Sábado, 3 de diciembre de 2016Actualizado a las 01:39

Autor Imagen

¿Debe Chile ratificar el tratado de UNASUR?

por 13 agosto 2010

La política exterior exige visión de Estado. Debe ir mas allá de los debates partidistas y de las  diferencias entre gobierno y oposición . Debe identificar los intereses permanentes del país, y actuar acorde. La necesidad de que Chile ratifique el tratado de UNASUR debería ser aparente para todos. Por increíble que parezca, no lo es.

Dado su tamaño mediano, ubicación al fin del mundo, economía abierta y diferendos frionterizos vecinales, Chile depende más que otros de un entorno regional favorable, de la vigencia  del derecho internacional y de la cooperación de los organismos internacionales. El restarse a UNASUR sería un autogol de proporciones.

El “peso pesado” en UNASUR es Brasil, no Venezuela.  Segundo, de ser cierto, ¿debería Chile abstenerse de ser parte de toda  entidad internacional con estados miembros de cuyos gobiernos discrepa? De seguir este camino, Chile terminaría en el aislamiento total, una especie de “Tibet de Sudamérica”.

En el mundo de hoy, hay un estrecha imbricación entre lo político y lo económico. En 1990, cuando volvió la democracia a Chile, muchos dijeron que  para promover las exportaciones y el desarrollo económico no había que firmar acuerdos con nadie. Con que Chile bajara sus aranceles a cero, la integración a la economía mundial se daría sola. Este “aperturismo ingenuo” no habría llevado a ninguna parte. En cambio, gracias a la política de firmar TLCs con (hasta ahora) 56  países, Chile  multiplicó sus exportaciones por siete veces y media en 18 años,  de nueve mil millones de dólares en 1990 a 67 mil millones en el 2008. Dado que las inversiones siguen al comercio, algo parecido ocurrió con la inversión extranjera.  En el primer trimestre del 2010, Chile fue el país que más inversión extranjera atrajo en la región, por más de cinco mil millones de dólares. Gracias a esta estrategia, Chile fue el país fuera del Asia que más creció en esos veinte años.

Esta heterodoxa estrategia “lateral” de inserción comercial internacional, que cuestiona los principios de la economía neoclásica, ha sido criticada por teóricos como Jagdish Bhagwati, pero reconocida por la gran mayoría como un gran acierto. Dada la relativa apertura de la economía chilena a comienzos de los 90, Chile debió marginarse de los acuerdos de integración regional y subregional como la Comunidad Andina y el MERCOSUR.  Hoy Chile es el único país del Hemisferio que no es miembro pleno de algún acuerdo de integración regional.

Esta auto-exclusión de los mecanismos de integración económica regional y subregional fue compensada por un significativo activismo en la cooperación política latinoamericana. Esta tomó auge en los 90. El Grupo de Río y las Cumbres Iberoamericanas fueron los foros iniciales. UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) las siguieron. Algunos se han dedicado a contabilizar las resoluciones de estas cumbres y a medir el cumplimiento de las metas fijadas. Ello no capta de lo que se trata: el producto fundamental está en el proceso de consultas mutuas. Ello evita y previene conflictos. Esto no implica que no se den, como ha ocurrido entre Colombia y Venezuela. Con todo, la región tiene el menor grado de conflictividad inter-estatal, un logro no menor.

En un mundo globalizado los países de las distintas regiones deben coordinar su accionar. UNASUR, cuya primera presidencia pro tempore fue ejercida por Chile, representa una importante instancia de este tipo. Su gran impulsor ha sido Brasil, un  aliado tradicional de Chile. El Consejo Sudamericano de Defensa es una expresión de avance concreto en su agenda. La reunión cumbre realizada en Santiago en septiembre de 2008 contribuyó a resolver la crisis que enfrentaba Bolivia.

Una de las objeciones a UNASUR es que no incluye a México y Centroamérica. Esto equivale a objetar a la Copa América porque  no está Alemania.  Ocurre que México y Centroamérica no están en UNASUR porque (¡sorpresa!) no están en Sudamérica. Tienen sus entidades propias y son parte del CELAC. Además, en los últimos años Sudamérica ha desarrollado una inserción internacional muy distinta a la de Mesoamérica y el Caribe -mucho mas volcada al Asia y menos dependiente de los Estados Unidos y Europa que los países de la Cuenca. Ello implica imperativos propios.

Otra objeción es que ya habría demasiadas entidades regionales. Precisamente  una de las labores de Chile en la presidencia del Grupo de Río que asumió en marzo   buscar una integración de éste con el CELAC.  ¿Qué hay de una cláusula democrática en  UNASUR?  Dada la existencia de la Carta Democrática Inter-Americana, esto parece algo redundante. En todo caso, al ratificar un tratado como éste no es el momento de comenzar a añadir cláusulas.  Si cada país hace lo mismo, no hay texto común de tratado que aguante.

El que Venezuela tendría demasiada influencia en UNASUR sería otra razón para no ratificar el tratado, dadas las diferencias políticas de Chile con el gobierno de Hugo Chávez. Esto, demás está decirlo, no resiste análisis. En primer lugar, es falso; el “peso pesado” en UNASUR es Brasil, no Venezuela.  Segundo, de ser cierto, ¿debería Chile abstenerse de ser parte de toda  entidad internacional con estados miembros de cuyos gobiernos discrepa? De seguir este camino, Chile terminaría en el aislamiento total, una especie de “Tibet de Sudamérica”.

En un sistema hiperpresidencial como el chileno, en que el Congreso Nacional tiene relativamente pocos poderes, la tentación de levantar barreras en aquellas áreas en que el Congreso sí decide es grande. Chile, país que tanto se precia de su estado de Derecho, de su legalismo y del legado de Andrés Bello, tiene la dudosa distinción de haber sido uno de los últimos países latinoamericanos en ratificar el Tribunal Penal Internacional (TPI). Ello se debió a casi diez años de objeciones de los mismos sectores que hoy se oponen a UNASUR. En política internacional, como en la vida, no sólo es importante hacer los deberes, sino que  hacerlos a tiempo. Es de esperar que, como en el caso del TPI, Chile no termine con la dudosa distinción de ser el último país sudamericano en ratificar el tratado de UNASUR, por ahí por el 2020.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes