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“¿Qué hacer?”, según Daniel Cohn-Bendit

por 14 agosto 2010

Otra vez Cohn-Bendit provoca y seduce a Europa. Este año el eurodiputado recorrió algunas ciudades de la Unión agitando su nuevo libro: ¿Qué Hacer? (y no es casual que el título sea una replica de la pragmática pregunta en la incendiaria obra de Lenin). Se trata, dice el subtítulo, de un “Pequeño tratado de imaginación política” para ciudadanos europeos.(1) (Agregaría, y por eso mi afán en compartirlo, que lo es para los ciudadanos del mundo).

Tres grandes temas cruzan la obra. Primero, Cohn-Bendit (C-B) nos invita asumir con urgencia un cambio que es mayor y a la vez un desafío planetario: la transformación del actual modo de producción y consumo, de los fundamentos mismos de la economía, y de su forma de convivencia asociada. La sociedad moderna –ya antigua- se construyó anclada firmemente en la creencia de operar en una suerte de fondo natural eterno; dogma que ya casi nos tiene al borde de la destrucción ambiental, lo humano incluido.

Dos, en el marco de la sociedad planetaria, nos invita a profundizar en la construcción de sociedades multiculturales, cuya convivencia se funda en el respeto al otro diferente. “Hoy día las cuestiones relacionadas con el multiculturalismo conforman el núcleo de la definición de convivencia en las sociedad europeas” (y no europeas, agregaría, pues en Chile mismo tenemos nuestros propios desafíos, con los habitantes originarios y con los inmigrantes). Para C-B el “multicultaralismo es una sociedad compuesta de diversas culturas, que pemite la multiplicidad de identidades culturales de cada uno, porque todos formamos partes de varias culturas, y que se esfuerza por darles visibilidad y por fomentar la comprensión mutua”.

Y tres, declara C-B, “escribo este libro porque tengo la convicción que podemos cambiar las cosas y que (en nuestro caso) Europa es la escala adecuada.” Esta dimensión de su reflexión se encuentra muy en línea con “El Sueño Europeo” del ensayista norteamericano Jeremy Rifkin en su obra homónima. Para C-B y Rifkin la Unión en construcción aparece como el crisol donde se une el pasado orgánico, que construyó a la modernidad, con un  presente que, por devenir de su propio pasado, es hoy capaz de criticar y superar a la modernidad como histórico modo de vida. En el proceso de deconstrucción de lo antiguo se estaría simultáneamente sentando las bases de un nuevo modo de vida, el que sólo será “posible (cotidianamente) soñando lo imposible”. Si, la propia imagen insigne de mayo del 68, cuando C-B inicio su deriva político libertaria, hoy subyace en su convicción europeísta.

Es que la mirada y la escritura del eurodiputado deviene de su propia vida. De padres alemanes, nació en 1945 en Francia. Se considera asimismo franco-alemán y ciudadano de Europa. Fue el líder universitario más visible del mayo francés del 68, “Danny el Rojo”. Más tarde mutó a “Danny el Verde”, políticamente clave en el ecologismo paneuropeo. Sin soslayar a “Danny el Lila”,  por su activo rol en la gestión de políticas públicas multiculturales durante varios años en la Alcaldía de Frankfurt, Alemania. Más allá de compartir o no sus planteamientos, es innegable la coherencia de su vida, pues los colores de su “paleta vital” (el rojo de la equidad social, el verde de la ecología y el lila del respeto a la diversidad de toda laya), se  han ido complementando en su quehacer como actor político. Cuando se le pregunta, lo que suele ocurrir, ¿si continúa fiel al revolucionario de su juventud o bien hoy es un reformista realista y moderado?, él responde: “Soy ambas cosas, porque fundamentalmente (siempre he sido) un demócrata. Tengo el anti-totalitarismo pegado al cuerpo… creo que se tiene que discutir sin descanso para convencer. Eso es el reformismo. No es el compromiso a media, sino la firmeza de las convicciones, pero acompañada de la certeza que estas no valen nada si no son compartidas”.

Hoy confluyen varias crisis (financiera, económica, ecológica, social, politica e ideológica) que “tienen ritmos y escalas temporales muy distintas entre si: de lo más puntual y espectacular (el derrumbamiento de las acciones de General Motors) a lo más gradual, el calentamiento gobal.

A finales de los 90, C-B se entusiasmaba con el 10% de apoyo a lo verdes en las elecciones de la Unión Europea, con máximos de 15 y 20% en los centros urbanos. Y esta influencia, él lo sabe, más allá de los guarismos coyunturales, no ha sido efímera. Los programas ecologistas, con más o menos consistencia, han sido asumidos por izquierdas y derechas tradicionales, siendo muchas de sus banderas del ayer, actuales políticas de Estado en Europa (una vez más, “imaginación de ayer, evidencia de hoy”, otra consigna sesentera). Por esos años, en el “Manifiesto Por Una Tercera Izquierda Verde (TIV)” (2) C-B escribía: “aferrada al corazón de la izquierda, La TIV no está ni a la izquierda de la izquierda ni a la derecha de la izquierda. Simplemente está adelante, es su ala innovadora y desoxidante. La genealogia de la TIV es larga. Aunque fuimos durante largo tiempo los únicos que mantuvimos la lucha medio-ambiental, es claro que para nosotros esta no es la única lucha”. Tal vez por eso ahora en “Qué Hacer” aborda de todo, aunque en estas líneas sólo trataremos la urgente interpelación económica que nos hace en su obra.

