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Crecimiento y creación de empleo: ¿por cuánto tiempo?

por 5 agosto 2010

En este escenario de escasez relativa de mano de obra, las empresas comienzan a “pelearse” entre si a los trabajadores de mayor capacidad cuyas remuneraciones van a aumentar rápidamente, con la consiguiente presión de costos.

El crecimiento del Imacec, los notables repuntes del IPSA y el claro mejoramiento en los diversos índices de confianza que han salido a la luz en los últimos días, unidos a los buenos augurios en el escenario internacional, nos permiten confiar, con buenas bases, en que la economía chilena está iniciando un período de alto crecimiento económico. Esta es, por lo demás, la promesa del actual gobierno, en la que sustenta gran parte de sus compromisos con la ciudadanía: crecer sostenidamente, a un ritmo del 6%.

Este escenario de crecimiento económico está a la base de uno de los más importantes desafíos planteados por el Presidente en su discurso del 21 de mayo: la creación de un millón de empleos, a la tasa de 200 mil al año. De estos 200 mil, 150 mil serían resultado del crecimiento y 50 mil por programas de empleo del gobierno. Para poner esta cifra en perspectiva, cabe recordar que en la década anterior se crearon poco más de 1.260.000 empleos netos, es decir, un promedio de 126 mil al año, cuando la economía crecía al 3,6% anual. Si ahora la economía va a crecer al 6%, la cifra comprometida de creación de empleos parece absolutamente alcanzable.

Sin embargo, lo que resulta de un análisis general como éste, esconde una de las mayores complejidades para un despegue definitivo de la economía chilena: el bajo nivel de competencias laborales (o “capital humano”) de una gran proporción de nuestra fuerza de trabajo. De no tomar medidas muy drásticas en este ámbito, las promesas de creación de empleo y de crecimiento económico, son difíciles de sustentar en el mediano y largo plazo.

En este escenario de escasez relativa de mano de obra, las empresas comienzan a “pelearse” entre si a los trabajadores de mayor capacidad cuyas remuneraciones van a aumentar rápidamente, con la consiguiente presión de costos.

En primer lugar, si se crean 200 mil empleos anual, durante 3 o 4 años, lo que ocurrirá probablemente es que, a partir del año 4 o 5, tendremos una gran demanda de trabajadores, por parte de las empresas, que no podrán ser satisfechas por los trabajadores desocupados, simplemente por el hecho de que éstos no presentarán el perfil requerido. Técnicamente hablando, estaremos en una situación de exceso de demanda y de exceso de oferta, simultáneamente, en el mercado de trabajo. En los primeros años de crecimiento, no lo notaremos, pues la demanda será satisfecha con “la crema” de los desocupados (aquellos más competentes). Pero con el paso del tiempo se irán quedando fuera los de siempre: los jóvenes, las mujeres y, en general, los de menor educación y con redes sociales más débiles. Como resultado, el cumplimiento de la promesa de creación de empleos en un plazo de más de 3 o 4 años se comienza a complicar.

En segundo lugar, esta insuficiencia de nuevos contingentes de trabajadores ocupados, se transformará, crecientemente, en un cuello de botella para el crecimiento.  En Chile ya ha ocurrido que, en escenarios de menor desocupación, se pierden oportunidades de creación o expansión de buenos negocios, por el hecho de no contar con trabajadores con el capital humano requerido. De no mediar políticas específicas, cada vez  se hará más difícil el crecimiento extensivo (incorporando más personas para hacer las tareas que ya estamos haciendo) pero, sobre todo, se comienza a hacer inviable el crecimiento extensivo (en base a tareas más complejas). En este escenario de escasez relativa de mano de obra, las empresas comienzan a “pelearse” entre si a los trabajadores de mayor capacidad cuyas remuneraciones van a aumentar rápidamente, con la consiguiente presión de costos.

La pregunta es: ¿vamos a solucionar este cuello de botella mediante la inmigración, y el cambio tecnológico acelerado?; ¿vamos a solucionar el “tema social” entregando subsidios permanentemente a aquellos que quedarán estructuralmente “fuera del baile” (en el sentido de la canción de Los Prisioneros)?

Una estrategia de desarrollo dinámico pero con rostro humano debe partir de la base que los 700 mil trabajadores desocupados, sumados a los más de 5 millones de “inactivos” (fundamentalmente mujeres) constituyen el principal recurso potencial para este país, recurso que debemos “activar” por la vía de la capacitación y la intermediación laboral.

Junto a la necesidad de emprender cambios de fondo en la educación, que darán sus frutos en 20 o 30 años, creemos oportuno que se generen desde ya, iniciativas innovadoras y de carácter masivo, para mejorar la empleabilidad de vastos sectores de nuestra población que no quieren mirar el crecimiento desde una vitrina.

Hasta el momento, hemos escuchado anuncios que apuntan a subsidiar los ingresos familiares de los más pobres, a través de un “salario ético”, lo que significaría un enorme paso en materia de protección social. Nos falta escuchar propuestas concretas orientadas a “integrar” a estos sectores al mercado del trabajo y al emprendimiento. No es más que volver al ya antiguo adagio de que la solución definitiva “no consiste en dar pescado, sino en enseñar a pescar”.

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