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En Madrid, apuntes sobre la crisis de las noticias

por 11 agosto 2010

Hace poco leí que en Madrid se encontraban las redacciones periodísticas más caras del mundo (ver artículo). El sueldo promedio de los periodistas del diario El País, excluyendo la dirección, estaba en los 94 mil euros por año. Tres diarios de calidad competían por la audiencia de esa ciudad y mucho de lo mejor que del periodismo de estos años se daba también allí, una ciudad que hoy vive algo mucho más complicado que la tormenta perfecta que viven los medios tradicionales a nivel internacional.

La crisis mundial ha golpeado especialmente la economía española, las previsiones actuales adelantan que su producto todavía seguirá cayendo. Se informa que no llega a la peor parte de su crisis y no parece tener un gobierno capaz de enfrentar el problema. En ese contexto las empresas periodísticas, cuyos ciclos siempre han sido especialmente sensibles a ese tipo de crisis, han tenido que enfrentar el tsunami digital. Las empresas periodísticas españolas enfrentan el problema con infraestructuras que hasta hace poco muchos envidiaban y hoy son un lastre que con la que se hace casi imposible superar la ola.

Una anécdota explica que el problema de los medios no pasa porque sus periodistas o ejecutivos no entiendan lo que está sucediéndole a los medios, la dificultad es resultado de que económicamente es mucho más rentable estirar todo lo que se pueda la economía análoga de los medios que asumir rápido el reemplazo por la nueva economía digital de los medios. Cuando empezó la crisis un diario de Madrid vendía más de 20 millones de dólares al año en clasificados y cuando en esa empresa hicieron un análisis de lo que podría significar adelantarse a lo que estaba sucediendo en California e implementar un sistema de venta de avisos por internet las mejores previsiones mostraban ventas que apenas se empinaban en los 2 millones de dólares por año. ¿Qué sentido tenía para esas empresas liderar el camino digital?. Por dura que fuera la caída de los clasificados siempre iban a conseguirse muchos años con mejores resultados “estirando” el negocio del papel que lo mejor que podía dar de si el nuevo entorno digital.

Esta práctica de alargar la forma de trabajar actual de los diarios también se agudiza cuando estos medios son manejados con criterios bursátiles en los que se realizan procesos de lo que llaman “cosecha”, pero en la práctica muchos consideran un eufemismo con el que los que no creen en el futuro de los medios trabajan con ellos para de sacar del proyecto toda la carne y dejar al final una pila de huesos.

Hace unos días aproveché un viaje a Madrid para conversar con una serie de amigos en puestos bastante relevantes en medios españoles. Me refiero a uno de los dueños del diario El País, a un subdirector del diario El Mundo y al director de un nuevo proyecto completamente digital que antes estuvo a cargo de las operaciones digitales tanto de El Mundo como de El País. Mi escapada estuvo contextualizada con que en esos días estaba leyendo un libro que será especialmente citado en las siguientes líneas, el imprescindible “Loosing the News”, de Alex S. Jones. Es importante tener en cuenta que Jones es mucho más que un teórico del periodismo. Tal como se nota en su libro su familia ha estado muy ligada al periodismo, su abuela era la dueña del “Greensville Sun”, medio que él manejó como dueño y director. Posteriormente estuvo en la década de los 80 en el The New York Times, período en el que obtuvo un premio Pulitzer por su trabajo. Casado con periodista, Susan F. Tiffs, junto a ella escribió dos textos clásicos para entender a las empresas periodísticas tradicionales: los libros “The Patriarch: The Rise and Fall of the Bingham Dynasty” y “The Trust: The Private and Powerful Family behind the New York Times”. En la década del 90 Jones fue conductor del programa “On The media” de la NPR y luego director y conductor del programa “Media Matters” de la misma cadena de radios públicas. Actualmente es el director del “Joan Shorenstein Center on the Press, Politics and Public Policy” de la Universidad de Harvard, desde donde escribió este libro el año pasado.

Como resumen de lo leído y lo conversado me repito: se reforzó mi convencimiento de que el problema sigue siendo como desarrollar un modelo de negocio que permita mantener las redacciones más relevantes de cada ciudad o ingresos que permitan construir una alternativa equivalente en su reemplazo. Si lo primer se ve difícil, lo segundo todavía parece menos probable.

“Nosotros podemos pellizcar los diarios y competir con ellos, pero no podemos reemplazarlos” Joel Kramer, editor del sitio informativo digital MinnPost.com en Loosing the News.

