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Otra vez El Averno: ¿Cómo es la historia de este centro limeño?

por 10 agosto 2010

Hay en la calle Quilca, en el Centro de Lima, un centro cultural conocido sobre todo por artistas plásticos y poetas, llamado El Averno, que funciona desde hace años con lo que parece ser una secuencia eterna de recitales, exposiciones, mesas redondas, performances, etc.

En el campo de las artes plásticas, todo indica que con frecuencia El Averno da pie con bola y organiza cosas que llaman la atención de muchos, incluyendo artistas de trabajo serio y críticos de los más reputados.

En literatura, también hay que decirlo, El Averno levanta unas de cal y otras de arena y, en sus peores momentos, suele servir de escenario para las más estrafalarias demostraciones de esa rara variante de conservadurismo populachero y punkequería llorona que es el underground limeño.

Así que esto está claro: nada de lo que escribo a continuación lo escribo por simpatía.

Desde hace ya algunos años, El Averno es objeto de esporádicas intervenciones policiales. Si la memoria no me falla, cuando comenzaron estaba más o menos claro que el problema era un conflicto entre los directores del Centro Cultural y los dueños del local donde funciona, y que ese conflcto estaba estrictamente relacionado con la propiedad y el alquiler del sitio.

Desde entonces, se han producido dos cosas que hacen la figura menos transparente: por un lado, una serie de artistas y poetas vinculados con El Averno insisten en que las intervenciones policiales no tienen que ver con ese conflicto civil, sino con la intención del gobierno y de la Municipalidad de Lima de silenciar las actividades de un centro cultural contestario y alternativo. Por otro lado, las intervenciones policiales parecen haberse convertido en rutina, sin que se produzca un desalojo, y, en caso de que los testimonios sean veraces, se han vuelto también gratuitamente violentas.

Vamos por partes. Si hay un problema legal no solucionado, si hay un propietario legítimo del lugar que se está viendo afectado por una ocupación contra su voluntad y está perdiendo dinero por la fuerza, entonces los demás son asuntos ciertamente secundarios: la gente de El Averno debería irse a otro sitio, uno al que tengan derecho legítimo. Y ya.

Pero si ese no es el problema; si el contrato es legítimo y se está cumpliendo, y la policía y la municipalidad están interviniendo El Averno sin directivas claras, sin un objetivo legal visible, sin una orden judicial ni presencia de fiscales, entonces eso debe ser denunciado y debe terminar.

Ni el gobierno municipal ni el nacional tienen derecho a violentar la vida ajena sin una justificación visible y real. Tampoco una asociación de artistas tiene derecho a ponerse por encima del orden legal en nombre de su condición de creadores o de su posición contestataria.

Quienes quieran aclarar qué es lo que pasa (con nombres propios, por favor), tienen este blog para hacerlo cuando deseen.

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