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La antojadiza lectura política de Santiago Escobar

por 6 agosto 2010

La necesidad de abrir la Concertación a un diálogo con todas las fuerzas opositoras y con la ciudadanía no está en discusión en el PPD. En eso estamos todos de acuerdo.

El análisis político de Santiago Escobar sobre los procesos electorales de los partidos de la Concertación, en particular los párrafos que dedica al PPD, muestran la relación casi incestuosa que se ha producido entre algunos “analistas” y los operadores políticos.

No vale la pena referirse a la majadera insistencia en las caricaturas respecto del influjo de los supuestos poderes fácticos  sobre Carolina Tohá,  pero sí a la ridícula versión sobre un supuesto “rechazo de plano” de Girardi al acto de traspaso de mando que se realizará el 15 de agosto en el Espacio Matta en la comuna de La Granja, y a la aún más extravagante versión que atribuye al nuevo secretario general un rol de mediador que habría permitido no sólo la instalación de las nuevas autoridades del partido, sino también el que dicho acto se abriera a ME-O y su partido progresista. Ambas cuestiones, el “rechazo de plano” y “la mediación” son inventos fantasiosos del columnista que busca construir un relato que muestre al PPD distanciándose de la Concertación y entregándose a los brazos de ME-O.

La necesidad de abrir la Concertación a un diálogo con todas las fuerzas opositoras y con la ciudadanía no está en discusión en el PPD. En eso estamos todos de acuerdo.

En lo que tiene razón Escobar es que el senador Girardi y algunos de sus seguidores juegan abierta e insistentemente con esa ambigüedad, pero ni la nueva mesa directiva del PPD ni la mayoría de su Directiva Nacional comulgan con esa política.

En efecto, el acuerdo que instaló a Carolina Tohá  como presidenta de consenso del PPD, suscrita por el entonces candidato Pepe Auth, reafirma la validez de la Concertación como eje de la política de alianzas del partido y se propone su renovación al sostener que “reafirmamos que desde la Concertación tenemos que reconstruir una mayoría, pero debemos refundarla, construir una nueva Concertación, abriéndola a los ciudadanos, a los jóvenes, a los movimientos sociales, a los que partieron en algún punto del camino y a los que hasta ahora no han estado con nosotros pero se identifican con el cambio progresista”.  En otras palabras, hay acuerdo mayoritario en el PPD en la necesidad de reformular la Concertación como única manera de validarla hacia el futuro, pero también hay algunos que no desean verla renovarse, que prefieren enjaularla en un eje conservador y defensivo, porque saben que esa es la mejor manera de destruirla.

No se trata entonces de que alguien tenga que hacer entender a la nueva presidenta del PPD “que es necesario sumar antes que restar en materia política”, -como perspicazmente ha tenido que sostener el nuevo secretario general según Escobar- porque la necesidad de abrir la Concertación a un diálogo con todas las fuerzas opositoras y con la ciudadanía no está en discusión en el PPD. En eso estamos todos de acuerdo.

Lo que si podría llegar a estar en discusión es el domicilio de dicho esfuerzo. Para la nueva Presidenta esa tarea se debe realizar desde el propio PPD y desde la Concertación. Girardi y algunos de sus seguidores vacilan. Un día lo quieren hacer desde la Concertación, al otro desde Chile 21, un día su prioridad es el partido por la democracia y al siguiente el frente progresista. Un día algunos de ellos son ministros de la presidenta Bachelet y al siguiente los más tenaces críticos de sus políticas fundamentales. Van a tener que tomar una decisión porque el partido progresista de ME-O va a disputar prioritariamente el espacio natural del PPD y será cada día más difícil comportarse como Doña Flor.

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