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La pedagogía política de la eficiencia

por 18 agosto 2010

Eso es la eficiencia, una mascarada o un simulacro político, un camino abierto para la des-Concertación de Chile, un dispositivo ideológico para gobernar sin pagar el castigo de la obvia e inevitable derechización.

El gobierno de Sebastián Piñera parece haber querido adoptar como guía de su mandato lo que él y sus portavoces denominan “eficiencia”.

Este término más que equívoco, es “multívoco”, pues su pluralidad de significados le permite, al igual que al mítico rostro de Jano, mirar hacia atrás y adelante. Mira al pasado y evalúa como insuficiente las políticas desarrolladas por los mandatarios previos.

Eso es la eficiencia, una mascarada o un simulacro político, un camino abierto para la des-Concertación de Chile, un dispositivo ideológico para gobernar sin pagar el castigo de la obvia e inevitable derechización.

Pero esto no es todo, sino que tiñe de ineficiencia a todo colaborador y a una etapa democrática a la que a menudo han reconocido sus logros. Este juego de la falta de eficiencia es crucial, pues bajo su égida se pueden tomar decisiones aparentemente apolíticas. En definitiva, la eficiencia es un tema país, y no lo sería así favorecer descaradamente a los correligionarios.

El Jano de la eficiencia mira también al futuro, y lo hace con tez de tecnócrata. Un giro que tanto ha gustado a los políticos conservadores, los cuales han tendido a avergonzarse públicamente de su política, y la han hecho efectiva moviendo entre bambalinas la marioneta tecnocrática. Así, los próximos años no serán protagonizados por un gobierno de derechas, sino por un conjunto de tecnócratas a los que, pensarán ellos, lamentablemente no les quedará más remedio que hacer política.

De este modo, cómo criticar que se recorten presupuestos, se despida personal y, en definitiva, se “ordene la casa”. Sin embargo, en medio de este tufo ingenieril, podría el Gobierno, o alguno de sus representantes, explicar qué entienden por eficiencia. Esto quizás serviría, por ejemplo, para que los trabajadores del sector público supieran por qué los han “desvinculado”. Al menos, yo preferiría perder el trabajo sabiendo que soy 70 en eficiencia mientras mi compañero de al lado es 80.

El problema de la eficiencia, finalmente, es que no es verdad. No digo que no pretendan ser más o menos razonables en el gasto de los recursos públicos, sino que no es el fin último de este mandato. La verdad del carbonero es que este mandato de Piñera, como parece que no podría ser de otro modo tras veinte años de Concertación, quiere redefinir el mapa electoral de Chile, de tal modo que sus sucesores vistan del mismo color político. Eso es la eficiencia, una mascarada o un simulacro político, un camino abierto para la des-Concertación de Chile, un dispositivo ideológico para gobernar sin pagar el castigo de la obvia e inevitable derechización.

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