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Cortázar y el delirio de las instituciones

por 12 agosto 2010

Cortázar y el delirio de las instituciones
El conjunto de sospechas que es posible articular cuando un Ministro de Estado -encargado de regular un mercado específico- pasa a hacerse cargo, casi de forma inmediata, de una de las empresas reguladas, es capaz de generar un verdadero estado de delirio. Una paranoia que hace imposible distinguir los intereses públicos de los privados, que borra la línea de separación entre el Estado y el Mercado, que taponea y corroe el nombre de las instituciones.

Nunca terminaremos de comprender la popularidad de Bachelet. La diversidad y la complejidad de los elementos que le permitieron terminar su mandato con un índice histórico de aprobación hacen de esto una tarea imposible. Sin embargo, la imposibilidad es un espacio de tentación que seduce a las mentes curiosas.

Kristeva recomienda utilizar el delirio como método de interpretación cuando los argumentos racionales no son suficientes para explicar las causas de un fenómeno. Siguiendo a Kristeva intentaré hacer una interpretación delirante de la popularidad de Bachelet para poner en evidencia el delirio de nuestra institucionalidad. Todo en el contexto de la designación de Cortázar como presidente del directorio del Canal 13.

En el año 2007 cuando la desastrosa implementación del Transantiago tenía a Bachelet sumida en una profunda crisis de credibilidad y apoyo, el gobierno designó a René Cortázar en reemplazo de Sergio Espejo como Ministro de Transportes y Telecomunicaciones. Esta fue una señal a la ciudadanía de que el gobierno adoptaría todas las medidas que fueran necesarias para revertir los problemas que el sistema de transporte capitalino había mostrado en sus primeros meses de funcionamiento. Pero esta designación, a su vez, daba una señal potentísima a una de las industrias más poderosas e influyentes en Chile, la industria de la televisión.

En efecto, junto con salvar al Transantiago, el Ministro Cortázar tenía como misión el diseño del marco regulatorio de la Televisión Digital. En este sentido, las decisiones que el Ministro adoptara en esta materia repercutirían directamente en el futuro de los canales de Televisión agrupados en ANATEL. La nueva normativa debía regular materias tan sensibles como la continuidad de las concesiones indefinidas, el espacio radioeléctrico que les correspondería a las concesionarias vigentes y consecuencialmente, el nivel de competencia al que estarían sometidos en la era digital. En pocas palabras, las decisiones del Ministro afectarían directamente los intereses comerciales y económicos de las estaciones de televisión.

En este contexto, la designación de Cortázar fue un guiño del gobierno de Bachelet a los intereses de la industria televisiva. El nuevo Ministro era uno de los suyos, en efecto, habiéndose desempeñando en el pasado como Presidente de ANATEL y como Director Ejecutivo de TVN conocía muy bien el mercado televisivo y sabría como ordenar los intereses de la industria frente a la amenaza, que para esta, significaba la televisión digital.

Tal como era esperable Cortázar respondió a las expectativas de ANATEL. En Octubre del año 2008 el Ministro despachó al Congreso un mensaje del Ejecutivo para la regulación de la televisión digital en el que no solo mantuvo los privilegios de los canales interesados (el carácter indefinido de las concesiones), sino que además amplió considerablemente sus perspectivas de negocios al reconocerles un derecho casi automático para adjudicarse concesiones de radiodifusión televisiva y concesiones de servicios intermedios, limitando seriamente la entrada de potenciales competidores al mercado televisivo y de paso anulando la posibilidad de crear un sistema de televisión plural y diverso.

La designación de Cortázar fue un guiño del gobierno de Bachelet a los intereses de la industria televisiva. El nuevo Ministro era uno de los suyos, en efecto, habiéndose desempeñando en el pasado como Presidente de ANATEL y como Director Ejecutivo de TVN conocía muy bien el mercado televisivo y sabría como ordenar los intereses de la industria.

¿Cuál fue el precio que pagó ANATEL por tales servicios? Difícil saberlo. Lo único que es comprobable  es que Cortázar asumió como Ministro en uno de los peores momentos de Bachelet y dejó el Ministerio con índices históricos de aprobación para la Presidenta. Es en este punto donde podríamos hacer interpretaciones delirantes a partir de los hechos de la causa y ofrecer respuestas que difícilmente tendrían comprobación ¿Qué efecto tuvo la designación de Cortázar como Ministro de Transportes y Telecomunicaciones en las relaciones entre el gobierno y los canales de Televisión? ¿Se modificó la forma en que los canales cubrieron el Transantiago y la imagen de la Presidenta luego de la designación de Cortázar? Y para culminar el delirio, ¿hasta qué punto Cortázar jugó un rol en la popularidad de Bachelet?

Con la reciente designación de Cortázar como Presidente del Directorio de Canal 13 todas estas preguntas vuelven a surgir, pero con mayores niveles de complejidad. El conjunto de sospechas que es posible articular cuando un Ministro de Estado -encargado de regular un mercado específico-  pasa a hacerse cargo, casi de forma inmediata, de una de las empresas reguladas, es capaz de generar un verdadero estado de delirio. Una paranoia que hace imposible distinguir los intereses públicos de los privados, que borra la línea de separación entre el Estado y el Mercado, que taponea y corroe el nombre de las instituciones. El delirante vacío legal que existe en Chile en esta materia requiere soluciones radicales.

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