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China, segunda potencia mundial

por 27 agosto 2010

¿Estamos conscientes de los cambios que se están implementando en nuestras narices? ¿Tenemos idea de lo que va a implicar para nuestra economía y nuestro futuro? ¿Cómo va a cambiar el escenario global para nuestra política exterior?

La semana pasada hemos conocido una noticia de gran relevancia para el futuro de la humanidad y, naturalmente, de Chile.

China ha pasado a ser, “oficialmente”, la segunda potencia económica mundial, desplazando a Japón. Es extraño que no se analice esto con más intensidad y profundidad en un país como el nuestro, tan vinculado y dependiente del comercio y de las relaciones internacionales.

Lo cierto es que estamos frente a uno de los hechos más relevantes de la historia moderna. Ya son muchos los analistas que están convencidos que China camina aceleradamente a ser la primera potencia en sólo unos años más, superando a los EE.UU. y dando por clausurado un período de la historia abierto en la post Segunda Guerra Mundial.

China ha venido experimentando un crecimiento económico espectacular desde comienzos de los años 80 y no ha perdido el dinamismo logrado. Sus tasas de crecimiento promedio son del 10 % anual en los últimos 30, haciendo que la economía crezca en ¡11 veces en ese período! Este año se estima que puede crecer a más del 8% anual. Según estudios (The Economist Intelligence Unit) de hace unos años, la porción de China en el PIB mundial (en paridad de poder adquisitivo) ha aumentado desde el 3,4 % en 1980 al 15.4 % en 2005 y debiera estar llegando al 16.6 % durante el presente año, para llegar al 19.4% en 2020, mientras EE.UU. representaría 19.0% y la UE 19,1%. Medidos en dólares corrientes, esta situación descrita se retardaría unas décadas más pero, manteniéndose las tendencias de las últimas décadas, China igualmente se convertiría en la primera potencia económica mundial.

¿Estamos conscientes de los cambios que se están implementando en nuestras narices? ¿Tenemos idea de lo que va a implicar para nuestra economía y nuestro futuro? ¿Cómo va a cambiar el escenario global para nuestra política exterior?

China es no sólo la nación más poblada del mundo sino es ya hoy el mayor exportador mundial, el mayor consumidor de materias primas (para gran beneficio de nuestro país y de otros países exportadores de éstas), el mayor consumidor de energía y, lamentablemente, también tiene el primer lugar como emisor de dióxido de carbono. Tiene asimismo las mayores reservas mundiales en divisas y una capacidad de acumulación anual enorme debida a sus superavits comerciales.

Un factor no menos relevante es el impacto social de esta espectacular expansión. Aunque el punto de partida pueda ser relativamente bajo, dirán algunos, lo cierto es que en China se experimenta un enorme cambio en las estructuras sociales mediante la creación de una poderosa clase media con acceso a niveles de consumo comparables o superiores a los sectores sociales equivalentes en Occidente, con la diferencia de que su nivel de vida previo al proceso de cambios era inferior y a que la magnitud cuantitativa de las familias que se incorporan a ese consumo es realmente enorme. Al mismo tiempo, son notables las cifras de reducción de la pobreza donde en los 20 primeros años de este salto en el crecimiento se ha reducido del 63.8% al 16.6%, con notables mejoras en prácticamente todos los indicadores sociales. El nivel salarial se ha incrementado también de manera notable lo que incrementa el mercado interno, aunque también comienza a poner en cuestión uno de los fundamentos del éxito exportador: sus bajos costos salariales.

Sin embargo, no es menor otra ventaja que se ha ido generando a la par con este salto en el crecimienmto. Se ha creado y/o mejorado una notable infraestructura que, continuando como proceso los próximos años, se puede constituir en un factor que tienda a contrarestar la pérdida de competitividad por la vía del incremento de salarios.

El crecimiento económico ha ido, asimismo, a la par con un serio y razonable manejo de la macroeconomía, con niveles de déficit público relativamente bajos, superávits en cuenta corriente muy altos y niveles inflacionarios bastante bajos, aunque observemos ciertos nubarrones en el horizonte.

