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Venta del Canal 13: el golpe de conejo

por 9 agosto 2010

Venta del Canal 13: el golpe de conejo
Quizás si el impacto velado que debiera adquirir mayor nitidez hacia el futuro, es el carácter social y mediático de la alianza que se abre entre el Grupo Luksic y la Iglesia Católica. Y, tal vez, cómo se desarrolla y repercute en el escenario de poder político del país.

Imprevisto, rápido y seco, como el golpe de conejo que aplican los karatecas, fue el acto de venta de Canal 13 al Grupo Luksic. Ejecutado fríamente por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz remeció, de manera sorda, el escenario del poder político chileno, cerrando un ciclo de 50 años de un medio de comunicación que estuvo en el centro de la historia política nacional.

Los motivos económicos: alta deuda financiera y baja capacidad de competir en un mercado en plena transición tecnológica, le dan racionalidad indiscutible a la decisión. Sobre todo si alivia la gestión de otro pilar de la Iglesia, la Universidad Católica, la que veía comprometido su patrimonio por el desastre financiero de la estación.

Pero más allá de sus evidentes impactos de mercado, entre ellos el  que le genera al valor de venta del canal del Presidente, Chilevisión, el hecho genera otros eventuales de carácter político, simbólico y cultural, pues no se trata de la enajenación de un bien común y corriente.

Canal 13 es un bien pontificio, es decir ese núcleo de bienes cuyo destino se maneja con suma diligencia, por lo que su venta supone procedimientos de autorización o consulta de cierta complejidad y prolongados en el tiempo.

El poder social incontrarrestable de la televisión en un país se puede advertir en hechos como lo ocurrido la noche del Plebiscito de octubre de 1988, cuando el general® Fernando Matthei, precisamente a Canal 13, reconoció el triunfo del NO.

En este caso, las negociaciones se mantuvieron en el más riguroso hermetismo, y se concretaron como un golpe noticioso para todo el mundo. Incluidos parte importante de los círculos internos del propio canal. El rumor o el trascendido, mecanismos tan recurridos en el opaco ambiente político chileno, esta vez quedaron absolutamente fuera de foco.

Pero quizás si el impacto velado que debiera adquirir mayor nitidez hacia el futuro, es el carácter social y mediático de la alianza que se abre entre el Grupo Luksic y la Iglesia Católica. Y, tal vez, cómo se desarrolla y repercute en el escenario de poder político del país.

Andrónico Luksic, quien suscribió el compromiso con la Iglesia Católica, es un miembro activo de clubes globales muy diversos, bastante transversal en su sociabilidad política y empresarial, sin perjuicio de cumplir con el perfil valórico que requiere un socio de la Iglesia Católica en un emprendimiento como es un canal de TV.

El mayor de los hermanos Luksic es miembro del  Business Advisory Council de la APEC, donde fue confirmado este año por el Presidente Piñera; miembro del International Business Leaders Advisory Council del Alcalde de Shangai, miembro del Consejo Asesor del Canal de Panamá y del Consejo Asesor Internacional del Presidente del Council of Americas, entre otros. Y siempre ha encabezado las acciones de responsabilidad social empresarial del Grupo, como las Fundaciones Educacional Oportunidad y Amparo y Justicia, en las que comparte directorio, con el Vice Canciller de la UC y arzobispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga. Todo ello fuera de deporte de alta montaña y trabajo netamente empresarial.

En ese perfil, es posible concluir que los beneficios mutuos van más allá del negocio. La Iglesia Católica gana tranquilidad económica perdiendo parte de su influencia mediática directa, pero consigue un socio a quien conoce y en quien confía, y con quien puede dialogar la dimensión valórica de las adaptaciones a mercado que inevitablemente experimentará el Canal.

Por su parte, Andrónico Luksic obtiene el soporte – al menos nominal- de un aliado de enorme poder económico y simbólico en su dimensión global. Para una eventual estrategia, nacional o global, abre un canal directo a todos los pasillos de la influencia en el mundo de la mano de uno de los principales poderes culturales de Occidente.

Cuánto influirán estos hechos en el escenario político nacional no es fácil de predecir. En primer lugar porque no se sabe cual es la estrategia del Grupo, ni todavía está suficientemente claro si predomina una decisión personal de Andrónico Luksic o es una decisión corporativa global.  Tampoco quienes salieron amenazados por el hecho, si gremialistas, conservadores o emergentes.

Tampoco está claro pues siendo el mercado televiso estrecho e inmóvil, muy similar al  político, que está varado en lo binominal, todo se diluye en redes sociales que, merced a paradigmas añejos, manejan cosas ajenas como propias e impiden la confrontación real de ideas. El cambio de propietario en el Canal 13 traerá, inevitablemente un cambio radical en este aspecto. Y también en lo programático porque Canal 13 debía hasta ahora expresar en su política editorial, según lo señala su misión, el pensamiento político y social de la Iglesia Católica, lo que podía significar muchas cosas, pero ahora una sola:  poner las cifras rojas en azules.

Se han escrito miles de tesis sobre la importancia política de la TV desde que el año 1960 John Kennedy venciera a Richard Nixon en la contienda presidencial, favorecido por los resultados de una serie de cuatro debates televisivos. Ello nunca ha sido procesado en Chile. Durante cuatro campañas presidenciales los ciudadanos han debido soportar unos debates entre candidatos con poca o ninguna libertad periodística. Aún no entran directamente las campañas de salud pública en materia de sexualidad.

El poder social incontrarrestable de la televisión en un país se puede advertir en hechos como lo ocurrido la noche del Plebiscito de octubre de 1988, cuando el general® Fernando Matthei, precisamente a Canal 13, reconoció el triunfo del NO.

Ese valor se llama influencia y estará siempre en disputa. Es uno de los componentes fundamentales del  peso económico y financiero de un medio de comunicación. Si es efectivo que una empresa vale un quinto por sus activos tangibles y el resto por los intangibles,  es evidente que Canal 13 se encontraba en reversa y descapitalización, y perdiendo influencia. El golpe de conejo del  Cardenal Errázuriz apunta a revertir esa situación.

(*) Santiago Escobar es Abogado y Cientista Político.

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