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El crimen de Guzmán y la Transición

por 9 septiembre 2010

 El crimen de Guzmán y la Transición
Un Frente Manuel Rodríguez descompuesto moralmente, derrotado política y militarmente, dividido, aislado de la sociedad civil quiso, con este crimen atroz, desestabilizar el inicio de la transición democrática en Chile y liquidar al interlocutor con mayor peso y poder que tenía la Concertación en la derecha. Por eso fue asesinado Jaime Guzmán.

El asesinato de Jaime Guzmán fue decidido y perpetrado, casi como la última y desesperada acción subversiva, por un Frente Manuel Rodríguez descompuesto moralmente, derrotado política y militarmente, dividido, aislado de la sociedad civil y que quiso, con este crimen atroz, desestabilizar el inicio de la transición democrática en Chile y liquidar al  interlocutor con mayor peso y poder que tenía la Concertación en la derecha. Por eso fue asesinado Jaime Guzmán, porque en la mente afiebrada de los “comandantes” del Frente con esta acción terrorista extrema se trataba de “agudizar las contradicciones” y provocar una reacción del pinochetismo, que controlaba los mandos de FF.AA. en aquel momento, para colocar en cuestión la apertura democrática en el país y recolocar como vigente un eventual conflicto armado.

De allí que suponer que el Gobierno del Presidente Aylwin sabía de este intento de asesinar al líder la de la UDI es una ulterior maniobra de una mente terrorista, como la de Mauricio Hernández Norambuena, que busca obtener beneficios de acortamiento de su condena en Chile, eludir las duras condiciones carcelarias existentes en Brasil, abrir un conflicto duro entre las fuerzas políticas de gobierno y oposición y reinstalar la memoria del grupo terrorista en nuestro país.

No hay que olvidar que el crimen de las Brigadas Rojas contra Aldo Moro, para impedir el compromiso histórico entre la DC y el PC italiano -se ha descubierto años después-, fue inducido por la CIA.

A nadie, y menos que a nadie al Gobierno del Presidente Aylwin, le servía un atentado terrorista que acabara con la vida del principal dirigente opositor y no puede haber duda alguna que de haberse tenido la información se habrían adoptado todas las medidas de seguridad para impedirlo, por la vida del Senador Guzmán y por el desarrollo del propio proceso democrático.

De igual manera las declaraciones del ex ministro de Pinochet, Francisco Javier Cuadra, son parte del mismo intento por deteriorar las relaciones políticas en el país dado que para todo el mundo es claro que si el Ejército hubiera advertido a Cuadra de la decisión del Frente Manuel Rodríguez de asesinar al Senador Guzmán es totalmente imposible que no lo hubiera hecho con los máximos dirigentes de la UDI con la cual la cúpula militar de la época mantenía una estrecha relación. Es claro que los dirigentes de la UDI no lo sabían y, por tanto, la versión de Cuadra es una ulterior maniobra distractiva y un esfuerzo autoreferente, casi esquizofrénico, por colocar en órbita a los viejos poderes fácticos.

Porque, si fuera cierto lo que Cuadra dice entonces estaríamos frente a un cuadro que adquiere otros ribetes y que la justicia también debe investigar para saber si esos sectores de las FF.AA. que supuestamente conocían de la decisión del Frente Manuel Rodríguez de asesinar al Senador Guzmán ¿ por qué no hicieron nada para impedirlo?, ¿por qué no advirtieron al Gobierno y a los dirigentes de la UDI?, o se trataba de una operación inductiva hacia el terrorismo como muchas veces ha ocurrido en la historia. Son interrogantes que se abren si el mundo político valida las declaraciones de Cuadra. No hay que olvidar que el crimen de las Brigadas Rojas contra Aldo Moro, para impedir el compromiso histórico entre la DC y el PC italiano -se ha descubierto años después-, fue inducido por la CIA.

Los nuevos antecedentes aportados por Norambuena y por Cuadra deben ser investigados a fondo por la justicia y hay que apoyar, como bien lo ha hecho la Concertación, la reapertura de la investigación judicial, solicitada por la familia y por la UDI, para el total esclarecimiento del crimen terrorista del Senador Jaime Guzmán y también la traída a Chile de quienes lo perpetraron.

Pero, a la vez, las fuerzas políticas deben actuar con madurez, comprendiendo que estas “confesiones” provienen de un terrorista profesional involucrado también en graves acciones delictuales a nivel internacional y de un verdadero mitómano de la política, ambos jugando su rol en un submundo turbio de los poderes ocultos, y que ellas se formulan 19 años después de los hechos para crear un clima de rencillas políticas e intentar retrotraer la mirada, justo en el Bicentenario de la República, hacia el pasado.

Es sugestivo que en este momento en que gobierna la derecha y en particular el Presidente Piñera, Cuadra, que al igual que Norambuena no ama precisamente la democracia, entregue una información de esta gravedad que involucra a las FF..AA. de la época en el conocimiento y ocultamiento de los hechos y no lo hizo durante todos estos años. ¿Por  qué ahora? ¿Quiere hacer retroceder al actual gobierno y a la oposición a un clima de enfrentamiento?  ¿Quiere debilitar la imagen de las FF.AA. cuando ellas están plenamente insertas en un Estado de Derecho? Son interrogantes que los dirigentes de los partidos de gobierno y de la Concertación deben plantearse para evitar manipulaciones de personajes que paradojalmente reaparecen a pocos días del Bicentenario. Hay que dejar, con el más decidido apoyo político de todos los sectores, que la justicia se encargue de esclarecer estos hechos y la totalidad de las responsabilidades en el asesinato del Senador Jaime Guzmán.

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