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El concepto de “terrorismo” y su uso abusivo

por 8 septiembre 2010

El panel de expertos de la ONU que elaboró una definición de terrorismo, que fue incorporada ese año a la agenda del organismo mundial, reforzó una visión ya existente entre muchos especialistas, respecto a la necesidad de “acotar” el uso que se hace de este término, que no constituye cualquier forma de violencia.

La situación que se vive en la Araucanía, con grupos de comuneros mapuches en huelga de hambre, permite recordar nuevamente como se ha hecho abuso de la noción de “terrorismo” a lo largo de la historia humana de los últimos cien años. Ya durante la descolonización, las entonces potencias coloniales acusaban a los movimientos de liberación nacional de ser grupos “terroristas” (el régimen del apartheid calificó durante décadas a Mandela, como el primer terrorista de Sudáfrica). Después, en la época de la Guerra Fría, era frecuente que ambos bloques se acusaran mutuamente de amparar y cometer actos terroristas contra poblaciones o ciudadanos de la otra parte. Así, dependiendo de la óptica ideológica del momento, lo que para unos era ser “terroristas”, para otros se trataba de “luchadores por la libertad” (así calificaba el entonces Presidente Reagan a los “contras” nicaragüenses, que ponían minas en los puertos con ayuda de la CIA).

El fin de la bipolaridad global, y los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, han permitido sin embargo, un avance importante en el tratamiento del tema, alejándolo de las definiciones más ideológicas y partidistas que imperaron en el pasado. Ya en los días posteriores a los atentados a las “Torres Gemelas”, el Consejo de Seguridad de la ONU en su resolución 1373, por unanimidad condenó al terrorismo como una amenaza a la paz y seguridad internacional. Posteriormente, la resolución 1617 del Consejo, del año 2005, profundiza su rechazo al terrorismo al condenarlo “en todas sus formas y manifestaciones”, agregando que los actos terroristas “son criminales e injustificables cualquiera sea su motivación, y donde quiera o por quien quiera sean cometidos”.

El panel de expertos de la ONU que elaboró una definición de terrorismo, que fue incorporada ese año a la agenda del organismo mundial, reforzó una visión ya existente entre muchos especialistas, respecto a la necesidad de “acotar” el uso que se hace de este término, que no constituye cualquier forma de violencia.

La Cumbre Mundial de líderes que tuvo lugar en Nueva York en el 2005, hizo suya también esta última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora bien, es importante señalar que el panel de expertos de la ONU que elaboró una definición de terrorismo, que fue incorporada ese año a la agenda del organismo mundial, reforzó una visión ya existente entre muchos especialistas, respecto a la necesidad de “acotar” el uso que se hace de este término, que no constituye cualquier forma de violencia, sino una cuya particularidad es inflingir daño grave a “civiles indefensos y desarmados”, con el propósito de intimidar, inducir o inhibir ciertas conductas. Dice en este sentido el panel de expertos, que terrorismo es un acto que se propone “causar la muerte o daño corporal serio, a civiles o no combatientes, con el propósito de intimidar a una población”. Aquí, el elemento central de la definición entonces, es la acción sistemática para atentar de manera grave contra civiles desarmados.

En ninguna parte, y tampoco en otras definiciones usadas por expertos reconocidos, se incluye en la definición de acto terrorista, los atentados a las fuerzas militares o de seguridad, la destrucción de la propiedad, o los actos incendiarios. Ahora, por cierto que en democracia, estos constituyen actos ilícitos que los Estados penalizan, pero en la literatura y en las principales resoluciones internacionales sobre la materia, no son tipificados como terrorismo, y no deberían serlo tampoco en nuestro país, que aspira a ser parte del mundo democrático desarrollado.

En la Araucanía no hay base para sostener que hay una actividad terrorista organizada, y si se mira con un mínimo de objetividad, los únicos muertos hasta ahora en ese conflicto, han sido comuneros mapuches que se han enfrentado a las fuerzas de seguridad. Usar la tipificación del “terrorismo” para abordar un problema que ya se arrastra por dos siglos con nuestro principal “pueblo originario” (esto es, la falta de reconocimiento histórico e integral del Estado chileno a los derechos de las minorías étnicas) no hará sino agravar más la conflictividad que existe en esa zona, y pondrá también en cuestión nuestras credenciales internacionales como país responsable que reafirma los derechos de toda su población, incluyendo la de sus habitantes ancestrales (además, ahora que ya ratificamos el convenio 169 de la OIT, Chile deberá demostrar que cumple con sus compromisos internacionales). Nuestros “apologistas” de la apertura global al mundo (que por cierto ha tenido muchas cosas buenas) debiesen tomar nota entonces, que las responsabilidades globales también incluyen cumplir ciertos estándares en temas que trascienden lo económico, pero que finalmente dañarán la imagen de nuestro país si no actuamos a tiempo.

Y si admiran tanto a países como Australia, Canadá o Nueva Zelanda (la senda que queremos seguir), bueno, que vean también cuán rezagados estamos frente a estos países en materia de trato a los pueblos originarios. Y es que en el mundo global de hoy, no hay “free ride” (cono dicen en inglés), o ponemos la casa en orden (en un sentido democrático, reconociendo la condición multiétnica de nuestra sociedad, y todo lo que ello implica) o simplemente no llegaremos a tener las credenciales de ser un país desarrollado, pero también respetado en el mundo.

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