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El Presupuesto y su ejecución: un test de eficiencia al gobierno

por 5 octubre 2010

En último término, lo que impacta en la vida de los “beneficiarios”, en el tipo de cambio, en el empleo y en todas las demás variables macroeconómicas no es el anuncio de un marco presupuestario, sino el ritmo real de gasto en cada una de las partidas.

Con el anuncio de las grandes cifras relativas al Presupuesto de la Nación para el año 2011, el Gobierno ha producido un nuevo hito comunicacional para entregar señales de que el país vive un período de despegue económico cuyos frutos serán fuertemente canalizados al progreso social. Más allá de la fuerza que le pueda haber quitado la inmediatamente posterior transmisión de imágenes en directo de la crisis que afectó a Ecuador, el Gobierno volvió a crear un clima parecido al del discurso del 21 mayo, insistiendo en una agenda que conjuga crecimiento económico, creación de empleo y gasto social. Esta vez, la idea se refuerza con el mensaje de que dicha agenda no sólo es posible, sino que está financiada y programada.

Las declaraciones, en los días previos, de personeros de Libertad y Desarrollo y de medios empresariales, pidiendo al Presidente que le “diera más espacio al sector privado” y señalando temores por la caída del tipo de cambio, habían generado expectativas de un gasto fiscal 2011 “más restrictivo”.

En último término, lo que impacta en la vida de los “beneficiarios”, en el tipo de cambio, en el empleo y en todas las demás variables macroeconómicas no es el anuncio de un marco presupuestario, sino el ritmo real de gasto en cada una de las partidas.

Lo cierto es que se ha anunciado un presupuesto fuertemente expansivo, con énfasis en el gasto social. El discurso presidencial agregó, además, la prioridad dada a la seguridad y a medidas “pro empleo”.

Más allá de los consabidos rituales en que la oposición “tiene” que salir a criticar el proyecto presentado por el oficialismo, en voz baja muchos profesionales pro concertación reconocen que es muy parecido a lo que ellos habrían propuesto.  Las posteriores señales dadas por el Presidente, en relación a su flexibilidad para llegar a acuerdos con la oposición en materias tales como el royalty, refuerzan la imagen de un Gobierno que toma distancia de las posturas tradicionales de la derecha más “dura”.

Sin embargo, para analizar el impacto real del gasto fiscal sobre la economía es necesario estar atentos a la ejecución presupuestaria. En último término, lo que impacta en la vida de los “beneficiarios”, en el tipo de cambio, en el empleo y en todas las demás variables macroeconómicas no es el anuncio de un marco presupuestario, sino el ritmo real de gasto en cada una de las partidas.

Si uno observa las cifras de ejecución presupuestaria, al finalizar el primer semestre, de los ocho ministerios de mayor presupuesto (que en conjunto explican el 80% del gasto total), salta a la vista que sólo uno de ellos tiene una ejecución presupuestaria mayor a la que existía a igual fecha del año 2009. El del Trabajo es el único de estos Ministerios que está gastando los recursos de manera más dinámica en comparación al año anterior. En el otro extremo, resalta el caso del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, que en junio había gastado el 22% del presupuesto, a diferencia del año 2009 en que, a igual fecha, ya se había ejecutado el 52%.

VELOCIDAD EN LA EJECUCIÓN PRESUPUESTARIA DE LOS MINISTERIOS CON MAYORES RECURSOS (miles de pesos)

2010

2009

% ejec trimestre 2 2010

% ejec trimestre 2 2009

Ministerio

Presupuesto Vigente

Ejecución Acumulada al Segundo Trimestre

Presupuesto Vigente

Ejecución Acumulada al Segundo Trimestre

Trabajo

5.388.961.148

2.804.139.827

5.264.643.209

2.545.681.411

52%

48%

Educación

4.947.043.920

2.196.598.297

4.274.369.258

1.962.893.738

44%

46%

Salud

3.426.705.474

1.798.218.054

3.035.038.901

1.655.861.787

52%

55%

Defensa

1.846.899.076

919.990.903

1.587.729.359

804.602.751

50%

51%

OOPP

1.530.692.854

672.096.789

1.631.654.608

813.014.920

44%

50%

Economía

1.469.326.141

324.953.068

1.557.850.829

802.850.346

22%

52%

Vivienda

1.290.162.347

652.011.767

1.153.990.334

650.185.573

51%

56%

Interior

1.058.237.610

458.102.372

1.030.806.158

471.253.736

43%

46%

Fuente: DIPRES

Probablemente es en las cifras de ejecución presupuestaria que observaremos a partir del tercer trimestre donde se verán mejor reflejadas las opciones, la disciplina y la capacidad de gestión del Gobierno en este ámbito, dado que en los dos anteriores se puede manifestar una mayor “inercia” en relación a los tiempos y mecanismos de la administración anterior, como también los ajustes (y desajustes) propios de una etapa de instalación y recambio de equipos profesionales marcada por las tareas de emergencia surgidas del terremoto.

Al finalizar el año, no existirán buenas excusas para explicar eventuales rezagos en la ejecución del presupuesto actualmente vigente, en  especial en lo que se refiere a las tareas de reconstrucción y de socorro a las familias más afectadas.

Complementariamente, mantener un buen ritmo de ejecución del gasto constituye una variable fundamental para sostener el actual ritmo de crecimiento, dado el cuadro de incertidumbre que aún impera a nivel económico internacional, que inhibe un despegue más dinámico de nuestras exportaciones.

Por otra parte, si la ejecución presupuestaria es lenta, se corre el riesgo de sacrificar el uso eficiente de los recursos debido a la presión por “gastar rápido” en los últimos meses del año. Grandes montos distribuidos en períodos muy ajustados, suele ser una combinación peligrosa, que atenta contra la necesaria transparencia, capacidad de control y diversificación de proveedores.

Además, una  excesiva lentitud  en el ritmo de gasto puede llevar a que el año termine con “saldos” voluminosos en la cuentas y que éstos no sean, en los hechos, íntegramente traspasados al año siguiente. Esto significaría que el “ritmo real” de gasto fiscal estaría disociado del marco presupuestario aprobado por el parlamento.

Luego de la reiteración presidencial de una agenda fiscal ambiciosa y del anuncio de su soporte financiero, los equipos de gobierno están sometidos a un fuerte test de eficiencia, en el que “la nueva forma de gobernar” quedará particularmente expuesta al escrutinio de la opinión pública.

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