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¿Participación en OEA y Unasur? Sí, y en otros foros más

por 16 agosto 2010

Una  posición  recurrente en el debate sobre política exterior propone retardar la ratificación de Chile al tratado que crea  la  UNASUR. Las razones  no serían de peso en la perspectiva del interés nacional.

Se sostiene que el acercamiento a UNASUR pondría  problemas a Chile en su participación en la OEA, la que no corre peligro alguno. También se menciona como problema la fuerza  que tendría Venezuela en UNASUR, lo que tampoco pareciera ser una influencia determinante que afecte nuestra  participación. Igualmente, que la presencia simultánea en distintos foros latinoamericanos produciría cierto paralelismo innecesario en las modalidades de cooperación. Tampoco parece ser  una razón real, y, por el contrario, si cada foro -considerado en sus méritos- tiene  un objetivo propio y  funcional a un propósito de política exterior chilena, no hay razones válidas para no ingresar. Europa da el ejemplo: 27 países conforman la  Unión Europea y, al mismo tiempo, esos países entre sí y con otros Estados conforman amplias constelaciones, desde los del Mar Báltico a los del Mediterráneo.

Considerar como un obstáculo la presencia, por ejemplo, del presidente Hugo Chávez, es “venezolanizar” nuestra política exterior de un modo no compatible con nuestros intereses.

Dada la universalidad de nuestras relaciones económicas internacionales, resulta  aconsejable reforzar el plano de la cooperación política, mantener una  presencia simultánea en foros diversos y complementar  los  objetivos políticos de la actividad externa (seguridad, paz, solución pacífica de controversias, democracia, derechos humanos, cooperación para el desarrollo)  con los de integración latinoamericana y  libre comercio a nivel mundial, dando base sustantiva y política a la red de intercambios comerciales.

No se justifica concebir las participaciones en OEA y UNASUR como opuestas o alternativas. La OEA tiene su razón de ser en que coexistimos en el mismo continente con la mayor potencia mundial y, a pesar de las asimetrías -y debido a ellas-, es necesario un foro permanente para cooperar en materias como la paz en el continente, los derechos humanos, el combate al narcotráfico, la promoción de la democracia, la codificación del derecho internacional y otras. Pero muchos otros problemas no son llevados por los países latinoamericanos a la OEA, porque por su composición y naturaleza no resulta el lugar apropiado. El sistema interamericano tiene una razón de existir; al mismo tiempo, no está llamado a ser el eje central de una integración que sirva de base a nuestra proyección exterior y un rol mayor a nivel internacional como es la latinoamericana.

Los objetivos específicos de UNASUR se orientan a aprovechar el espacio sudamericano como base para la coordinación de políticas, lo que está avalado por razones históricas, geográficas y cierta homogeneidad  y base  común, a pesar de rivalidades históricas. Los objetivos directos de UNASUR no apuntan a un área de libre comercio o  unión aduanera -aunque podría impulsar la convergencia de esquemas existentes-, sino que a  articular  visiones sobre temas globales y coordinar políticas como la energética, la ambiental, la de infraestructura vial, la turística y la social, donde la cooperación es necesaria y posible. Considerar como un obstáculo la presencia, por ejemplo, del presidente Hugo Chávez, es “venezolanizar” nuestra política exterior de un modo no compatible con nuestros intereses.

En suma, el plano multilateral admite la presencia simultánea del país en diversos foros políticos y áreas del mundo, y ésta parece ser una meta válida de política exterior.

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