Miércoles, 7 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:35

Autor Imagen

Elección PS: triunfos y derrota de la renovación

por 12 agosto 2010

La derrota presidencial y parlamentaria de la Concertación en las pasadas elecciones nos golpeó, pero al parecer no lo suficiente. Los resultados abrieron paso a un debate acerca de la urgente necesidad de renovar la coalición y los partidos que la integran y, sin embargo, aún no ha habido un solo espacio de evaluación colectiva de las causas de la derrota y de las orientaciones que deben guiar nuestros pasos en el nuevo rol que nos asignó la ciudadanía a través de las urnas. La Concertación ha sido, hasta ahora, incapaz de mirarse a los ojos para reconocer sus errores e iniciar su camino de superación y transformación.

Sin embargo, este debate sí se ha instalado en los partidos concertacionistas. Tres de ellos enfrentan o han enfrentado procesos de renovación de directivas partidarias que han servido para iniciar una reflexión sobre el estado de deterioro institucional y democrático de los partidos, sobre sus fenómenos de oligarquización interna  y, muy fundamentalmente, acerca de la erosión de su legitimidad y prestigio ante los ciudadanos.

No tuvimos el coraje y la madurez de depositar nuestras confianzas en un proyecto común más allá de las añejas y fracasadas alineaciones internas. Aquí, claramente, una generación completa fracasó.

Lo hemos dicho una y mil veces. El esfuerzo de renovación no es un asunto de carné, sino la pretensión de un cambio profundo que permita la emergencia de nuevas prácticas, nuevas agendas y, por cierto, nuevos liderazgos que se hagan cargo del presente y del futuro.

Con ese mar de fondo impulsamos en el PS una plataforma de renovación y reforma partidaria. Porque estamos convencidos de que sin partidos políticos fuertes no hay democracia de calidad y que sin un PS de izquierda, fuerte, moderno, democrático y convocante, las tareas por la igualdad y la justicia social en Chile no avanzarán.

Convocamos a una tarea difícil: desafiar el status quo partidario de las últimas tres décadas, abandonar la lógica feudal interna y levantar una plataforma programática y electoral para conquistar democráticamente la conducción y liderazgo socialista y llevar a cabo un profundo proceso de reforma política e institucional del PS para ponerlo a la cabeza de la tarea de reconquistar la mayoría política y social de Chile.

A pocos días de finalizadas las elecciones internas del PS, podemos hacer algunas evaluaciones. Luchamos contra todas las máquinas partidarias posibles, hicimos carne un espacio para esas voces que reclaman ser escuchadas y ser parte de las decisiones, cuestionamos prácticas atávicas que han conculcado la participación militante y eso se tradujo en el enorme caudal de votos que obtuvimos.

Por eso, una primera conclusión es que la votación alcanzada, así como las mayorías individuales configuradas, entregan señales nítidas de anhelo renovador entre la militancia socialista. El propio debate interno dio cuenta de importantes convergencias entre los principales candidatos acerca de las reformas que el PS necesita. Hay, desde esa perspectiva, un espacio importante para el avance de las ideas renovadoras en el PS y ese es, innegablemente, un triunfo del empeño en el que nos embarcamos.

Sin embargo, también sufrimos derrotas significativas. No fuimos capaces de sostener y consolidar el núcleo primario que dio origen a este esfuerzo renovador. En efecto, hay que admitir que parte importante de quienes debíamos enfrentar el desafío y llevar la bandera hasta el final se dejó tentar por los viejos estilos y prácticas. Nos faltó coraje para mantener en pie las voluntades y los compromisos. Y, en ese camino, el proyecto que prometía renovar al PS, se fue desdibujando y perdiendo fuerza.

Los resultados dicen claramente que si aquellos que decidieron quedarse en el camino hubiesen seguido en este proyecto, hoy seríamos mayoría y estaríamos preparándonos para asumir la conducción del PS. Esto hay que decirlo así de claro, perdimos porque no creímos que era posible ganar, porque algunos tuvieron miedo a la derrota y porque no tuvimos el coraje y la madurez de depositar nuestras confianzas en un proyecto común más allá de las añejas y fracasadas alineaciones internas. Aquí, claramente, una generación completa fracasó.

Ahora corresponde seguir trabajando para llevar a cabo la renovación del PS y para impulsar un proceso de elaboración de un nuevo proyecto de país que se haga cargo del principal desafío de Chile: derrotar las profundas desigualdades sociales existentes y construir una nueva coalición política y social más amplia, inclusiva y plural que sea capaz de retomar el liderazgo. No sin antes, claro está, hacer el mea culpa que todos los chilenos esperan.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes