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Elecciones UDI: entre el escritorio y la mística

por 19 agosto 2010

Elecciones UDI: entre el escritorio y la mística
Hoy, más que buscar el poder, se nos pide administrarlo. Y es precisamente en este punto, que las colectividades en general y por cierto, también la UDI, enfrentan una gran disyuntiva. El ejercicio del poder nos puede “aburguesar” y tender sus miembros a “acomodarse políticamente”, a mirar la acción política desde un cómodo escritorio.

La UDI nace desde la fuerza de un grupo de jóvenes convocados por Jaime Guzmán, para defender y promover lo que ellos llamaban los principios de una “Sociedad Libre”, bajo un triple perfil de partido popular, de inspiración cristiana y por la libertad.

Hoy, tal vez dichos enunciados no parezcan tan radicales, pero en la década de los 70 y 80 -época cargada de consignas en la discusión política- sin duda que lo fueron. Es el período fundacional de la UDI, cargado de mística y actos heroicos que los militantes hemos escuchado y admirado desde que ingresamos al partido.

Esa es la UDI. La UDI que convoca, que llama a dejar proyectos personales para sumarse a esfuerzos colectivos para mejorar nuestro país desde el servicio público. La UDI con un sentido de misión y urgencia. La UDI que trabaja en terreno, en las poblaciones, en el mundo popular.

Ya no estamos dispuestos a ir contra corriente, ya no estamos dispuestos a pagar costos por sorprender. Tampoco por ser audaces, ni mucho menos por ser consecuentes.

Sin embargo, ese período fundacional ha quedado atrás, (aunque no necesariamente su espíritu) en un paso natural que debe dar todo partido político. Hoy  somos la colectividad más grande de Chile y el principal partido de la coalición gobernante. Se puede decir que se han alcanzado los desafíos más importantes que se impone todo partido al momento de nacer a la vida pública y ahora estamos en la etapa de “consolidación”.

Hoy, más que buscar el poder, se nos pide administrarlo. Y es precisamente en este punto, que las colectividades en general y por cierto, también la UDI, enfrentan una gran disyuntiva. El ejercicio del poder nos puede “aburguesar” y tender sus miembros a “acomodarse políticamente”, a mirar la acción política desde un cómodo escritorio. La alternativa, por el contrario, es lograr crear una verdadera UDI 2.0, que si bien ya no es la UDI fundacional, sigue manteniendo vigente su espíritu en esta nueva etapa, con un ejercicio del poder desafiante y dispuesto a tomar riesgos para concretar el perfil popular que nos caracteriza a la hora de buscar el desarrollo del país.

Por desagracia, en el último tiempo hemos visto una mayor tendencia al primero de los caminos. El “aburguesamiento”, la “acomodación”, a formar parte de lo que en nuestros inicios renegábamos, el famoso “club de los políticos”, a mirar el servicio público desde un escritorio se ha ido adueñando de nuestra forma de hacer política.

Ya no estamos dispuestos a ir contra corriente, ya no estamos dispuestos a pagar costos por sorprender. Tampoco por ser audaces, ni mucho menos por ser consecuentes. No. Ahora queremos seguir siendo grandes, ser populares, ser fácilmente “digeribles” por la opinión pública, a fuerza de ceder lo que sea necesario con tal que una supuesta mayoría de los chilenos se sienta “cómoda” con la UDI.

Para que eso no ocurra, es necesario que existan recambios en las conducciones de los partidos. La alternancia en el poder es buena para los países y con mayor razón lo es también para los partidos políticos. Más todavía, si esperamos que la UDI siga siendo lo que muchos señalamos con orgullo: “más que un partido, el mejor camino para servir a Chile”.

En estas elecciones internas de la UDI, sólo hay dos opciones: o nos consumimos y nos vamos marchitando poco a poco en la mera administración del poder detrás de un escritorio o, nos renovamos y enfrentamos sin temores los desafíos de una UDI 2.0, que haga de este gobierno un camino para hacer las transformaciones que Chile necesita.

Más escritorio o el regreso de la mística, ese es el verdadero dilema de la UDI.

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