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Es el tiempo de la ciudadanía

por 5 octubre 2010

Creo que nuestro desafío no está en reafirmarnos como coalición política recordando un pasado en que la fuerza ciudadana nos impulsó a cambiar la cara del país, sino en reconocer que hoy formamos una clase política a la que los mismos ciudadanos dijeron NO este 17 de enero, porque no logramos sintonizar sus nuevas prioridades. Porque dejamos de vivir y sentir la política como una verdadera herramienta de movilización social.
La molestia, expresada por la ciudadanía, no tiene que ver, a mi juicio, con la falta de avances sociales, sino con habernos encerrado a planear esas políticas públicas exitosas en nuestras oficinas y haberlos olvidado a ellos. Durante años nos han reclamado mayor participación, más democracia no sólo en los propios partidos, sino que también en la Concertación como conjunto. Algún dirigente político por ahí decía que habíamos “cuoteado” hasta los juniors en el Estado. Así, nos olvidamos de la calle, del sentido de urgencia de la política, de poner siempre el poder al servicio de la gente. En el afán de buscar el mejor cómo hacer gobierno, nos olvidamos para qué era el gobierno.
Sería fácil y hasta más grato escribir estas líneas enumerando nuestros logros a lo largo de 20 años de gobierno. Porque fueron fundamentales para el país. Pero estos son los momentos en que debemos decirnos un par de cosas a la cara. Y no desde afuera, ni pensando arrancar de este proyecto político que se llama Concertación. Lo hago desde mi puesto de alcalde de una comuna popular y desde mi puesto de vicepresidente de la DC.
Muchos podrán decir que redactamos columnas mirándonos el ombligo. Yo lo hago simplemente porque tengo la convicción que aún es tiempo de invitar a otros a participar en nuevos sueños. Y volver a ejercer el trabajo político desde nuestras y poblaciones, codo a codo con los más humildes, conociendo los dolores de un pueblo al que luego podremos volver a servir mejor. Es posible asumir los errores, rectificarlos y recuperar esa base social que hoy está desperdigada. Es posible ponernos al servicio de nuevas y mejores organizaciones, abrir las puertas a la participación y construir juntos el puente para que se cumplan los sueños y anhelos y no ser nosotros, sino ellos, los protagonistas.  Este no es el tiempo en que los partidos ocupan el centro. Ni tampoco nuestra colación. Este es el tiempo en que la ciudadanía debe liderar nuevas batallas y nosotros, los políticos, ponernos el servicios de ellas sin robarles la cámara.
Hace 22 años la exclusión política era el eje de acción. Hoy la exclusión social es el tema fundamental. La urgencia son los discriminados, los que aún están al margen de nuestro desarrollo. Especialmente los jóvenes a los que no hemos logrado incluir ni encantar.
Por eso, hay que dejar de apostar a que nuestro futuro está en un eventual fracaso de Piñera. Ser capaces de decir que no, cuando creemos que estén equivocados. Pero también, como muy pocas veces ellos lo hicieron en la oposición, dar el ejemplo y colaborar cada vez que tengamos la convicción de que lo que se promete (y se cumple) va en beneficio del país.
Estoy seguro que pronto habrá motivo para celebrar cuando divisemos un nuevo sueño ciudadano y, con ellos, ponernos al servicio de la gente.
Claudio Orrego

Vicepresidente de la Democracia Cristiana

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