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2012: ¿principio o fin?

por 20 agosto 2010

El principio del camino debe ser la política pura y simple, una actividad que para recuperarse debe apostar más a la conquista de lo subjetivo, a la valoración de las causas que hoy la sociedad está valorando y soñando que a los cálculos ingenieriles.

Quedan más de dos años para la elección municipal de 2012, contienda que medirá por primera vez a las actuales coaliciones desde roles distintos a los que tuvieron desde el retorno a la democracia. La Alianza en el gobierno, la Concertación en la oposición.

Aunque falta tiempo para ese desafío electoral, este hito preocupa en los partidos de la principal coalición opositora.

Ello explica la importancia que se asignó a la comisión encargada de la estrategia municipal que acordó el PPD  el último fin de semana.  Eso explica, en parte, la fuerte tensión previa que provocó el nombramiento del ex ministro Secretario General de Gobierno, del Interior y ex Subsecretario de Desarrollo Regional Francisco Vidal, para encabezar dicho desafío.

El ex vocero ha señalado que es necesario un pacto político que aglutine a todas las fuerzas políticas del centro y la izquierda. Nuestra opinión es que esa es una condición necesaria e indispensable. Sin embargo, no es suficiente para lograr un buen resultado electoral en 2012.

No es burocrática la solución, es ciudadana, debe producir movimiento y no estructuras.

En efecto, la fracasada estrategia electoral que llevó a la derrota de la centroizquierda en las últimas elecciones consideraba un pacto amplio, lo que se logró al pactar con el PC que  por fin superó la exclusión que lo tenía fuera del Parlamento durante los últimos 20 años a pesar de tener una importante votación relativa.

El principio del camino debe ser la política pura y simple, una actividad que para recuperarse debe apostar más a la conquista de lo subjetivo, a la valoración de las causas que hoy la sociedad está valorando y soñando que a los cálculos ingenieriles.

Sin embargo, aún con ese logro, la coalición concertacionista perdió y lo hizo porque llegaba dividida a ese escenario, pero sobre todo, porque llegaba con los niveles más bajos de credibilidad y confianza de parte de la ciudadanía desde su creación como conglomerado político.

La concertación llegó boqueando a la meta presidencial tras un cúmulo de errores que la situaron por primera vez fuera del gobierno en las dos últimas décadas, a pesar que las ideas de centroizquierda eran mayoritarias según indicaban diversos estudios.

La Concertación triunfó en superar la exclusión, pero no tuvo unidad, ni logró atraer la confianza y la adhesión ciudadana de forma mayoritaria. Es decir, solo uno de tres factores relevantes.

A partir de esa constatación es que debe trabajar prioritariamente en los factores deficitarios. Es decir, mejorar la unidad del bloque opositor y revincularse a través de un proyecto de nuevo tipo, fundado en lo mejor que hizo pero nuevo, renovado, con sabor y aroma de futuro. Que sea ofrecido a una ciudadanía con mayores grados de exigencia a la política, pero también con mayores grados de hastío con esta actividad, Por ello, el pacto electoral debe ser el final de un camino y no el principio. Debe refrendar un camino, una vía hacia una mayor densidad social y política de la centroizquierda.

El principio del camino debe ser la política pura y simple, una actividad que para recuperarse debe apostar más a la conquista de lo subjetivo, a la valoración de las causas que hoy la sociedad está valorando y soñando que a los cálculos ingenieriles. Aquellas causas a las que los jóvenes adhieren, aquellas que apuntan a resolver los problemas de las personas, aquellas que hacen soñar con un mejor país: más libre, con menos privilegios, más cooperativo, menos egoísta, menos enclaustrado, más abierto, con menos paranoia, más saludable, mas inclusivo, que se preocupe de que los pobres, los trabajadores y las clases medias se sientan debidamente representadas en un proyecto. Es decir, todo lo contrario a lo que se acuerde “entre cuatro paredes”.

Hacia allá debe ir cualquier coalición de centroizquierda que quiera ganar las mentes y sobre todo los corazones de los ciudadanos, de los trabajadores y del pueblo. Intuyo que en esas causas está el corazón de una política de centroizquierda.

Mientras esa reconciliación no se produzca, mientras las propuestas no provengan desde ahí: de la calle, no de la nostalgia por los cómodos sillones ministeriales, será muy difícil que se vuelva a creer. Esa reconciliación tiene como condición que se trabaje en la unidad, pero aquella unidad que se busca en el día a día, en el trabajo común, en la búsqueda de acuerdos sólidos,  no aquella que se impone por decreto o fácticamente, aquella a la que no pocos en la Concertación se habían acostumbrado.

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