El mundo cambió: el turno de la imaginación

C-B, como tantos, piensa que actualmente vivimos una mutación de época histórica. En ese marco, inicia su reflexión relevando la inédita coincidencia de crisis en nuestro presente como Historia. Hoy confluyen varias crisis (financiera, económica, ecológica, social, politica e ideológica) que “tienen ritmos y escalas temporales muy distintas entre si: de lo más puntual y espectacular (el derrumbamiento de las acciones de General Motors) a lo más gradual, el calentamiento gobal… pero su conjunción es temible, porque se amplifican mutuamente.”

Citando a Alain Lipietz, nos sitúa en la primera crisis socio-ecológica global de la modernidad, “resultado de un capitalismo productivista, depredador de recursos naturales –renovables o no- desde hace más de dos siglos. Desorden climático, rarefacción de los recursos naturales y disminución de la biodiversidad, he aquí los tres componente principales de la crisis ecológica”.  Y cuando C-B escribe capitalismo, no implica que el actual sistema chino, así como en su tiempo el socialismo real, no comparta la misma lógica productivista y depredadora que ha sido el patrón común a la modernidad.

Hoy sabemos que los efectos de la crisis ecológica en la vida social y económica son enormes y podrían ser devastadores. Según la ONU, próximamente aumentará a decenas de millones el número de refugiados climáticos, en especial por la desaparición de territorios y la escasez de agua. “El informe Stern de 2006 estimó que si los políticos no reaccionan, los costos del cambio climático supondrán perdidas entre el 5% y el 20% del PIB mundial, mientras que el costo de una acción inmediata representaría solamente un 1% por ciento anual… en comparación con esta perspectiva la reciente crisis de los subprime resulta prácticamente anécdotica”. De ahí entonces que la reducción masiva de la emisión de CO2 es urgente. Afortunadamente, “los Estados Unidos de Obama se han convencido de ello… e incluso responsables chinos vinieron a ver a los verdes al Parlamento europeo y nos dijeron “Os necesitamos”. Ya han fijado el objetivo de 0 % de emisiones en autos importados o fabricados en China para el 2012 o 2015.”

Hay sin duda irracionalidad en una suerte de “metabolismo económico imparable” que lleva a la destrucción. “El sistema económico actual sobreconsume los Recursos Naturales… (de tal manera) que si el modo de vida américano se extendiera al conjunto de la población mundial harían falta los recursos de cinco planetas para sostener el crecimiento chino actual”. Continuar con la lógica del sistema económico moderno es un absurdo si consideramos otro consenso entre los estudiosos de la deriva de la Tierra, que actualmente vivimos la sexta extinción masiva de especies, esto es, una disminución acelerada de la biodiversidad. Aunque, y no es trivial recordarlo, la actual es la primera extinción causada por la acción de otra especie, la humana. Guste o no a los respectivos estados-naciones soberanos, en el mundo planetario e interrelacionado, es también urgente detener la destrucción del amazonas y de los bosques de Indonesia (explotación, dicése en lenguaje moderno), ya que estos procesos en curso “suponen una amenaza grave de transformación irreversible de nuestro ecosistema”.

El profundo nexo entre la lógica productivista y de sobreconsumo y la crisis ecológica, lleva a C-B a afirmar que lo que estamos viviendo en los últimos años “no es una mera crisis financiera y económica, aquí esta en crisis todo un modelo de desarrollo y de un tipo de compromiso social…”. Esta en crisis el modo de vida moderno. “… la actual crisis, singular e inédita, supone el fin de los modelos fordista y productivista”, ya sea liberal o neoliberal. Hoy, según C-B, no se trata simplemente de optar entre la economía social de mercado o la economía mercantil de mercado, pues ambas comparten la lógica económica que hay que subvertir (aunque él valora el hecho que la primera contenía un foco social equitativo digno de mantener). Hoy debemos romper con los dogmas neoliberales y también con las hipotesis que sostenían el compromiso fordista: la gratuidad y el carácter inagotable de los recursos energéticos y naturales y la lógica colectiva y anónima de la sociedad de masas (con trabajadores-hormigas, endeudados con tarjetas y sobreconsumiendo).

Sin duda, la cuestión crucial del presente es tener planes de acción, pero no cualquier plan: “se trata de pasar de planes de recuperación ante la crisis económica a planes de transformacion, en el corto, mediano y largo plazo, de nuestro modo de producción, de nuestra manera de valorar el crecimiento, de pensar los vinculos entre economía y sociedad.”

