filosófica a lo largo de la historia, desde el siglo XIX fue abordada por la biología. De hecho, uno de los prismas biológicos actuales más interesantes, de gran simpleza y claridad conceptual, fue acuñado nada más y nada menos que por el científico chileno Humberto Maturana Romesín.

Maturana postula -entre otras cosas- que la “historia biológica” (o dicho de un modo más técnico, la evolución orgánica) de un linaje se repite o se conserva en tanto la conducta se reitere. De lo cual se deriva que para modificar la historia biológica es necesario cambiar la conducta. Si ésta se modifica -por las razones que sean-, la historia cambia inevitablemente. Un notable ejemplo se observa en el caso de los roedores octodóntidos endémicos de Sudamérica: estudios científicos filogenéticos recientes muestran que un particular grupo de esta familia, derivó su conducta visual diurna-crepuscular hacia una nocturna, generándose en un breve lapso evolutivo (2 millones de años), cambios estructurales dramáticos tales como el surgimiento de una nueva especie, caracterizada por el aumento en la frontalización ocular, conllevando inevitablemente al aumento de su estereopsis o visión binocular. Del mismo modo, la gran frontalización ocular presente en los primates diurnos (incluyendo los humanos), se explica en gran medida por la prolongada conducta visual nocturna de nuestros ancestros primates (Heesy 2008, Ross 2007).

¿Es posible entonces analogar la historia de un linaje (filogenia) con la  de un organismo o persona (ontogenia)? Para Maturana “la filogenia es una sucesión reproductiva de ontogenias, por lo tanto, un linaje es el resultado de la conservación reproductiva de una ontogenia y no al revés”.

Lo que Bielsa aprendió y descubrió, al igual que Maturana en la década del 70, es que la historia cambia en tanto la conducta cambie. Así de simple. “Por lo tanto”, Marcelo debió haber pensado, “si quiero que la historia del fútbol cambie o se conserve, debo cambiar o conservar la conducta de los jugadores”.

Los antecedentes muestran que el trabajo de Bielsa se concentra básicamente en 1) la esquematización del trabajo futbolístico colectivo: se realizan repeticiones mecanizadas  -usando sparrings- de jugadas hasta el hastío; 2) análisis individual de virtudes y defectos futbolísticos: este trabajo se basa en registros audiovisuales de cada uno de sus pupilos, dándole soluciones concretas para cada problema suscitado; y 3) el aspecto sicológico: Bielsa otorga perspectivas sociales contundentes a los jugadores, resaltando entre otras cosas, hasta dónde han llegado gracias a su propio esfuerzo: por ejemplo los hace viajar en clase ejecutiva (situándolos a la misma altura de los dirigentes).

Un interesante aspecto del trabajo de Bielsa es el tiempo y dedicación que realiza en pos de influenciar la conducta de cada uno de sus dirigidos, asumiendo implícitamente que cada jugador es el resultado de un proceso histórico único. O dicho de un modo conclusivo, Don Marcelo, en su particular forma de ver el fútbol, logra  mediante sus métodos cambiar la conducta del jugador -en este caso la del chileno-, y al hacerlo cambia inevitablemente la historia de éstos en su conjunto.

Es de esperar, que la continuidad de su trabajo logre resultados aún más sorprendentes en las próximas clasificatorias y mundial de Brasil 2014.

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