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Todos saliendo del closet

por 5 agosto 2010

En la medida que el gobierno de Piñera –en su política si no en sus personajes– es más moderado de lo que a algunos les hubiera gustado. Es una manera de presionar; en el fondo es una lucha por el futuro de la derecha.

No sé si ha sido el terremoto (el haber coqueteado con la mortalidad), el cambio de gobierno, o el frío que nos tiene a todos un poco entumidos física y mentalmente, pero tengo la impresión que hace meses existe un ambiente en que la gente no tiene pudor en abrir la boca y permitir que salga lo primero que se les ocurra, aunque sea la estupidez más grande o que ofenda a la mitad del país. Desde el otrora embajador Otero y los consejos anticonceptivos del Sernam, hasta la Miss Junji y una reciente carta en El Mercurio donde un señor sostiene que la representación de los pueblos indígenas en el excelente programa ‘Algo Habrán Hecho’ es ‘consecuencia de un populismo indigenista derivado de los restos del marxismo’, algo está ocurriendo en el ambiente nacional que hace que gente con las opiniones más reaccionarias estén saliendo del closet. Es como si, después de haberse quedado callados por veinte años, por fin se sienten con la libertad de ventilar. A veces la ventilación hace bien, pero no cuando hace tanto frío.

Algo parecido ocurrió en los Estados Unidos en los 90, cuando se vivió una reacción – un backlash – al liberalismo de Bill Clinton. En algunos sectores surgió, por ejemplo, el gran temor que se estaba organizando una ‘guerra contra la Navidad’. En el fondo no era más que una manera de darle forma a una oposición política al gobierno del día que culminó, por torpeza política de la oposición y debilidad personal del propio Clinton, en su impugnación. Hoy, con otro presidente progresista, sigue el debate a través de los Tea Parties.

En la medida que el gobierno de Piñera –en su política si no en sus personajes– es más moderado de lo que a algunos les hubiera gustado. Es una manera de presionar; en el fondo es una lucha por el futuro de la derecha.

Lo curioso es que en este caso el discurso no es un backlash, pues el discurso ha surgido justamente cuando se ha instalado un gobierno de derecha en La Moneda. Pero es posible que igual sea una reacción, en la medida que el gobierno de Piñera –en su política si no en sus personajes– es más moderado de lo que a algunos les hubiera gustado. Es una manera de presionar; en el fondo es una lucha por el futuro de la derecha.

Desde la decisión respecto los indultos presidenciales hasta el debate sobre uniones civiles/matrimonio homosexual, sectores conservadores se están dando cuenta que el primer gobierno de derecha en una generación está dispuesto a dar algunas señales (vírgenes en oficinas públicas) e incluir algunas cuñas (mencionar a Dios en discursos), pero no mucho más. Es un gobierno pro-empresa (a más no poder), pero no está ni ahí con los militares en retiro o los curas en retiros.

Sin duda esto se debe en parte a las prioridades personales del propio Presidente. Pero hay algo más: la política. Hoy día la derecha tiene que gobernar no solamente en democracia, sino que en una nueva democracia, con gente empoderada y con comunicaciones instantáneas, que implican que las metidas de pata se transmiten a velocidad viral a través de Twitter, y que la gente puede ver y leer qué es aceptable y no aceptable en el resto del mundo; qué funciona y qué no funciona; qué lleva a la perdición y qué no.

O, incluso (¡revolución!) pueden comprar libros en Amazon. Libros como el de la académica de Yale, María Rosa Menocal, que explica que el éxito de la España medieval se debió a 500 años de tolerancia étnica y religiosa, donde Católicos, Judíos y Musulmanes crearon un imperio del conocimiento que comenzó a desaparecer precisamente cuando la tolerancia, a manos de los Reyes Católicos, se eliminó de la forma más violenta. Dentro de un siglo, la Armada fue derrocada y el imperio comenzó su lento declive.

O libros como los del profesor Richard Florida, de la Universidad de Toronto, que explica que las ciudades más exitosas son aquellas que son abiertas y progresistas, que cuentan con importantes comunidades de minorías, inmigrantes y gays, que a la vez llevan a la creación de lo que Florida llama una Clase Creativa. Son ciudades en que la tolerancia permite la aceptación de nuevas ideas en el ambiente artístico, cultural y empresarial, permitiendo la creación de nuevas industrias y clusters de innovación. Difícil es crear un ambiente de diversidad cuando solamente se contratan gerentes de unos pocos colegios o universidades. Difícil imaginarse un verdadero cluster de innovación en Chile cuando existen empresas que exigen ciertas condiciones sociales para sus empleados.

No hay que ser ingenuo. En el mundo occidental el debate no ha terminado. El que algunos países tengan políticas indígenas más razonables, el que tengan medidas para incorporar a sus inmigrantes, o el que se les ofrezca todos sus derechos a los homosexuales no significa que no existan voces de oposición. La diferencia radica en las plataformas que tienen, la seriedad con que se las toma, y la institucionalidad que existe. En la medida que la institucionalidad política y jurídica pueda proteger a las minorías, da lo mismo qué lo que dicen las cartas al director. Las pomadas ya no se venden.

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