Dentro de las discusiones sobre cómo podemos salir de la crisis de los medios entregando noticias de calidad aparece el rol de los dueños de las empresas. Esta discusión está contaminada por los prejuicios que tenemos o no tenemos respecto a las empresas y sus dueños. Muchos abordan esta conversación convencidos de que los grandes medios benefician solo a unos dueños (y a un grupo menor de ejecutivos) que se han aprovechado por años del esfuerzo de periodistas mal pagados.
Yo en cambio creo que el buen periodismo que todos admiramos solo se consigue como resultado de sostenidas rentabilidades relevantes a favor de cualquier tipo de empresa rio o dueño. No soy tan inocente para pensar que la rentabilidad garantiza la calidad, pero soy un convencido que ella es necesaria para que algunos dueños opten por apostar por la calidad como estrategia para el mediano y largo plazo.

En el libro de Jones aparece como fundamental el rol de los dueños en los buenos proyectos informativos. Se recuerda como ante la presión de Kennedy, Arthur Ochs Sulzberger (Punch), el padre del actual presidente de la empresa, no sólo no aceptó las presiones para sacara a su periodista más polémico de Vietnam, incluso le retrasó las vacaciones para que un viaje fuera del sitio del conflicto pudiera ser interpretado como ceder.

En el análisis de la fórmula con la que hasta ahora se ha conseguido el buen periodismo la mayor parte de los analistas olvidan la importancia del rol del dueño, del Publisher. Jones recuerda una anécdota: se juntaron para celebrar ya de vuelta en casa los principales periodistas acreditados en Vietnam y al hacerlo se dieron cuenta que en otra mesa estaba Punch con un grupo de amigos. Entonces, los periodistas, “para reconocer que nada habría sido posible sin su actuación, hicieron los que muchos reporteros siempre quisieron hacerle s sus propios “publishers”: le mandaron a su mesa una botella de Dom Perignon”.

En el caso madrileño la palabra crisis es recurrente.Si leemos lo que sale en la prensa madrileña vemos que en el caso del diario El País la situación la agrave la crisis que esa empresa está viviendo, además de todo lo anterior, por una Opa que realizó en el 2007 que además de hacerla con deuda terminó costándole a la empresa casi mil millones más de lo que habían presupuestado y que se realizó casi minutos antes de que estallara la crisis de la que no ha salido Europa. El problema es que la empresa, cuyos principales medios siguen siendo rentables, arrastra una deuda de más de 4.700 millones.

Si a lo anterior le sumamos todas las otras crisis se entiende que los títulos de esa empresa que valían más de 15 euros el 2007 hoy estén bajo los 2 euros.

Mientras estaba en Madrid Telefónica compró el sitio social Tuenti que tiene 28 mil millones de páginas vistas, frente a los mil millones de páginas de todo el grupo Prisa que incluye al diario El País, otro diario económico, uno deportivo, la cadena de radio Ser, la televisión, etc. Pero además los visitantes de Tuenti están allí un promedio de 83 minutos por día, mientras que los visitantes del grupo Prisa no superan los 5 minutos al día.

El análisis de lo que viene tiene dos miradas, los que todavía creemos que el periodismo tradicional con sus grandes redacciones con directores, secretarios de redacción, editores, jefes, periodistas todavía son es necesarias y los que ya perdieron la fe en que esas instituciones se mantenga en el tiempo. En este último grupo está Mario Tascón, actual director del proyecto informativo digital lainformación.com.

Es tal su escepticismo que poco titulaba una de sus charlas “Cómo podemos acabar con los diarios de una vez por todas”. Mario viajo en el 2006 por los Estados Unidos y se dio cuenta la que se le venía a los medios y al mismo tiempo entendió que esa crisis también sería una oportunidad para hacer las cosas de otra manera. Tascón vio en la costa oeste como los grandes conglomerados mediales no sabían cómo asumir el problema y trabajaban sus empresas como negocios sin futuro, esforzándose por de mantener las operaciones actuales.

Cuando en ese viaje llegó a la costa oeste se topó en cambio con decenas de emprendedores que, prácticamente de la nada, estaban reinventando los medios en su favor. Se dio cuenta que todavía había espacio para los contenidos, aunque no fuera un espacio favorable para los grandes medios propiamente periodísticos que seguían teniendo como modelo el NYT.
“Yo de lo que había antes no tengo ni idea, pero sé que de esos 70 millones actuales recibo el 60%”. Craig Newmark dice respondiendo a un periodista que le preguntaba qué opinaba de la caída de los ingresos totales por ventas de avisos clasificados en San Francisco habían pasado de 180 millones de dólares a solo 70.