C-B, página tras página y con variados argumentos, enumera las acciones: modificar nuestro modo de consumo y de producción, favoreciendo lo sostenible frente a lo irresponsable, lo duradero frente a lo desechable, lo reciclable frente al almacenaje de residuos, la calidad frente a la cantidad; hay que terminar con lo que los economista llaman externalización, que es excluir los costos ambientales y sociales, tanto en el anacrónico y dogmático análisis costo-oportunidad como en el cálculo del PIB; hay que incentivar con políticas públicas la innovación tecnológica hacia lo sustentable, en la arquitectura y en la construcción; hay que incentivar energías sustentables; también es necesario renovar el pacto social por la equidad, ya que es imposible imaginar una verdadera ecología política sin una reduccion sensible de las desigualdades; hay que efectuar inversiones masivas en educación e investigación hacia la sustentabilidad, así como en la formación y reconversión social para una reorientación económica de este calibre. Todo esto y más “es la orientación que debe tomar lo que llaman el Green Deal, una reactivación económica incluso mayor al New Deal roseelveltiano que permitió salir de la Gran Depresión del 29... (Y) todos estos cambios deben obedecer a un imperativo incondicional: salvaguardar el carácter habitable de nuestra biosfera. No se trata solamente de conciliar la antigua visión económica con nuevos comportamientos extra-económicos. Conservar la misma economía industrial productivista y hacer ecología cosmética no servirá de nada”.

De una manera u otra, en Europa hacen sentido las interpelaciones de C-B. De hecho, más allá de sus contradicciones e incosistencias, la sociedad europea se encuentra viviendo en esa mudanza de modo de vida. Hay una robusta economía verde en expansión, hay metas cercanas para una reconversión energética radical, hay reciclaje y nuevos hábitos de consumo, se discute la equidad social con otros tópicos, hay innovación tecnológica sustentable, y así.

En ese contexto, resultan novedosas algunas sugerencias prácticas de C-B. Por ejemplo, en lo tributario propone “un nuevo impuesto inteligente (acorde a la emergente Sociedad Polen, cuyo foco son las actividades en red) que debería gravar la circulación y no el consumo… La nueva tasa sería inteligente porque “los impuestos actuales, sólo orientados al consumo material o a la producción material, desatienden completamente la riqueza inmaterial, que es hoy cada vez más relevante… actualmente en Francia los negocios más lucrativos son los bancos y la gran distribución, dos sectores en los que no se paga TVA (IVA Francés), una tasa lucrativa para el Estado, pero injusta y particularmente anti-redistributiva, y que sobre todo no capta una parte sustancial de la actividad económica. Lo ideal sería gravar todas las transacciones, incluso las más insignificantes, como sacar dinero de un cajero automático. Si de cada transacción se retuviera digamos un 0,01%, ya fuese hecha en un cajero autómatico o en una cuenta bursatil, los fondos serían suficientes para garantizar el presupuesto de todo el Estado Francés.” Interesante de discutir, sin duda, pese a lo árido del tema y las aristas que tiene el cómo definir qué se hace con el IVA tradicional y cómo se asigna o se distribuye entre le entidad Banco y el usuario, por ejemplo, el nuevo tributo a las redes de distribución y circulación.

En otra cuerda, pero igual de gráfico, es cuando C-B simboliza el cambio de mundo y la actual confluencia de crisis (del desplome de GM al cambio climático) con lo que esta ocurriendo en la industria automovilistica. El auto fue un hito de la revolución industrial y emblema de la modernidad económica (ingenio tecnológico y motor de la economía), de la modernidad social (baluarte de la democratización, clave en la empleabilidad y símbolo de ascenso social) y de la modernidad cultural (revolucionó el desplazamiento, la autonomía, el ocio y el turismo). Pues bien, esa industria hoy vive una crisis que “se resume así: es necesario articular los tres menos: menos automoviles, menos consumo de energía y menos contaminación, con los tres más: más transportes colectivos y ferroviarios, más distribución  energética y más calidad de vida”. Obviamente que C-B no promueve la desaparición de los autos, sino una transformación de la industria hacia la sustentabilidad y un uso humano más mesurado. Así como es conciente que el desafío de la industria no sólo implica innovación tecnológica ambiental, sino también una compleja  reconversión social, por eso, con optimismo él destaca “la reciente reconversión de la fabrica Blanquefort de la empresa Ford, en Gironde, Francia, en una fábrica de piezas para el sector eólico, lo que desmuestra que la reconversión es posible.”

En fin, C-B sabe que el cambio está ocurriendo. Con esperanza afirma que “la única virtud de una crisis es que para salir de ella hay que pensar de manera distinta: es preciso quebrar y superar los dogmas que se nos han impuesto como leyes naturales inamovibles”. Tal vez en esta tesitura radica el tono de un “Qué Hacer” que invita a la imaginación y a la acción política.

1) El libro “Qué hacer” esta disponible desde mayo de este año en español en la editorial RBA. Cohn – Bendit también ha escrito “La Rebelión del 68”, 2008; “La revolución y nosotros que la quisimos tanto”, 1998; “Ciudadanos de Babel”, 1996; “De la ecología a la autonomía”, 1982;  y “El Gran Bazar”, 1976.

2) En Chile este manifiesto fue publicado el año 2000 en la revista Plaza Pública Nº 9.

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