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CASEN y Educación: ¿es posible la esperanza?

por 8 agosto 2010

Los resultados de la Encuesta CASEN en educación siguen teniendo ese molesto tono ambiguo y medio amargo de avances y al mismo tiempo, de brechas de desigualdad abismales.

Los resultados de la Encuesta CASEN en educación siguen teniendo ese molesto tono ambiguo y medio amargo de avances y al mismo tiempo, de brechas de desigualdad abismales.

Buenas noticias: el 90% de los niños y niñas de 5 años asiste a la educación preescolar; los sectores rurales han acelerado el avance en su escolaridad y han acortado distancia en todas las edades; en educación secundaria, los deciles más pobres progresan más rápido que los otros en completar su escolaridad; el acceso a educación superior avanza, pero de manera más restringida para todos, lo hace más en los deciles más pobres y en los más ricos. No obstante estos logros, la desigualdad sigue siendo muy alta entre los sectores más pobres y los más ricos y entre los sectores urbanos y rurales.

Los resultados muestran también la relación directa entre educación y progreso de las personas; en definitiva, es la educación lo que las distancia de la pobreza. Se confirma que hasta los 12 años de escolaridad casi no hay diferencias de ingreso entre las personas, que estas se inician entre los 13 y 16 y que a partir de los 16 años estas dan un salto notable.  Queda claro que completar la educación secundaria ya no es suficiente para las personas.

Los resultados de la Encuesta CASEN en educación siguen teniendo ese molesto tono ambiguo y medio amargo de avances y al mismo tiempo, de brechas de desigualdad abismales.

Preocupante resultan las razones de los jóvenes entre 14 y 17 años para no asistir a un establecimiento educacional. En el caso de los hombres las principales son que “no les interesa” (21%) y “problemas de rendimiento, expulsión o cancelación de matrícula” (13.9%). En el caso de las mujeres, las razones de maternidad y embarazo superan el 30% y el 10% señala que no le interesa. Estamos frente a la presencia creciente de un grupo de jóvenes que “ni estudia, ni trabaja”, que se margina y es marginado  y que continúa sin poder complementar maternidad y embarazo con los estudios. En esas razones tenemos al 35% de los hombres y al 41.7% de las mujeres.

Hay cuatro prioridades que resultan ineludibles para avanzar desde educación en igualdad de oportunidades: sostener el esfuerzo de atención educativa a la población menor de 6 años; apoyar la escolarización de jóvenes y adultos de la población rural, y de los sectores urbanos más pobres; mejorar la relevancia de la educación secundaria de los jóvenes, de manera que aumente su retención en el sistema educacional, hasta educación superior; y, en cuanto lugar, garantizar el acceso y el apoyo al desempeño de los jóvenes más pobres en educación superior.

De lo anterior, hay esfuerzos en curso en educación parvularia que nadie debiera dudar en su continuidad, hay casi una década de deuda con los jóvenes de secundaria, especialmente con los que asisten a la educación técnica (ausencia de políticas y de recursos y una oferta educativa que no responde bien a su cultura, a sus necesidades), hay escasos esfuerzos públicos por apoyar la educación de la población rural y señales confusas sobre la continuidad de la educación de adultos y, por último, resulta claro que sigue siendo insuficiente el apoyo a los jóvenes más pobres para que accedan y puedan desempeñarse con éxito en educación superior, especialmente en carreras técnicas de nivel terciario. Estas son tareas prioritarias; son también esperanzas de cambio.

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