Mario había vivido el comienzo de la crisis en El Mundo y luego la crisis misma en El País. El problema de los medios es que solo pueden asumir lo digital al mismo tiempo de mantener las operaciones actuales, lo que termina con operaciones híbridas que no tienen el foco correctamente puesto. Desde entonces el apostó por la alternativa digital de empresas creadas especialmente en el nuevo entorno digital, por ejemplo menciona El Confidencial de Madrid.

El muestra El Confidencial como una historia de éxito que arece no interesarles a los periodistas. Se trata de un proyecto de periodismo que solo está en la web, manejado por el histórico periodista de denuncia del Diario El Mundo, Jesús Cacho, que tiene ventas anuales de 5 millones de euros con una operación que tiene un costo en los 4 millones. Ahí se está haciendo periodismo, “esa es parte de la solución de la que saldremos de esta”. “Se trata de un proyecto que no pretende la masividad que tienen los diarios actuales, está en la línea de un The Politico, o está por la guerra de los millones de visitantes pero hoy es un medio influyente que lo lee toda la gente relevante de España”.

El problema es definir qué es lo que se perdería con el fin de las empresas tradicionales. Yo muchas veces en estos espacios he abogado por el valor de las redacciones robustas, a la manera de las que mantiene El País de España o el NYT. Para mi lo que hacen los Tascón y los Cacho aunque son un tremendo aporte para el futuro contexto medial no reemplazan el fruto informativo de la existencia de las grandes redacciones.

Como bloguero de años tengo claro que lo que hago aquí no es propiamente periodismo. Creo que ni los periodistas cuando escriben un blog o “tuitean” tienden a hacer periodismo, incluso podría ser discutible que algunos despachos que entregan periodistas en las páginas webs de los diarios realmente respeten las exigencias que las buenas redacciones se imponían para conseguir calidad.

Cuando hablamos de objetividad nos referimos al método de trabajo que se da en las redacciones de los buenos diarios, aquel que se desarrolla sabiendo que el periodista mismo no puede ser objetivo. De hecho los periodistas no solo tienen opinión, la verdad es que tiene todavía más opinión sobre los temas que reportean que el promedio de sus lectores, pero justamente por esos inevitables prejuicios es que es todavía más importante el método en el trabajo informativo.

Si tenemos presente el problema del modelo de negocio nos damos cuenta que actualmente más que ponerse en duda el valor de los estándares, más bien ya no existe el dinero para pagar ese estándar. Al final la prosperidad y la fuerza comercial de una empresa informativa es lo que hace posible que una empresa pueda permitirse esos sólidos estándares éticos.

Lo clásico era decir, parafraseando a Kovach y Rosenstiel, que el periodismo pasaba por entregarle a la audiencia la información que necesitaban para ser libres y autogobernarse, primero había una obligación con la verdad, luego había una lealtad respecto a esas audiencias y la esencia de todo pasaba por la verificación de los datos.

Esta verificación parece ya no buscarse en el nuevo ritmo que domina muchos de los medios 24/7, que va entregan permanentemente noticias, que trabaja con la mecánica de un proceso y no de un producto con un ritmo diario como el que caracterizaba a los diarios, parece que implica haber tirado la toalla. El mundo periodístico de la web se comparten las ignorancias con los lectores, se trabaja en beta y se invita a estos a participa completando el proceso informativo.

Hay que tener presente que los defensores del periodismo ciudadano han perdido la fe en las formas tradicionales de cubrir la información, para ellos el periodismo objetivo no existe y un proyecto periodístico debería conformarse con ayudar a la gente a definir cuál es la verdad, lo que al final esta es una forma mucho más barata de hacer contenidos.

La objetividad periodística que resulta de ls prácticas de las redacciones es más bien un estado mental, es el esfuerzo por discernir la verdad práctica, no se trata de alcanzar una verdad abstracta perfecta. El reporteo busca la mejor verdad obtenible desde la evidencia que un reportero que hace bien su trabajo puede obtener.
Tampoco debemos destacar otra tendencia: está claro que la gente joven hoy busca más una voz que una noticia objetiva tradicional propiamente tal cuando van a los medios. La evolución que muestra la audiencia de los canales de cable informativos en USA confirma que hoy la opinión vende a cada vez mayores audiencias. El problema es que además la opinión es más barata que la información, por lo que hay otros dos incentivos para reemplazar el caro reportaje informativo por el barato comentario.

Cuando el periodismo de trinchera (advocacy) es asumido como periodismo tenemos un problema (Callie Crossley, Nieman Foundation) en Loosing the News.

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