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¿Quo Vadis, socialistas?

por 31 agosto 2010

¿Quo Vadis, socialistas?
El que hoy muchos ex-ministros de la Concertación ejerzan directorios de grandes conglomerados económicos y asociaciones de empresas, es un indicador que la Concertación más que ser una coalición para la transformación social y la igualdad lo era para la recuperación de una democracia limitada y con estabilidad.

El nuevo presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade declaró el 22 de Agosto que “Piñera nos va a facilitar la tarea desde su desprolijidad e incompetencia (…) eso nos va a facilitar mucho la tarea de reconstruir esta mayoría, tenemos liderazgo, tenemos opinión, tenemos historia y tenemos propuestas”.

Por su parte, el destacado ex asesor de la Presidenta Michelle Bachelet, Francisco Díaz también socialista, ha afirmado, al día siguiente del rescate de los 33 mineros, que “el gobierno lo hizo muy bien en este episodio. Y lo más importante es que inspiró confianza y credibilidad (...) Si se mantiene en esta línea, el gobierno repuntará. Ciertamente lo favorecerá el ciclo económico y el Bicentenario. Pero aquí puede haber algo más”.

La pregunta que me formulo es quién tiene la razón, respecto del gobierno de Piñera: ¿Andrade o Díaz?

Creo que los dos cometen el error de subvalorar el proyecto de la “nueva derecha” que pretende hegemonizar Piñera y que a golpe de efectos -pero no aún de resultados-, podría terminar con las ilusiones de recuperar el gobierno el 2014.

Piñera se propone constituir el Ministerio de Desarrollo Social, embarcándose en algo que la Concertación discutía desde 1996 cuando Luis Maira renunció a Mideplan señalando que no tenía peso político en la lucha contra la pobreza. Luego ha anunciado que la planta termoeléctrica de Barrancones no se hará en el Santuario de la Naturaleza de Punta de Choros, cuando la Concertación por presión empresarial y la obsesión del crecimiento autorizó empresas contaminantes (planta Metrogas Peñalolén, Pastera en Santuario Cruces, termoeléctricas varias, etc.); también está capitalizando el salvataje de los 33 mineros.

La dicotomía protección social=progresismo contra superexplotación laboral=derecha, no necesariamente funcionará en ese blanco y negro para facilitar el discurso y el regreso al gobierno.

Parece que hay un cierto pensamiento en la izquierda que se cree depositaria de la “sensibilidad social” y por tanto de las leyes protectoras del trabajo, la salud y la educación pública. Pues bien, Arturo Alessandri y el Código Laboral del ’25 lo impulsó como Liberal; la organización sindical católica la promovió el Padre Hurtado y la Promoción Popular con la ley de sindicalización campesina y de juntas de vecinos, la desarrolló la DC con Frei Montalva.  Sin decir que es una “política social integral”, la propuesta de “Kast padre” de focalizar subsidios en la población hambreada por la política de su dictadura, le permitió al régimen y a la UDI construir un apoyo popular significativo.

Lo que estoy afirmando es algo que Polanyi trabaja mucho mejor en “La Gran Transformación”, donde relata como las leyes sociales de protección a los pobres eran promovidas por los conservadores ya en el siglo XVII. Esto implica que la dicotomía protección social=progresismo contra superexplotación laboral=derecha, no necesariamente funcionará en ese blanco y negro para facilitar el discurso y el regreso al gobierno.

Hay en la derecha claridad que deben impulsar un “neo populismo” que también dio resultados bajo la Concertación, impulsando bonos, ayudas directas y apariencias de soluciones de fondo, pues se ejecutarán con los dineros fiscales para que -pasando por los “más pobres”- vayan a manos del sector privado.  Esto impone un debate sobre la orientación y modos de ejecución de las políticas sociales que se implementaron en estos 20 años y sus diferencias con la actual profundización de la “externalización de los servicios” (privatización) y medición de los resultados. Se debe debatir sobre la desigualdad estructural y los modos estructurales de corregirlas como las tributaciones (a las utilidades, royalties, al territorio, etc.) y las leyes laborales; el rol de los ciudadanos en el acceso a derechos, para no parodiar la política social con una gigantesca oficina pública de ayuda a necesitados; el lugar de la tecnocracia y de la organización social en el diseño e implementación de políticas. En fin, se debe reconocer que las fórmulas del Banco Mundial no son las de un proyecto de izquierda.

Como afirma Díaz en la columna comentada, “Piñera puede llegar a enterrar, para siempre, la ideología del ‘déjennos trabajar tranquilos” que inspiró al empresariado durante tantos años y que –hay que reconocerlo- preocupó en demasía a la Concertación. Es aquí la “madre del cordero”, pues no basta con proponerse hacer nuevas y mejores propuestas, la cuestión central es que la Concertación perdió la confianza (sólo llegó al 29% del electorado) pues, como reconoce Díaz -sin desarrollar esa idea-, se percibe que la derecha económica no se cuidaba sola ni únicamente con los parlamentarios de la UDI-RN. El que hoy  muchos ex-ministros de la Concertación ejerzan directorios de grandes conglomerados económicos y asociaciones de empresas, es un indicador que la Concertación más que ser una coalición para la transformación social y la igualdad lo era para la recuperación de una democracia limitada y con estabilidad.

Ha llegado el tiempo de una coalición para la democratización y la igualdad. En que los referentes de comparación no sean la dictadura y el modelo neoliberal, sino la democracia deseada y el proyecto de desarrollo buscado; no lo menos malo sino lo mejor posible.

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