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El Bicentenario y la cuestión nacional

por 15 septiembre 2010

Ellos reclaman no ser tratados como terroristas, en una ley ambigua y discrecional, pero el tema de fondo es la cuestión nacional.

Las reivindicaciones mapuche no son de izquierda ni de derecha. Es más, la mayoría mapuche de la Región de la Araucanía tiene más simpatías por la derecha en las elecciones. Pero, los derechos le corresponden en tanto pueblos originarios y es ahí donde la izquierda debe asumir sus responsabilidades, y sin cálculos, debiera promover la reconfiguración del Estado chileno, como Estado plurinacional y multicultural.

Hace 100 años la cuestión nacional no estaba en el debate. Policarpo Toro había tomado posesión de Rapa Nui, cambiándole de nombre, sin aparentes conflictos; los pueblos Sel’knam, Yámanas y Kawashkar estaban siendo exterminados por la “colonización civilizatoria” y la expansión del Estado; y el pueblo mapuche se encontraba en los finales de su proceso reduccional, luego de ser derrotado por el Ejército chileno. El Estado le había dejado 500 mil hectáreas de las más pobres, luego de ser expropiado sin pago de las 10.000.000 de hectáreas que poseía hasta 1850.

Hoy, a pocos días del Bicentenario la cuestión nacional ha vuelto a la discusión. Ha sido puesta por la huelga de hambre de los 34 comuneros mapuche. Ellos reclaman no ser tratados como terroristas, en una ley ambigua y discrecional, pero el tema de fondo es la cuestión nacional.

Ellos reclaman no ser tratados como terroristas, en una ley ambigua y discrecional, pero el tema de fondo es la cuestión nacional.

Chile se configuró, luego de las luchas entre Freire y Pinto, federales y conservadores, como un Estado centralista, con hegemonía de los grandes comerciantes con vínculos en el extranjero y que tomaban la ley de acuerdo a su conveniencia (“De mí se decirle que con ley o sin ella, esa señora que llaman la Constitución, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas”, escribió Portales, cuya receta se aplicó el ’73 y hoy se puede agregar que también se hace cuando lo aconsejan las encuestas).

El punto es que la huelga de hambre de los comuneros mapuche en plena conmemoración del Bicentenario explicita que Chile es un país en construcción y que la idea de ser una Nación, una lengua, una cultura, de habitantes relativamente homogéneos está debilitándose aceleradamente. Cuando un panelista de TV, de posiciones derechistas, enarbola la bandera mapuche y dice que le merece respeto y a reglón seguido señala que al pueblo mapuche le faltan oportunidades de integración, no queda otra cosa que pensar que está llegando tarde al debate.

Si en la década del ’70, el discurso de la izquierda clasista era de integración de los mapuche en tanto pobres del campo, hoy no hay posibilidad de integración si no es replanteando el tema del Estado. Respeto cultural es más que ser tolerantes a la diferencia en la vestimenta o tratar bien a un semejante, es considerar que la diferencia existe, que tiene derecho a existir y desarrollarse, y a tener un trato igualitario. Es respetar la expresión pública de sus creencias, reconocerle legitimidad y por tanto dejar de verlas como un “producto turístico” que puede atraer divisas.

Las reivindicaciones mapuche no son de izquierda ni de derecha. Es más, la mayoría mapuche de la Región de la Araucanía tiene más simpatías por la derecha en las elecciones. Pero, los derechos le corresponden en tanto pueblos originarios y es ahí donde la izquierda debe asumir sus responsabilidades, y sin cálculos, debiera promover la reconfiguración del Estado chileno, como Estado plurinacional y multicultural, descentralizado y respetuoso de los derechos de todos sus ciudadanos.

Lo anterior implicaría no sólo una ampliación de la democracia y las libertades para los mapuche, sino también para los habitantes de todas las Regiones, que ven como un Estado centralista le arrebata recursos para su bienestar. Y también significaría apelar a un nuevo tipo de desarrollo, en donde la inversión pública y privada tendría que tomar en consideración los impactos ambientales y culturales sobre los territorios y habitantes, haciendo efectiva la responsabilidad social empresarial e impidiéndose así que ello se defina en el reducido círculo de familias que controlan el país.

Si queremos ser un solo Estado, debemos reconocer que pueden existir dentro de éste más de una nacionalidad. Si queremos paz social debe respetarse el derecho a existir del otro en su diferencia, respetando las normas comúnmente aceptadas y donde el derecho internacional –como el Convenio 169 de la OIT- orienta adecuadamente.

Pero la lucha que dan estos mapuche también está cambiando la forma de hacer política, por lo que se hace significativo para el futuro. Cuatro parlamentarios que se han declarado en Huelga de Hambre en solidaridad con ellos, y que cuenta con el apoyo de sus directivas partidarias, lo que era impensable hace un año atrás; el gobierno de derecha –UDI incluida- reformula la “Ley Antiterrorista” que antaño exigía se aplicara  por todos los medios sorprende; la autocrítica de Carolina Tohá por haber aplicado esa ley en el gobierno anterior es una novedad. Pueda ser que esto sirva de lección para que la izquierda y el progresismo tome en sus manos y sea coherente en los temas decisivos para el Chile del futuro, como son los derechos laborales, de los ciudadanos, de los pueblos, del medio ambiente y el desarrollo sustentable.

Los huelguistas mapuches ya han vencido. El Bicentenario deja el estigma de que aún no se ha saldado la deuda histórica, que se generó luego del proceso independentista.

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