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Conflicto Mapuche: la bomba de tiempo

por 5 agosto 2010

Conflicto Mapuche: la bomba de tiempo
Las nuevas autoridades deben superar un error común en la centroderecha en relación al llamado “Conflicto Mapuche”: creer que el problema es sólo un tema de pobreza. Lo es en gran parte, pero también tiene un componente de dignidad y reconocimiento que es fundamental. Tiene por tanto, un componente político que no se resuelve sólo con políticas sociales, sino también con decisiones políticas.

Esta columna también pudo haberse llamado “Conflicto Mapuche: el otro Transantiago de la Concertación”, debido a que -producto de políticas públicas irresponsables durante los gobiernos de la Concertación-, hoy en día nos encontramos a las puertas de un verdadero estallido del llamado “Conflicto Mapuche”.

En ese sentido, el  Gobierno de Sebastián Piñera tiene un desafío enorme para enfrentar las condiciones de violencia que hoy, peligrosamente, se están incubando en la Araucanía y que en gran parte son de responsabilidad directa de las administraciones anteriores. Fue la Concertación la que manejó de manera irresponsable el tema, tanto con los recursos públicos destinados a las políticas indígenas como con las promesas hechas a los grupos más radicales.

Es así como a pocos meses de iniciado este nuevo Gobierno, se puede evidenciar un elevadísimo grado de corrupción tanto en la CONADI como en el programa ORIGENES durante los gobiernos concertacionistas. Y eso, no ha hecho más que producir una enorme frustración en las comunidades mapuche que sienten que se les ha robado gran parte de los recursos públicos destinados a su desarrollo.

Sería un error pensar que la simple “mano dura” logrará reducir el problema. Por el contrario, podría agravarlo y terminar fácilmente en hechos de sangre.

Tras 20 años de la Concertación en el poder, hoy los mapuche están decepcionados con el sistema político, pues las políticas indígenas que se han aplicado no se han realizado con un sentido de Estado. Por el contrario, fueron más bien usadas para incrustar una serie de operadores políticos que se encargaban de mantener y atraer el supuesto “voto mapuche”.

Es precisamente por esta realidad, que tanto comunidades como dirigentes indígenas desconfían de la capacidad del sistema político de canalizar sus inquietudes y, por tanto, se legitiman en gran medida soluciones propias y violentas.

Ante esta dura realidad, el actual Gobierno enfrenta una verdadera bomba de tiempo y debe definir que hará en los escenarios que se aproximan. Estos escenarios tendrán al menos los siguientes elementos:

1.- La actual huelga de hambre que mantienen más de 30 comuneros mapuches en distintas cárceles del sur de Chile.  ¿Qué hará el Gobierno cuando lleguen al día 40 de huelga y esté en riesgo la vida de los afectados?

2.- ¿Cómo se van a enfrentar las aspiraciones que ya se insinúan de tener una fase III del pésimamente mal evaluado Programa Orígenes?

3.- ¿Cómo se enfrentara  las promesas irresponsables del ex ministro Viera-Gallo a las comunidades y sectores más violentos y radicalizados del conflicto?

4.- ¿Cómo reaccionar a las expectativas creadas por el Fondo de Tierras durante los gobiernos de la Concertación?

5.- ¿Cómo se relacionará el Gobierno con los dirigentes y comunidades más radicales del movimiento mapuche? ¿Se negociará o sólo se aplicara la ley para resguardar el orden público?  ¿Se les tomara como interlocutores válidos para llegar acuerdos o se seguirá bajo el ya viejo argumento de que “no representan al pueblo mapuche”? En tal sentido, pretender dividir a las comunidades en leales al Gobierno y violentistas es una apuesta política sumamente peligrosa.

6.- ¿Cómo se va a entender el rol de Carabineros ante los hechos de violencia en la zona? Ello pues sería un error pensar que la simple “mano dura” logrará reducir el problema. Por el contrario, podría agravarlo y terminar fácilmente en hechos de sangre que justifiquen  y enciendan el conflicto por las próximas décadas, sin fin.

7.- ¿Cómo se va a enfrentar la necesaria reestructuración institucional de la CONADI, en forma rápida y convincente? Hoy es necesario que la nueva institucionalidad convenza y resulte eficaz y se aprecie por parte de las comunidades mapuches como un avance y no como un retroceso. Esto se lograría con la creación de un Ministerio de Asuntos Indígenas, sobre el cual aún no se tiene una postura oficial del Gobierno.

8.- ¿Cómo se va a enfrentar la relación con los observadores y organismos internacionales que visiten e informen sobre nuestro país en materias relacionadas con el pueblo mapuche?

9.- ¿Cuál va a ser la reacción ante cada nuevo atentado? ¿La misma reacción inútil de la Concertación en donde las autoridades repudiaban el atentado y presentaban una querella inútil contra “todos los que resulten responsables….” y esperar el otro atentando para hacer lo mismo?

    10.- ¿Cómo enfrentar el desafío territorial de las “zonas violentas” del conflicto?  Es conocido que la violencia en el “Conflicto Mapuche” tiene un fuerte componente territorial focalizado y por tanto demanda soluciones territorialmente focalizadas también.

    Ante estas interrogantes, las nuevas autoridades deben superar un error común en la centroderecha en relación al llamado “Conflicto Mapuche”: creer que el problema es sólo un tema de pobreza. Lo es en gran parte, pero también tiene un componente de dignidad y reconocimiento que es fundamental. Tiene por tanto, un componente político que no se resuelve sólo con políticas sociales, sino también con decisiones políticas.

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