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Ideología pura

por 11 octubre 2010

El 99% de los estudiantes chilenos no entrará a estos colegios, porque no tienen talento, son desmotivados y apenas se esfuerzan. Así, el ministro de Educación pone énfasis en las aptitudes individuales y desconoce el peso de la estructura social en la vida de las personas menos privilegiadas de la sociedad.

Los analistas políticos señalan que la distinción derecha-izquierda tiene un impacto limitado en el votante y que ya no es determinante para una elección. Sin embargo, en la administración del poder, la ideología sigue funcionando como un eje orientador por más que muchos intenten justificar sus decisiones en la “técnica”, disfrazando de tecnocracia la política.

En ese sentido, algunos pensaron que la Presidencia de Sebastián Piñera fundaría una derecha más liberal y pragmática. No obstante, las doctrinas conservadoras y neoliberales se mantienen en la definición de las políticas públicas, vinculadas especialmente a temas valóricos y sociales.

A las declaraciones de la directora de la Junji sobre el rol de una “buena madre”, se sumaron un instructivo de la Intendencia de Coquimbo sobre el uso de faldas y un documento del Sernam que recomendaba la virginidad hasta el matrimonio. Todas estas situaciones fueron rápidamente “aclaradas” por el gobierno, haciéndonos creer que se trataban de detalles anecdóticos, pero en realidad expresan claramente la ideología que se anida hoy en varias reparticiones públicas.

El 99% de los estudiantes chilenos no entrará a estos colegios, porque no tienen talento, son desmotivados y apenas se esfuerzan. Así, el ministro de Educación pone énfasis en las aptitudes individuales y desconoce el peso de la estructura social en la vida de las personas menos privilegiadas de la sociedad.

Y las últimas iniciativas en materia de educación confirman que las constelaciones valóricas de la derecha más ortodoxa siguen operando. Primero se anunció una reforma al sistema universitario que intenta debilitar a las universidades públicas. Luego se introdujo como novedad el envío a los apoderados del semáforo Simce. Y hace poco se pusieron en marcha los primeros 25 liceos de excelencia, para alcanzar la meta de los 50 que prometió Piñera durante la campaña.

Diversos especialistas coinciden en que estas medidas solo aumentarán la selectividad y competencia en el sistema educacional, como si se tratara de un servicio más en el mercado. Sin embargo, esta concepción de la educación ha sido ineficiente en la superación de las desigualdades de origen y no ha inyectado más calidad. Por el contrario, aplicando estas recetas económicas a la educación solo se ha construido uno de los sistemas más segregados del mundo.

Con suerte, el 1 ó 2% de los estudiantes chilenos podrá acceder a los liceos de excelencia, mientras que el resto deambulará entre pésimas y precarias escuelas, recibiendo una formación deficiente y cargará con el estigma (esa condición que impide la completa aceptación social) de no ser parte de los “excelentes”.

Ya lo dijo Joaquín Lavín cuando justificó la creación de estos colegios en una columna en La Tercera: “los liceos de excelencia son la vía rápida a la movilidad social para los jóvenes más motivados, talentosos y esforzados…” (La Tercera, 16 de septiembre de 2010). Es decir, el 99% de los estudiantes chilenos no entrará a estos colegios, porque no tienen talento, son desmotivados y apenas se esfuerzan. Así, el ministro de Educación pone énfasis en las aptitudes individuales y desconoce el peso de la estructura social en la vida de las personas menos privilegiadas de la sociedad.

Con esto, el Estado se libera de responsabilidad y achaca las culpas a los padres y a los propios estudiantes. Esta es la misma línea de pensamiento que orientó a los críticos del Estado de bienestar europeo durante los años ‘70 y ’80. Esta visión -conocida como la “Nueva Derecha”, según Will Kymlicka y Wayne Norman - concibe al ciudadano como un mero cliente de servicios provistos por el aparato burocrático.

Al parecer quienes nos hablaban de la “nueva derecha” chilena durante las elecciones se estaban refiriendo a esa concepción política y no a una más liberal y pragmática, que incluso algunos llamaron -ingenuamente- el Piñerismo.

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