Sábado, 10 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:27

Autor Imagen

La única forma de gobernar

por 23 agosto 2010

El gobierno de Piñera se ha anotado un triunfo político de incalculables proporciones. No sé si le servirá para subir en las encuestas. No sé si la gente le creerá más o menos al Presidente después de esto. No sé si a partir de ahora se sobregirará en el tema comunicacional o si mantendrá la prudente distancia --con escasos excesos-- mostrada hasta ahora. Tampoco sé si el Ministro Golborne será la rising star del firmamento político chileno. Lo que sí sé es que el gobierno lo hizo muy bien y que merece todo nuestro reconocimiento.

¿Por qué lo hizo bien el gobierno? Porque hizo lo que tenía que hacer. Así de sencillo. Y eso se percibe mucho más que cualquier estrategia comunicacional. Hacer lo que hay que hacer, fuera de todo cálculo de riesgo político, es lo que la gente espera de los gobiernos y agradece de sus gobernantes. Y eso es precisamente lo que hizo Piñera en este caso desde el comienzo, cuando optó por visitar la mina al día siguiente del derrumbe. En vez de blindarse, inventar un slogan o ponerse la parka roja, optó, acertadamente, por ejercer aquella noble forma de gobernar donde sencillamente se hace lo que corresponde hacer.

Hablar de política a raíz del derrumbe siempre me pareció de mal gusto y creo que la opinión pública también lo sintió así. De hecho, el esbozo de debate que se dio al respecto se limitó a los estrategas amateurs que inundan el mundo twittero y no mucho más allá. Tampoco prosperó mayormente la ofensiva inicial del gobierno de centrarse en las responsabilidades del SERNAGEOMIN --intentando tirar lodo a la administración anterior-- antes que de las responsabilidades privadas. Incluso, ello opacó inicialmente los esfuerzos de la búsqueda.

¿Qué fue lo que primó? Un gobierno que en pocos días armó un equipo de profesionales y técnicos de excelencia --gran parte de ellos provenientes de la minera estatal-- y que no escatimó en recursos para apoyar la búsqueda.

Si se mantiene en esta línea, el gobierno repuntará. Ciertamente lo favorecerá el ciclo económico y el Bicentenario. Pero aquí puede haber algo más. Porque ahora el gobierno tendrá en su cuenta el hecho de haber demostrado diligencia y seriedad a la hora que más se requería.

Trajeron la maquinaria necesarias en cuestión de días. Lograron montar una aldea de campaña para cientos --si no miles-- de familiares, equipos y prensa, desde donde nunca se conoció un incidente. El país supo de planes A, B y C, todos lógicos y claros. Los ministros y autoridades diligentemente se turnaron las vocerías de los distintos aspectos relacionados al rescate, a la vez que el Ministro Golborne, el Subsecretario y el ingeniero Sougarret dieron en todo momento la impresión de gente profesional, completamente in command. Bien merecida tuvo Piñera y su equipo la cosecha comunicacional del día domingo y nadie lo puede reprochar.

Este episodio puede significar un nuevo y verdadero comienzo para este gobierno. En gran parte por su actitud personal, el Presidente desaprovechó el terremoto para construir una causa de unidad nacional que diera algo de épica a su apuesta central de gobierno, como era la eficiencia en la gestión. Se suponía que la diligencia gerencial sería un bien preciado en la coyuntura de la reconstrucción. Pero el gobierno optó por la estrategia pequeña. Los planes no se conocieron en detalle. La reforma tributaria para la reconstrucción pareció más una reyerta polítiquera que una causa unitaria.

Los distintos anuncios de estos meses padecieron el mismo virus. Más que políticas consensuadas, lo que se vio fueron una serie de anuncios grandilocuentes plagados de condicionalidades y letra chica, como se demostró con el descuento del 7%, el post natal de 6 meses, el Sernac financiero o el Ministerio de Desarrollo Social. Una tras otra el gobierno fue perdiendo oportunidades para convocar en torno a los grandes temas, porque con su actitud, sencillamente perdía credibilidad ante la oposición. Ello, sumado a desaciertos injustificables, como la demora en la instalación, los conflictos de interés, los ataques a Bachelet o la regresión conservadora en algunas de sus autoridades, hizo que se fuera desvaneciendo la cacareada nueva forma de gobernar.

Pero el episodio de San José entrega una nueva oportunidad. Puede ser éste el comienzo de la única forma de gobernar. Donde el Presidente deja de atrás el people meter y se pone a trabajar de verdad por lo que hay que hacer. El gobierno lo hizo muy bien en este episodio. Y lo más importante es que inspiró confianza y credibilidad.

Si se mantiene en esta línea, el gobierno repuntará. Ciertamente lo favorecerá el ciclo económico y el Bicentenario. Pero aquí puede haber algo más. Porque ahora el gobierno tendrá en su cuenta el hecho de haber demostrado diligencia y seriedad a la hora que más se requería.

Restará que cumpla con lo prometido. El anuncio de revisar a fondo la legislación sobre accidentes y seguridad de los trabajadores puede ser el inicio de una relevante reforma laboral. Puede que en ella no se toquen todos los temas en carpeta (como negociación colectiva o fortalecimiento sindical), pero lo que en el fondo se hará será enterrar, para siempre, la ideología del “déjennos trabajar tranquilos” que inspiró al empresariado durante tantos años y que --hay que reconocerlo-- preocupó en demasía a la Concertación.

Ojala el desenlace de esta historia sea aquel capítulo feliz que todos esperamos, donde los mineros vuelven sanos y salvos donde sus familias en un plazo razonable. Y hay que reconocerlo: yo confío en que las actuales autoridades podrán hacerlo. Esa confianza es el principal activo político que emerge de esta situación.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes