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Frente al ocaso del Transantiago

por 8 agosto 2010

El Ejecutivo tiene la palabra y debe ir mucho más allá de las interesantes pero insuficientes propuestas que hoy maneja.

La muerte no se nos impone, la consentimos decía Goethe. Esta feliz forma de mirar las cosas hizo del poeta un amigo de toda la humanidad. Así, debiéramos apreciar nuestras cotidianidades.

Un ejemplo: está muy claro, ahora, que el Transantiago nos está pidiendo que le consintamos morir. Ya no se trata de una reforma, una adecuación, un mejoramiento.  La Concertación lo intentó y fue un fracaso, tanto en su diseño como en su Ejecución. Los gobiernos de Lagos y Bachelet pagan por parejito en este asunto.

Intentaron arreglarlo con Cortázar y está  a la  vista que no resultó. Ahora le cae como el peso de la noche al actual Gobierno y nada resulta. Entonces permitámosle morir en paz. Que ya no siga agonizando. Que si vuelven de apoco los antiguos recorridos, que si se va eliminando el sistema intermodal, que se van a ir retirando los buses articulados, que la culpa la tiene los que no pagan. En fin, una muerte lenta, muy lenta.

El Ejecutivo tiene la palabra y debe ir mucho más allá de las interesantes pero insuficientes propuestas que hoy maneja.

Entonces, hagámonos cargo de esta realidad y aunque nos cueste, jurídica y financieramente, preparemos una propuesta integral que resuelva definitivamente el problema. El Ejecutivo tiene la palabra y debe ir mucho más allá de las interesantes pero insuficientes propuestas que hoy maneja.

Se trata de ponerle fin y para ello se requiere, sin drama, entender qué es  necesario. Por ello la cita del poeta, “consentir en su muerte”. Resuelto eso viene la nueva vida, un plan integral para el Transporte de Santiago.

Si es necesario convocar a todos los actores que  permitan  la mayor participación, responsabilidad y mejor decisión, entonces hay que hacerlo. Claro, los antiguos dirigentes del transporte, los parlamentarios, los expertos. Para tener una política pública consensuada, que esta vez pase por el Congreso y que se aprueben las leyes que sean necesarias.

Lo anterior nos demandará un tiempo y un gran esfuerzo, pero atacaremos el problema en toda su dimensión y seguro lo resolveremos. De seguir las cosas así, no lo dejaremos morir –no le consentiremos la muerte que se merece -  y será un eterno agonizante que sacrificará permanentemente la calidad de vida de los habitantes de la Región Metropolitana.

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