Se habla mucho de que ya dentro de poco el yen chino será considerado moneda dura y medida de negocios por lo menos en las esferas de comercio con China, con las relevantes consecuencias que esto implicaría. Recordemos que no hace más de 13-14 años se “ninguneaba” al Euro y, más allá de las dificultades que éste tiene en su consolidación mundial, es innegable que es un factor a considerar y en tendencia a crecer en su importancia, una vez superada la crisis actual que atraviesa la llamada zona Euro.

Hay muchas dudas respecto a la seriedad de sus estadísticas y, lo que es más importante, la posibilidad de que su economía pueda mantener su dinamismo en el futuro. Lo cierto es que, hasta ahora, China ha logrado mantener sus niveles de crecimiento y dinamismo a pesar de las dudas de los críticos y de las últimas crisis mundiales. También es cierto que la economía china, junto con la de la India y la de Brasil, como ejes del llamado BRIC, son las que están manteniendo el dinamismo de la economía mundial. Mientras las economías industrializadas del norte crecerán al 2.4% este año y 1.9% el año próximo, los BRIC crecerán al 9% en ambos años, según muchos observadores.

En la vida nada está garantizado y tampoco lo está este crecimiento y enorme expansión de China. De hecho son varios los aspectos que se pueden citar como “limitaciones” a que esta tendencia se consolide en plenitud. Se podría mencionar el envejecimiento de la población, que llegaría históricamente antes que en Europa y con menos madurez en su desarrollo económico social, con una reducción relativa de su  población en edad de trabajar y con mayores costos sociales en pensiones y salud, entre otros. Hasta ahora la economía china ha tenido una enorme dependencia del capital extranjero, lo que en caso de cambio de la tendencia, demandaría un mayor esfuerzo en el ahorro interno en caso de cambiar el marco respectivo. Hasta ahora el peso de la industria se observa como superior a lo esperable en una sociedad del siglo XXI que, se supone, debe estar más vinculada al sector servicios, lo que obligaría a un cambio en el patrón considerado adecuado según las teorías más recientes. El deterioro del medio ambiente es cada vez mayor y más preocupante para muchos en Occidente, aunque no tanto para los chinos, y la fuerte dependencia de fuentes energéticas no renovables, especialmente petróleo, son otras dos limitaciones a tener presente. No menos relevante es la falta de democracia y formas de resolver sus futuros conflictos políticos y sociales internos, aunque muy recientemente hemos visto a importantes dirigentes chinos comenzar a plantear este problema como una tarea a resolver.

China podrá tener muchos problemas, pero que la fuerza y el ritmo de expansión y cambio social es espectacular, no genera ninguna duda. Y es ésa la realidad que deberemos considerar para nuestros escenarios internacionales.

En muchas partes del mundo, particularmente en sectores de los EE.UU., la irrupción de China genera enormes desconfianzas, resistencias y rechazos. El temor a las consecuencias de los cambios en la geopolítica y geoeconomía están ya en sus preocupaciones, puesto que el ascenso de China implica, también, la pérdida de hegemonía de esta poderosa nación.

China es ya nuestro socio comercial  número uno, superando a EE.UU. El comercio del poderoso asiático con América Latina se ha incrementado velozmente superando los 140 mil millones de dólares americanos. Sus inversiones son también cuantiosas y crecientes en el mundo y en la región (donde están incluso comenzando a vivir los problemas propios de los países inversionistas con problemas sociales y sindicales, como es el caso en Bolivia en estos días).

Chile es una economía orientada al exterior. ¿Estamos conscientes de los cambios que se están implementando en nuestras narices? ¿Tenemos idea de lo que va a implicar para nuestra economía y nuestro futuro? ¿Cómo va a cambiar el escenario global para nuestra política exterior?

Es el momento de reaccionar como país y como región latinoamericana No nos podemos demorar más en entender activamente lo que se nos avecina. La industria nacional, los exportadores, las autoridades, los partidos políticos, las universidades, deberán mejorar sus vinculaciones a estas nuevas realidades. No hacerlo, es condenarse a no entender los escenarios que nos deparará el mundo en muy poco tiempo y que, en realidad, ya estamos viviendo en sus consecuencias.

¿Estamos conscientes de los cambios que se están implementando en nuestras narices? ¿Tenemos idea de lo que va a implicar para nuestra economía y nuestro futuro? ¿Cómo va a cambiar el escenario global para nuestra política exterior?

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