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Análisis Político

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El necesario cambio de gabinete

por 13 agosto 2010

El necesario cambio de gabinete
Piñera querrá que sus actuales secretarios de estado lo acompañen en las festividades del bicentenario, un hito de la historia de Chile. Después del 18 de septiembre, el cambio de gabinete se hará inevitable. El gobierno de Frei enseña, además, que los buenos indicadores económicos son insuficientes para lograr éxitos electorales sin tener una sólida conducción política y una buena relación con sus parlamentarios y partidos.

Ningún presidente o primer ministro cambia a sus ministros por la acción de la prensa, porque demostraría debilidad. Sin embargo, cuando algunos ministros se hacen eco de las notas de prensa anunciando un cambio de gabinete y senadores y los  presidentes de los partidos oficialistas emiten declaraciones a favor o en contra de un reajuste ministerial, quiere decir que la salida de algunos ministros es inevitable. Es la situación en que se encuentra el gobierno del presidente Piñera a partir de las últimas semanas.

Ello se hace necesario porque los supuestos que definieron la constitución del primer gabinete se han demostrado equivocados. Ha ocurrido en el pasado reciente. El primer gabinete Frei incorporó al gabinete a los presidentes de los partidos o sus representantes: Germán Correa (PS) en Interior, Víctor Manuel Rebolledo (PPD) en la Secretaría General de Gobierno y Genaro Arriagada (PDC) en la secretaría general de la presidencia. Pronto fue visible que esa decisión fue equivocada y Frei no titubeó en modificar su criterio y esperó algún tiempo para cambiarlos. Después del 18 de septiembre salieron los dos primeros, entrando Carlos Figueroa (PDC) y José Joaquín Brunner (PPD), que se constituyeron en eficaces colaboradores del presidente.

El gobierno Piñera decidió designar ministros que tuvieran un perfil de eficacia en la gestión por haberse destacado en la empresa privada, atributo que consideró más importante que carecer de experiencia política. Esta decisión se ha mostrado errada porque los costos que está pagando el gobierno por ello son altísimos, y no se resuelven con buenas comunicaciones. Más de un ministro ha tenido el buen criterio de reconocer esa realidad, sintiéndose en corral ajeno, y le ha comunicado al presidente su decisión de abandonar el gabinete. Otros/as hacen esfuerzos por mejorar su labor, pero las buenas intenciones se limitan a vagas declaraciones para neutralizar las críticas de los dirigentes de grupos de presión, de los partidos y de parlamentarios oficialistas y de oposición.

El ministro secretario general de la presidencia, Cristián Larroulet, no ha conseguido tener liderazgo en una importante cartera, que tiene una doble función: hacia el interior del gobierno, con tareas de coordinación interministerial.

Un gobierno de cuatro años tiene otras complejidades que inciden en la formación de los ministerios: la brevedad del mandato anticipa la carrera presidencial. ¿Qué se hace con los ministros que son presidenciables? Los presidentes Aylwin y Frei invitaron a Ricardo Lagos, postulante del bloque PS/PPD desde 1989, a formar parte del gabinete. Lagos trabajó activamente como titular de Educación en el primero y de Obras Públicas en el segundo gobierno de la democracia. Sin embargo, en el gobierno de Frei, cuando Lagos aparecía como el principal candidato presidencial de la Concertación en las encuestas de Adimark, que aplicaron una pregunta electoral desde un comienzo, la oposición buscó debilitar su labor. Eso se tradujo en el rechazo al proyecto de ley que buscaba fortalecer el Ministerio de Obras Públicas (MOP) que hiciera posible llevar adelante una ambiciosa política de concesiones de infraestructura a empresarios privados, iniciada por la administración de Aylwin bajo la gestión del ministro Carlos Hurtado (independiente de derecha).

El gobierno presentó un proyecto de ley para fortalecer las capacidades del MOP, entre las cuales destacaba proteger a los profesionales del ministerio que estaban emigrando al sector privado por mejores remuneraciones, proponiendo mejores sueldos para los profesionales que trabajaban en “funciones críticas” a fin de retenerlos en el sector público. Sin embargo, la derecha se opuso a ello y recurrió al tribunal constitucional que declaró inconstitucional el proyecto de ley. Fue un paso político comprensible desde el punto de vista electoral, que tuvo graves costos para el sistema político porque el MOP empleó vías administrativas para mejorar los sueldos de los profesionales, forzando la legalidad.

Piñera siguió este criterio y designó a Joaquín Lavín como ministro de Educación, la cartera que debe implementar una política considerada prioritaria por el gobierno y la oposición. Las encuestas sitúan a Lavín en una sólida posición presidencial al 2013, similar a la que tenía Lagos en el gobierno de Frei. Es poco realista que Piñera espere que la actual  oposición negocie con Lavín la reforma de la educación. Ello implicaría fortalecer aún más su aspiración presidencial, reafirmada por el blindaje que la UDI hace de la labor de éste. Si frenaron a Lagos, la derecha no puede quejarse ahora si los parlamentarios de la Concertación dilaten las reformas educacionales de Lavín. Hay un momento  en que los intereses de los presidenciables se contraponen a los del gobierno. Si Piñera realmente quiere hacer “una revolución” en esta política, tendrá que hacerlo con otro ministro.

El ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, parece ser la carta presidencial de RN y espera fortalecer su imagen pública con su política contra la delincuencia. Eso ha significado dejar de lado su responsabilidad como jefe de gabinete, con consecuencias adversas para la marcha del gobierno, porque ese vacío se aprecia en el deterioro de la calidad de las relaciones con el Congreso, pues falta un interlocutor de peso. Esas funciones las cumplieron los ministros del Interior Carlos Figueroa durante la administración de Frei y José Miguel Insulza en la de Lagos. Este vacío es más evidente por la debilidad del ministro secretario general de la presidencia. Las aspiraciones político-electorales de Hinzpeter se contraponen con los objetivos de RN, pues sus dirigentes saben que las posibilidades electorales dependen del buen desempeño del gobierno.

Por último, el ministro secretario general de la presidencia, Cristián Larroulet, no ha conseguido tener liderazgo en una importante cartera, que tiene una doble función: hacia el interior del gobierno, con tareas de coordinación interministerial, y hacia el exterior del ejecutivo, conduciendo la agenda legislativa y dirigiendo las negociaciones con la oposición para lograr acuerdos legislativos. A diferencia de Edgardo Boeninger, Juan Villarzú y José Miguel Insulza, grandes ministros que cumplieron ambas funciones, Larroulet ha sido privado de la coordinación ministerial por la poderosa asesora presidencial María Luisa Brahm, la jefa de asesores de La Moneda, la mano derecha del presidente. Ella lo ha declarado públicamente en una entrevista de prensa,  proclamándose “sus ojos y sus oídos”, asumiendo en la práctica la coordinación interna del gobierno.

Piñera querrá que sus actuales secretarios de estado lo acompañen en las festividades del bicentenario, un hito de la historia de Chile. Después del 18 de septiembre, el cambio de gabinete se hará inevitable.

El gobierno de Frei enseña, además, que los buenos indicadores económicos son insuficientes para lograr éxitos electorales sin tener una sólida conducción política y una buena relación con sus parlamentarios y partidos.  Las parlamentarias de 1997, realizadas en un momento dorado de la economía chilena, el partido del presidente, el PDC, perdió medio millón de votos, que no se fueron a los socios de la Concertación, sino que a la oposición.

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